¿Otra guerra?

02/Feb/2012

El Observador, Eduardo Espina

¿Otra guerra?

2-2-2012
THE SÓTANO
EDUARDO ESPINA EDUARDOESPINA2003@YAHOO.COM
De entre todos los altos funcionarios que estaban asesorando a Barack Obama respecto a si llevar adelante o no el ataque a la casa donde supuestamente estaba Osama bin Laden, el ahora secretario de Defensa estadounidense, Leon Panetta, fue el único de todos ellos que no tenía duda y desde que se tomó conocimiento de la situación estuvo a favor de llevar a cabo la operación, aunque hubiera preocupación respecto a la presencia del terrorista en el lugar que iba a ser atacado. Desde entonces, la imagen del veterano funcionario, quien trabajó en el gobierno de Bill Clinton, ha crecido y es hoy uno de los integrantes esenciales de la administración Obama.
Ahora, esto es, el domingo pasado, Panetta indicó que su país no tolerará la expansión nuclear de Irán y que impedirá por todos los medios que el gobierno del impresentable Mahmoud Ahmadineyad desarrolle una bomba nuclear: «Daremos todos los pasos que sean necesarios para detener eso y ninguna opción quedará fuera».
Considerando que difícilmente Ahmadineyad vaya a dar marcha atrás, todo hace pensar que una nueva guerra podría estar en ciernes, una que paralizaría el mundo, pues un enfrentamiento bélico en esa zona traería gravísimas consecuencias para el transporte del petróleo proveniente de países de Medio Oriente. Además, ¿cuál sería la posición de China, saldría en defensa del país de donde viene parte del crudo que alimenta la gigantesca maquinaria de su país? Rusia tampoco permanecería neutral.
Europa podría quedar fracturada pues algunos países decidirían permanecer fuera del conflicto.
Semejante escenario sería catastrófico en varios sentidos, en primer lugar porque situaría al mundo nuevamente ante la amenaza de una guerra nuclear, esta vez con peores consecuencias a las que fueron imaginadas durante la guerra fría.
Años atrás Ahmadineyad dejó en claro que desea «hacer desaparecer a Israel del mapa». Con todas las advertencias que se le han hecho, el líder iraní sigue en la misma peligrosa tesitura, acortando cada vez más las opciones que pueda haber en caso de que quiera cumplir con su plan suicida.