¿Que ha quedado de la historia y del esplendor del ladino?

15/Dic/2011

Milim Revista Digital, Alicia Benmergui

¿Que ha quedado de la historia y del esplendor del ladino?

LA HERENCIA PERDIDA DEL MUNDO LADINO Por Alicia Benmergui
15-12-2011
¿Que ha quedado de la historia y del esplendor del ladino en la Turquía islamizada de Erdogan?, Poquísimo. La lengua judaico española de los judíos sefardíes es hoy solo una memoria desaparecida. Con esta cuidadosa reconstrucción histórica recordaremos su gran cultura, su estilo de vida y maneras de pensar y el modo en que transcurría su vida cotidiana.
Los judíos turcos (son cerca de 17.500, y la mayor parte de ellos viven en Estambul), miran hoy con una cierta aprensión el ascenso del partido islámico del Primer Ministro Erdogan – en su segundo mandato luego de la victoria en las últimas elecciones de junio – que está realizando cambios trascendentales, tanto en la política externa turca como en el interior del país. Históricamente este es el cambio más radical acontecido desde la fundación de la República Turca después de la caída del Sultán y la llegada de Kemal Atatürk al poder. Sobre la revolución de Atatürk se sabe ahora todo o casi todo, pero en cambio se sabe poco del impacto que tuvo sobre el mundo judío a mediano y largo plazo. De hecho el nacionalismo de Atatürk tuvo entre otras consecuencias la lenta declinación del Ladino, de un rico mundo cultural y de la que  fue la civilización sefaradí en las tierras del Imperio Otomano.
Los judíos en la España medieval le habían agregado al castellano, expresiones en hebreo, creando así, un idioma muy peculiar. Después de la Expulsión, las comunidades marranas en Europa Occidental y en el Nuevo Mundo conservaron por un cierto tiempo los lazos lingúisticos con el castellano y no continuaron con su evolución.
Los judíos sefardíes de Salónica, Constantinopla, Esmirna y Adriánopolis, sin contactos con sus países de origen usaron el ladino, un lenguaje que tuvo su propia evolución, aceptando términos griegos, turcos y franceses por otro medio milenio., análogamente a lo que sucedió con los judíos ashkenazim, que mantuvieron un alemán medieval con términos hebreos: el idish. Una importante diferencia con el español de la Península Ibérica fue el uso del alfabeto hebreo del Rashi, el solitreo para la escritura del ladino. Ya desde los inicios había muchas diferencias entre el español y el judeo español.
Por ejemplo los españoles usaban la palabra Dios, mientras que los judíos por considerar a la palabra un término de carácter plural usaban el singular Dio. Tampoco para el domingo se usaba el término domingo, pero si el término alhad, derivado del árabe. Algunas palabras eran articuladas en manera diferente, según la localización geográfica. Por ejemplo la palabra hijo podía ser pronunciada como fijio, hijio o ijio. La letra N era sustituida por la letra M, nuestro=muestro. Hubo otros términos particulares como meldar (estudiar la Biblia, por extensión leer y también rezar) o arcaicos como ajuntar=unir (unir), finar=morir (morir). Otras palabras derivaban del hebreo: jad-gadya, oseh-shalom. Muchas palabras de origen francés en uso en el siglo XIX, por ejemplo: dezirar de désirer=desear, malorozo de malheureux= desdichado, engazada de engagée=novia…
Inicialmente el Ladino (llamado también Judezmo), era una traducción del hebreo al latín; de hecho su nombre deriva del término enladinar= hacer en lengua latina. La cultura rabínica producía literatura exclusivamente en hebreo por considerar al ladino un habla de nivel inferior. De hecho en los siglos XVI y XVII hubo un importante número de publicaciones en la ciudad de Salónica, Edirne, Estambul y Safed, los centros principales de la cultura judeo sefaradí. Un ejemplo de esto es el Shuljan Aruj de Joseph Caro. Eliezer Gershon Soncino realizó una obra fundamental con la traducción de la Torá al ladino en 1547, en Estambul, una traducción análoga apareció con caracteres latinos en 1553, en Ferrara.
Pero la obra principal de la literatura ladina fue la realizada por Jacobo Juli, un comentarista bíblico, el Me-am Loez, cuya publicación se inició en 1730 y continuó después de la muerte de su autor. El objetivo de estas obras, era explicar de un modo sencillo el texto bíblico a las masas judías casi analfabetas y por esa razón, en creciente desjudaización. En realidad la publicación fue una consecuencia directa de la existencia de numerosos seguidores del Shabbatai Zvi (Donmeh), el falso Mesías, cuyos acólitos y admiradores eran tan numerosos como los del judaísmo rabínico tradicional, de manera especial en la ciudad de Salónica. El siglo XVIII representó la culminación literaria del ladino, fueron impresas obras de poesía religiosas como las Copias de Yosef Ha- Zaddik, de Abraham de Toledo (Estambul 1732), y Los Massiyot del Sinior de Yaakov Avinu (Estambul 1748) y de literatura ética como el Sefer Shevet Musar, de  Eliyahu Hakohen de Esmirna que apareció antes en hebreo (1712) y luego en ladino (1742). A mediados del Siglo XIX, todos los géneros rabínicos con exclusión de la Halajá, estaban traducidos en la literatura ladina.
