Mahmud en el vecindario

12/Ene/2012

El País, Claudio Fantini

Mahmud en el vecindario

12-1-2012
LA BITÁCORA CLAUDIO FANTINI
Probar misiles Ghader y Nur, que pueden alcanzar Tel Aviv, implica una actitud desafiante. Igual que condenar a muerte a un joven norteamericano acusado de espiar para la CIA. Pero el anuncio iraní respecto al estrecho de Ormuz va más allá de una actitud desafiante. Irán prohibió a portaaviones y buques militares norteamericanos atravesar el paso que conecta el Golfo Pérsico con el Mar Arábigo, o sea la puerta de salida de casi el cuarenta por ciento del petróleo que consume el mundo. Más allá del juicio que pueda hacerse sobre el rol de gendarme mundial asumido por Washington, siendo Bahrein la base de la V Flota de los Estados Unidos está claro que la Casa Blanca no acatará la prohibición. Ergo, el régimen iraní parece jugar deliberadamente con fuego. ¿Por qué? Porque las tensiones externas ayudan a cerrar filas en el frente interno, que es precisamente lo que se estaría resquebrajando en la República Islámica por el duro efecto que están teniendo las nuevas sanciones internacionales.
Ahmadinejad vino a visitar a sus amigos latinoamericanos porque necesita mostrar que Irán no está tan aislado como parece, aunque la realidad es que si termina de desmoronarse el régimen sirio de Bashar Asad, Teherán perderá al único verdadero aliado que tiene; porque China y Rusia son socios comerciales, pero no parecen aliados incondicionales.
La otra probable razón de la visita del presidente iraní al club latinoamericano de amigos de Irán que creó y dirige Hugo Chávez, es la necesidad de encontrar proveedores de uranio para el proyecto nuclear en marcha. Con Lula en el Planalto tenía el tema solucionado, porque al anterior presidente brasileño le interesaba colocar los excedentes uraníferos y quedar bien de vez en cuando con el exuberante líder venezolano, representante oficial de la teocracia persa en la región.
Pero Dilma Rousseff tiene otra opinión al respecto. En ella seguro priman razones estratégicas (por caso, privilegiar la buena relación con la administración Obama); pero también el hecho de que se trata de un régimen que impuso y sostiene leyes violatorias de los derechos humanos, en particular con la mujer. La actual presidenta de Brasil estuvo presa y fue torturada, por eso no puede soslayar que la mujer iraní pueda ser azotada con noventa latigazos, antes de ser ejecutada, por delitos como el adulterio. Y, teóricamente, todo gobierno que se considere progresista debiera actuar igual.