17-1-2012 El domingo se realizó en el Hotel Conrad de Punta del Este la Conferencia de Amigos de la Universidad de Tel Aviv en Argentina, Brasil y Uruguay. Los expositores fueron el exembajador de Israel en Estados Unidos, Itamar Rabinovich, el escritor argentino Marcos Aguinis, y el expresidente Luis Alberto Lacalle. Los tres reflexionaron sobre «Certezas e incertidumbres en un mundo de cambio», «La primavera árabe: repercusión regional e internacional» y «Los valores en épocas de crisis».
Marcelo Gallardo
Los ruidos de la guerra en Medio Oriente se escuchan hasta en Punta del Este. «Si vis pacen, para bellum», respondió el exembajador israelí en Estados Unidos, Itamar Rabinovich, en una entrevista concedida a El País. Rabinovich dijo que el acercamiento del gobierno uruguayo a Irán causó mucha decepción en su país e invitó a la senadora Lucía Topolansky a conocer el trato que el régimen iraní le da a las mujeres. Rabinovich participó el pasado domingo de una conferencia junto al expresidente Luis Alberto Lacalle y al escritor argentino Marcos Aguinis, efectuada en el Hotel Conrad. En reuniones celebradas con integrantes de la comunidad judía de la región, Rabinovich se mostró muy preocupado por la explosiva situación política que vive la región del Medio Oriente.
-El presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, acaba de finalizar una gira por algunos países de América Latina (Cuba, Venezuela, Educador y Nicaragua). ¿Qué lectura hace de esta visita?
-Irán es un país muy solitario. Tiene muchos enemigos en el Medio Oriente. Europa Occidental está totalmente movilizada contra Irán. Lo mismo ocurre con Estados Unidos. Rusia y China se han manifestado en contra de aplicar sanciones contra el régimen iraní pero de todas formas es muy difícil que pueda decirse que son amigos de Irán. Por estas razones, el régimen de Irán busca amigos en cualquier parte del mundo. La relación con (Hugo) Chávez es antigua. El surgimiento de regímenes radicales como el de Chávez despertó en Irán la esperanza de poder encontrar aliados en alguna parte del mundo.
-¿Para usted cuál fue el punto más importante de esta gira de Ahmadinejad por América Latina?
-El hecho más importante es que Ahmadinejad no llegó a Brasil, un país que tiene un peso importante en el sistema internacional. En el pasado Brasil y Turquía votaron en contra de aplicar sanciones contra Irán. Los iraníes tenían muchas expectativas de que Ahmadinejad sería muy bien recibido en Brasil. Como esto no ocurrió, para ellos fue un fracaso.
-Analistas consideran que la visita de Ahmadinejad a América Latina fue un insumo para la interna de su país al mostrarse recibido por presidentes latinoamericanos. Una forma de mejorar su imagen en Irán, golpeada, entre otros aspectos por su mala relación con el líder supremo religioso, el ayatolá Alí Jamenei. ¿Usted lo considera así?
-Cuando hay conflictos en sistemas como el iraní, todo acto de este tipo tiene una relación directa con esos enfrentamientos. Si él busca lograr apoyos en América Latina para su lucha interna no podrá influir porque no son reales y son muy pequeños. En el mejor de los casos una visita exitosa podría mejorar un poco su imagen interna pero no mucho más. Países como Venezuela o Bolivia no tienen ninguna fuerza en la lucha interna en Irán.
-En los últimos tiempos otros países del continente, caso Uruguay, se han acercado al régimen iraní. ¿Cómo cayó en Israel la profundización de las relaciones entre Uruguay e Irán?
-A nosotros nos lastimó muchísimo lo que pasó. Uruguay es considerado en Israel como un país muy amigo. Tenemos muchos amigos en Uruguay como el expresidente Lacalle. Desde el punto de vista de Israel lo ocurrido con Uruguay constituyó una decepción muy grande. Un país que se dice liberal, ¿cómo puede apoyar a un gobierno que hace lo que hace con su población de forma tan brutal? Le preguntaría a la señora esposa del presidente uruguayo cómo ve el trato del régimen iraní con sus ciudadanas mujeres.
-El Frente Amplio bloqueó en el Parlamento una condena a Irán por negar el Holocausto. ¿Está al tanto de esto?
-Otra decepción muy grande. Hay asuntos, universales y cósmicos, que no tienen que ser parte de la discusión política sino de cuestiones éticas y morales.
-En los próximos días el jefe de la junta de jefes de estado mayor de Estados Unidos, general Marc Dempsey, será enviado a Israel, según dice la prensa estadounidense, con la misión de parar el ataque contra Irán. ¿Puede comentar esta información?
