22-12-2011
RELATO El libro El baúl de Yahavé reconstruye el asesinato en Uruguay de criminal nazi de origen letón Herberts Cukurs
VALENTÍN TRUJILLO AUGEROUY@YAHOO.COM
El año 1965 trajo para Uruguay una serie de hechos violentos, mezclados con conflictos sociales que venían desarrollándose de antes, que lo hicieron especialmente complejo. Las movilizaciones estudiantiles y gremiales, la reacción de la Policía, las medidas prontas de seguridad, sumadas al accionar de los tupamaros, tenían a la opinión pública en vilo.
Quizá por eso, el asesinato del criminal nazi de origen letón Herberts Cukurs por parte de miembros del servicio secreto israelí Mossad actuando como un comando denominado «Los que nunca olvidarán» -ocurrido a fines de febrero de aquel año y encontrado por la Policía a fines de marzo-, si bien tuvo repercusión en los medios de aquellos días, quedó sumergido en un relativo olvido hasta hoy. No muchos uruguayos saben que en aquel caluroso febrero se produjo una operación secreta digna de una película, que terminó con la vida de un criminal que se había escabullido de las manos de la justicia.
Al asesinato de Cukurs se refiere el libro El baúl de Yahvé, escrito a cuatro manos entre el investigador Marcelo Silva y el periodista Linng Cardozo y editado por Carlos Álvarez Editores. Se trata de un fino trabajo de archivo, que se documenta en varios libros de investigaciones previas (e incluso en las memorias de uno de los agentes que participó en el hecho), más la palabra de algunos protagonistas locales, como el ex comisario Alejandro Otero.
La historia de Cukurs se remonta a la ciudad de Riga, hoy capital de Letonia. Este país, junto a Estonia y Lituania, forma las llamadas «repúblicas bálticas», por todas tener costas en el mar Báltico. A principios de la segunda guerra, Letonia había sido invadida por las tropas de la URSS y por su rechazo al comunismo gran parte de su población se volvió filo nazi. Cukurs era un intrépido del aire, que había diseñado sus propios aviones y había viajado a África y a Japón. Era una suerte de héroe nacional, admirado y homenajeado. Y cuando en 1941 las tropas alemanas penetraron en las repúblicas bálticas, la población las recibió como salvadoras. Cukurs se sumó enseguida a los Einsatzengruppe, unas divisiones nazis que se dedicaron a la separación de la población judía letona con el fin de exterminarla. Participó en varias masacres de civiles que terminaron con la vida de casi 33 mil judíos y gitanos.
Cuando llegó la derrota nazi, Cukurs huyó, primero hacia Alemania y luego hacia Francia, donde consiguió un pasaje que lo llevaría a Brasil. Pocos años después de establecerse, ya tenía su pequeña compañía aérea, donde hacía vuelos turísticos y paseos en avión. Nunca intentó esconder su identidad y creyó que con su nueva vida en Brasil podría tapar el pasado.
Pero las organizaciones de judíos en la posguerra, más la creación del servicio secreto Mossad, rastrearon varios de los destinos de los jerarcas nazis que huyeron en 1945. En 1960 descubrieron a Adolf Eichmann en Buenos Aires y lo secuestraron. Lo condujeron a Israel, lo juzgaron y lo ahorcaron.
A Cukurs, el destino le tenía otro fin. Un agente israelí lo capta en febrero de 1965 desde Montevideo, para abrir un negocio similar al que posee en San Pablo. Cukurs viaja sin sospechar nada. Llega a Carrasco, donde lo espera el supuesto socio. Viajan a una casa en el barrio de Carrasco. Al entrar, otros tres agentes se le abalanzan y recién allí el letón entiende la jugada. Forcejea y lucha por su vida, diciendo en alemán: «Déjenme explicarles». Pero ya no hay nada que explicar. Un martillazo y un par de balazos en la sien terminan con su vida. Los agentes del Mossad meten el cuerpo en un baúl y lo esconden en una casa en Shangrilá. Eso es lo que encuentra la Policía el 6 de marzo de 1965. Se podrá discutir el concepto de justicia, pero queda claro que ese día se pronunció el largo brazo de una venganza.
El largo brazo de una venganza
22/Dic/2011
El Observador, Valentín Trujillo