El Boicot conservador a reformistas podría socavar legislativas en Irán

09/Ene/2012

El País

El Boicot conservador a reformistas podría socavar legislativas en Irán

Dilema. Mientras se jactan de su apertura, los opositores fueron apresados
8-1-2012
TEHERÁN | THE NEW YORK TIMES
La jerarquía conservadora de Irán ha estado buscando presentar las próximas elecciones parlamentarias como un envidiable modelo de la democracia en Oriente Medio y una inspiración para las revueltas de la «Primavera Árabe».
Sin embargo, un probable boicot de los reformistas iraníes, silenciados severamente, y temores de violencia relacionada con las elecciones, combinados con funestos problemas económicos a raíz del aislamiento de Irán por su presunto programa nuclear, están creando nuevos desafíos para dirigentes iraníes conforme enfrentan su primera prueba de legitimidad interna desde las disputadas elecciones presidenciales de 2009.
Pese a las afirmaciones de dirigentes en el sentido que candidatos reformistas tendrán autorización para participar en las elecciones parlamentarias, a efectuarse en marzo, las dos principales figuras reformistas de la oposición en Irán, Mir Hussein Moussavi y Mehdi Karroubi, ambos ex candidatos presidenciales, siguieron bajo arresto domiciliario durante la mayor parte de 2011, afirman sus partidarios, y ambos están exhortando a sus seguidores a que se mantengan lejos de las urnas.
Incluso el ex presidente iraní de mentalidad ligeramente reformista, Mohammad Jatami, quien no ha recibido un trato tan severo del gobierno, comentó en diciembre que los candidatos reformistas no se postularían en las elecciones de marzo. Eso crearía una notable brecha que pudiera terminar siendo inquietante para dar la impresión de una elección de candidatos, así como socavar la búsqueda de la legitimidad.
«Se preveía que se darían las condiciones para que los reformistas pudieran participar en las elecciones, pero no se cumplió con esto», dijo Jatami, con base en versiones de noticiarios iraníes.
El tema es importante porque el líder supremo de Irán, Ayatolá Ali Jamenei, y sus subordinados de línea dura han buscado presentar a su país como la verdadera génesis de las insurrecciones de la «Primavera Árabe» que han convulsionado a muchos de los vecinos de Irán. Que los reformistas de Irán rechacen públicamente la votación, incluso antes de que tenga lugar, conlleva riesgos de credibilidad que la conservadora dirigencia de Irán no enfrentó en elecciones anteriores, destacaron analistas.
«Los reformistas han denunciado categóricamente la legitimidad de los comicios», dijo Hamid Dabashi, catedrático de estudios iraníes y literatura comparativa en la Universidad de Columbia. «El tema que Jamenei enfrenta actualmente es la legitimidad del régimen. ¿Cómo va a fabricar unas elecciones parlamentarias?», dijo.
Presión. Las elecciones se han complicado incluso más por la severa presión económica de Occidente en torno al programa de energía nuclear de Irán, del cual potencias occidentales sospechan que enmascara planes iraníes para la fabricación de armas nucleares.
Si bien la independencia nuclear de Irán es una posición popular a lo largo del espectro político, los dolorosos resultados económicos de las sanciones de Occidente están lastimando a los iraníes, ya que ocasionan cada vez más carencias, desempleo e inflación. La divisa de Irán, el rial, ha perdido valor en contra del dólar en meses recientes. «Este no es un buen momento para que el gobierno iraní carezca de popularidad», destacó Alireza Nader, experto en Irán por la oficina de la RAND Corp. en Washington, grupo de investigación.
El gobierno ha respondido a las sanciones con una combinación de demostraciones de poderío militar, desafío y ofrecimientos diplomáticos. En días recientes, los iraníes han efectuado juegos de guerra naval, han amenazado con cerrar vitales líneas de embarques petroleros del Golfo Pérsico, efectuaron ensayos disparando dos misiles y anunciaron la producción de su primera varilla de combustible nuclear. Al mismo tiempo, enfrentando una nueva medida punitiva convertida en ley durante el fin de semana por el presidente, Barack Obama, que pudiera sofocar efectivamente las ventas de petróleo iraní, la dirigencia de Teherán ha dicho que desea reabrir conversaciones sobre el tema nuclear.
El máximo comandante de la Policía de Irán, teniendo en cuenta el caos que sacudió a Irán tras las elecciones presidenciales de 2009, que los derrotados reformistas pensaron que habían ganado, ha advertido que las fuerzas de seguridad aplastarán cualquier esfuerzo «del enemigo y sus líneas nacionales» por causar problemas.
Este comandante, Ismail Ahmadi Moghadam, perdió considerable credibilidad en la elección presidencial de 2009 cuando declaró que era un crimen desafiar los resultados sospechosamente desiguales que reeligieron a su preferido, el presidente en funciones, Mahmud Ahmadinejad. Para el ayatolá, las elecciones de marzo deben demostrar -o se debe hacer que demuestren- que él sigue siendo una autoridad reverenciada.
«Al régimen le preocupa mucho que las elecciones no parezcan legítimas», destacó Nader. «Existe una buena probabilidad de que las próximas elecciones parlamentarias puedan convertirse en otra ocasión para una manifestación masiva, o que muchos iraníes opten por no participar«, dijo.
Estrategia. Para muchos iraníes descontentos, el sistema electoral ya está cargado en contra de una elección significativa de candidatos para el Majlis o Parlamento, de 275 escaños. Quienes desean postularse para un cargo público deben registrarse ante una autoridad religiosa de supervisión conocida como el Consejo de Guardianes, el cual decide quién es elegible. La fase de registro, que empezó el 24 de diciembre, terminó el último viernes de 2011, en tanto se prevé que el Consejo de Guardianes divulgue su lista final de candidatos aprobados a finales de enero o comienzos de febrero. Más de 3.000 aspirantes han solicitado que los consideren.
«El régimen quiere pretender que las cosas son como de costumbre y que todos están participando», dijo Mehrzad Boroujerdi, catedrático adjunto de ciencias políticas. «El plan de juego consiste en atraer a algunos de los elementos más conservadores de los reformistas para que participen, para que ellos puedan decir: `¿Ya ven?«`, añadió.