-Es cierto que Estados Unidos tiene algún temor por un eventual ataque de Israel a Irán. Estados Unidos todavía cree que a través de sanciones económicas o de actos sigilosos se puede evitar, o por lo menos postergar, que Irán acceda al poderío atómico. Tampoco los americanos niegan la posibilidad de que sean ellos los que, finalmente, usen la fuerza. Ellos mismos han dicho que todas las posibilidades están abiertas arriba de la mesa. Los americanos dicen que una acción israelí lograría «éxitos muy limitados». Pero el precio sería el mismo como si fuera un ataque norteamericano. El gobierno israelí tiene plena conciencia de todo esto. Pero si el gobierno israelí deja de mantener la amenaza de un ataque directo a Irán, los americanos no aplicarán sanciones económicas más fuertes.
-En el año 1981 Israel demolió el reactor nuclear de Osirak liquidando de esta manera la experiencia iraquí en la materia. En 2007 ocurrió lo mismo con una planta nuclear siria con otro ataque aéreo. ¿Israel obtuvo lo que buscaba con esos ataques?
-Sí. De todos modos fueron actos más sencillos. Quirúrgicos. Eran instalaciones expuestas y a una distancia mucho menor de Israel.
-¿Estos ataques marcan un precedente a la hora de atacar las plantas iraníes? O, por el contrario, ¿se trataría de una guerra a escala mayor? ¿Qué tipo de ataque sería? Es una pregunta que seguro no me la va a contestar.
-Tiene razón. No se la voy a contestar. Tanto en el caso iraquí como en el sirio, los ataques fueron muy exitosos. En ambos casos esos ataques terminaron con los proyectos nucleares iraquíes y sirios.
-En los últimos tiempos varios integrantes del equipo nuclear iraní fueron ultimados en la propia Teherán en lo que se denominó como «ataques selectivos» de Israel. Fuentes de inteligencia israelíes confirmaron, en reserva, que fueron operaciones del Mossad. ¿Qué puede decir de las acusaciones formuladas desde Irán sobre los asesinatos?
-Solo se puede confirmar de una forma oficial. No de una forma anónima o especulativa. En 1971 Henry Kissinger se refirió una vez a estas cosas denominándolas «ambigüedades constructivas».
-Lo que ocurre en el estrecho de Ormuz con embarcaciones iraníes navegando muy cerca de los navíos de guerra estadounidenses, ¿qué lectura hace de esta situación?
-No creo que vaya a pasar nada ahí. Los iraníes tienen que ser idiotas para hacer algo contra los americanos. Eso daría una oportunidad de oro a los americanos para hacer todo lo que ellos quieren hacer.
-Un analista dijo una vez que con el régimen iraní hay que «jugar a la guerra». ¿Considera lo mismo?
-Los israelíes conocen el costo de una guerra en el Medio Oriente para sí y para los otros países de la región. Por eso tenemos como estrate-gia evitar el desarrollo nuclear de Irán tanto a través de sanciones económicas o de presiones de otro tipo. Si vis pacen, para bellum. (Si quieres la paz, prepárate para la guerra).
-¿La primavera árabe dará lugar a gobiernos democráticos como el de Israel?
-Creo que sí. Pero llevará mucho tiempo. Habrá muchas subidas y bajadas.
-¿Al Qaeda tiene alguna manera para lograr algún espacio de poder?
-Al Qaeda no necesita de la Primavera Árabe para entrar en los países. La mejor oportunidad que tienen está en Irak porque el veinte por ciento de la secta suní, que dominaba el país, hoy está muy golpeada. Es una gran oportunidad que ellos tienen.
Perfil
Diplomático y docente
Itamar Rabinovich nació en Jerusalén en 1942, cuando el territorio que hoy conforma Israel estaba bajo el mandato británico. Fue embajador de Israel en Estados Unidos entre 1993 y 1996. Actualmente es presidente de la Universidad de Tel Aviv y profesor visitante en la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard. Fue jefe del equipo de negociadores de Israel con Siria (1992-1995) y profesor en la Universidad de Cornell (1997-2002). Estudió en la Universidad Hebrea de Jerusalén, tiene una maestría de la Universidad de Tel Aviv y un doctorado de la UCLA. Recibió el Commandeur de l`Ordre des Palmes Académiques de Francia. Es autor de seis libros sobre la Historia Moderna y política de Oriente Medio y coautor y coeditor de varios otros volúmenes. Sus libros más recientes son El umbral de la paz: Israel y Siria y Haciendo la Paz: Israel y los árabes.
«El acercamiento de Uruguay a Irán lastima y decepciona a Israel»
17/Ene/2012
El País, Marcelo Gallardo