7-2-2012
Más allá de las declaraciones atribuidas al Secretario de Defensa de los Estados Unidos, Leon Panetta, -no del todo desmentidas-, el analista Franco Venturini enumera cinco motivos para dar credibilidad a los trascendidos sobre una ofensiva militar israelí destinada a frenar la posibilidad de que Irán se convierta en potencia militar atómica.
En primer lugar, varios servicios de información occidentales coinciden en sostener que Irán ha hecho progresos importantes en materia de enriquecimiento de uranio a la vez que las conversaciones con los inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) no son satisfactorias. Sobre el tiempo que le falta al programa iraní para poder producir la bomba, las opiniones divergen -seis meses, un año- pero el temor de Israel sería que el material necesario para ello sea puesto a resguardo por Irán en sitios difíciles de atacar.
El segundo factor es la poca confianza en la eficacia de las sanciones económicas contra Irán. Algunas de ellas no tendrán efecto sino dentro de unos meses. Además, es difícil creer que China renunciará al petróleo iraní, considerando la gran necesidad que tiene de ese combustible.
En tercer lugar, las amenazas formuladas por Irán de cerrar el Estrecho de Ormuz ofrecen a quien quiera usarlo el campo propicio para generar un incidente que justifique una posterior intervención militar. No es la primera vez, recuerda Venturini, que el régimen iraní formula amenazas que lo aíslan internacionalmente, como por ejemplo, la de que Israel debe dejar de existir.
«Los Estados Unidos se oponen a un ataque unilateral israelí que tendría consecuencias imprevisibles. Pero Barack Obama está en campaña electoral (y) ningún candidato presidencial norteamericano querrá quedarse cruzado de brazos si Israel decidiese la ofensiva y padeciese alguna represalia iraní». En estos términos describe Venturini el cuarto factor por el cual sugiere tomar en serio las amenazas israelíes. Habría una «ventana de tiempo» durante la cual esa oposición estadounidense a una intervención armada -recientemente confirmada por Obama- podría ser contrarrestada: los meses inmediatamente anteriores a las elecciones presidenciales de noviembre próximo en los Estados Unidos.
Finalmente, como quinto factor se cita el hecho de que, para la dirigencia de Israel, la única garantía válida de seguridad es conservar el monopolio de la fuerza nuclear en la región.
Hasta ahí, las razones que aumentarían la probabilidad de que efectivamente Israel desate una operación destinada a frenar la carrera atómica de su principal enemigo.
En cuanto a las consecuencias negativas que tendría tal iniciativa y que deberían actuar como disuasivos, las mismas son conocidas. Desde los desequilibrios geoestratégicos que provocaría en la zona hasta el agravamiento de la crisis económica en los países centrales por un alza del precio del petróleo, pasando por el abroquelamiento de todas las corrientes internas iraníes -hoy divididas-, revueltas antioccidentales en países «amigos» como Arabia Saudita, una mayor desestabilización en Irak y Afganistán y posibles represalias terroristas en el mundo.
Qué platillo pesará más en la balanza es la incógnita no develada aún. Aunque este artículo apuesta a la contundencia de los primeros cinco factores. (Corriere della Sera – Infobae)
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08/Feb/2012
Radio Jai