Una advertencia sobre la caída de Asad

22/Dic/2011

Aurora, Jonathan Spyer

Una advertencia sobre la caída de Asad

22/12/2011 OPINIÓN Una advertencia sobre la caída de Asad
Autor: Jonathan Spyer
El ministro de Defensa, Ehud Barak, predijo la semana pasada que el régimen de Bashar al Asad, caería en cuestión de semanas.
Ciertamente las cosas no andan bien para la dictadura de la familia Asad. El derramamiento de sangre continúa, en tanto que el Ejército de Siria Libre y otros grupos insurgentes siguen atacando a las fuerzas del gobierno. Las sanciones económicas aprobadas por la Liga Árabe, entrarán en vigor el 27 de diciembre. La economía se contraerá abruptamente en el próximo año, a raíz de las sanciones de la Unión Europeas que ya se están aplicando y el colapso de la industria del turismo.
Sin embargo, los observadores deberían tener cuidado antes de predecir, con demasiada confianza, la inminente caída de la dinastía de Asad. Vienen haciéndolo desde abril, pero el dictador sigue allí. A pesar de su reciente actuación absurda en la cadena de televisión ABC News; puede ser que siga con nosotros por algún tiempo. Los factores que, hasta ahora, lo han mantenido en el poder, en gran medida, permanecen inalterables.
En primer lugar, al régimen de Asad no le faltan amigos ni está aislado; a pesar de las sanciones. Lo más importante es que su socio estratégico, Irán, está todavía allí.
Los mullahs son fieles a sus aliados cuando éstos más lo necesitan. Los iraníes han estado suministrando material, asesoramiento y posiblemente también personal para ayudar en la lucha sangrienta de Asad contra su propio pueblo, desde el comienzo. Este patronazgo ha sido reafirmado públicamente y no muestra signos de disminuir.
Rusia y China también están todavía allí. Su apoyo consiste en prevenir cualquier respuesta eficaz contra la sangría que provenga del Consejo de Seguridad de la ONU.
Siria mantiene sus amigos en el mundo árabe, también. El gobierno de Maliki en Irak se ha vuelto un estrecho aliado y socio comercial.
En línea con su orientación hacia Irán, Bagdad, votó en contra de las sanciones árabes en Damasco. Hezbollah en el Líbano, por supuesto, depende de la supervivencia de Asad para mantener su posición estratégica. Así que Asad no está solo.
En segundo lugar, el poco entusiasta “protocolo“ de la Liga Árabe para resolver el problema tiene principalmente como objeto evitar una respuesta internacional más decidida.
Los árabes no quieren ver otra intervención militar occidental en el corazón del mundo árabe. El plan de la Liga tiene la intención de evitar esto, fingiendo representar un camino alternativo árabe a la reforma en Siria. Mientras tanto, está empantanada en un sinfín de objeciones y embustes sobre la cuestión de los observadores árabes en Siria.
Incluso si Asad se pusiera de acuerdo con éstos; no habría ninguna diferencia apreciable. Dejar la cuestión siria en manos de la Liga Árabe significa dejar a Asad en el poder.
En tercer lugar, las fuerzas de seguridad de Asad, a pesar del gran número de deserciones, permanecen estructuralmente intactas. El dictador tiene en el Ejército Árabe de Siria grandes y eficaces instrumentos de represión, incluyendo los cuatro grandes servicios de seguridad y la amorfa y brutal agrupación de matones armados alauitas conocida como la “Shabiha».
Por el contrario, la oposición sigue dividida y no está segura de su estrategia. Aunque está decidida; su capacidad armada es mucho más pequeña y menos potente que la que dispone el dictador.
El poder político, en última instancia, deriva de la fuerza superior.
La oposición siria carece de ella, y por lo tanto no tiene ningún mecanismo para la toma del poder.
También permanece dividida en sí misma, con las principales alas – políticas y militares – en desacuerdo sobre las tácticas, y una serie de pequeñas agrupaciones políticas que se niegan a aceptar la autoridad del Consejo Nacional de Siria.
Por lo tanto, los reportes sobre la destitución de Asad han sido muy exagerados.
Si dejamos las cosas como están, la perspectiva en Siria es de una sangrienta guerra civil, cuyo resultado sigue siendo incierto.
La decisión que podría cambiar esta situación sería el establecimiento de una zona de exclusión o amortiguamiento en el norte de Siria, con el apoyo internacional, y el patrocinio y entrenamiento de la oposición. Esto prepararía el terreno y la cubertura para el crecimiento de un desafío político y militar coherente contra Asad. Algo que no parece inminente.
A falta de esto, a pesar de las últimas predicciones optimistas, Asad probablemente permanecerá todavía por algún tiempo.