Entretanto también la Haskalá (el Iluminismo Judío), se abría camino entre los judíos sefardíes en el Imperio Otomano: en Livorno en 1778  fue publicado el libro en ladino La  Guerta de Oro, de David Moses Attias sobre algunos aspectos de la Haskalá.
En el Siglo XIX se fragmentó la comunidad sefardí del Imperio Otomano, con la constitución de los nuevos estados Balcánicos, (Serbia, Bulgaria, Grecia), cada una con un fuerte reclamo nacionalista y una lengua propia predominante.La revolución de los Jóvenes Turcos, creó un Estado en el antiguo Imperio Otomano cuyo sistema educativo estaba basado en la lengua turca. En el mismo período la Alliance Israélite Universelle, fundada en 1860 con el objetivo de ayudar a la Emancipación de los judíos, creò un sistema educativo que en su momento de mayor influencia tenía 183 escuelas y 43.700 estudiantes desde Irán hasta Marruecos.
Los intelectuales judíos franceses que habían sido los primeros judíos emancipados se sentían a la vanguardia de la modernidad en la cuenca del Mediterráneo. La Alliance ejerció una gran influencia entre los judíos sefardíes y fue responsable de la difusión del francés en la burguesía judía del Levante; fue así que el francés se convirtió en parte de la cultura sefardí. Muchas familias aristocráticas comenzaron a abandonar el ladino de la casa familiar y la lengua misma cambió profundamente acogiendo un gran numero de términos franceses, aunque todavía la gente permanecía ligada al ladino.
Hasta fines de la segunda mitad del Siglo XIX el hebreo continuó siendo el medio para la circulación de las noticias y las ideas entre el mundo sefardí y ashkenazi; pero paralelamente comenzaron aparecer periódicos en ladino: el primero fue La Buena Esperansa (Esmirna1842), que tuvo una existencia breve, pero fue nuevamente publicado por Aaron Hazan, de 1871 al 1930. Otros diarios en ladino fueron editados en Estambul, Salónica y Sofia. También fueron publicadas las traducciones de novelas populares en los diarios y las traducciones de dramas, así como obras de Shakespeare y Molière. Todo este fervor por el  ladino secular fue acompañado de una declinación contemporánea en las misma lengua de las publicaciones religiosas, pero con la decadencia del Imperio Otomano el ladino había iniciado su lento pero inexorable camino hacia el crepúsculo de su existencia. El conocimiento del turco fue considerado indispensable para la afirmación social y para el servicio en las altas esferas de la administración otomana.
Por otro lado con la llegada al poder de los Jóvenes Turcos, la tuquización lingüística se convirtió en una de las prioridades del nuevo gobierno; por una parte, y por otra la Alliance consideraba necesario la erradicación del judeo español, al que veía como una rémora del pasado, parte de su misión civilizadora era eliminarlo; en sus escuelas el ladino fue prohibido. Se había creado así una situación en la cual el ladino era el perdedor, el francés era el lenguaje de la civilización, el hebreo de la religión y el turco (o las respectivas lenguas nacionales de Serbia, Bosnia, Bulgaria y Grecia), el idioma de los países huéspedes y todos tenían la prioridad sobre el ladino. En 1930 el número de los que hablaban el ladino ya era muy pequeño, en Turquía la adopción del alfabeto latino hizo que los judíos comenzaran a escribir el judeo español en caracteres latinos, abandonando la tradicional escritura hebrea del Rashi.
El último reducto donde permaneció el ladino fue Salónica donde sobrevivió hasta 1941, El Mesajero, fue el último diario en ladino escrito con los caracteres del Rashi. Las deportaciones de los judíos realizadas por los nazis, destruyeron aquel admirable idioma, junto con la Comunidad Sefardí que lo hablaba. La comunidad de Salónica fue diezmada y la mayor parte de los sefardíes de Sarajevo y Belgrado perecieron. Los judíos búlgaros y turcos sobrevivieron traumatizados a la guerra y muchos emigraron en masa. En la segunda a mitad del Siglo XX en la tierra donde florecieron la lengua y la cultura ladina, poco ha quedado.
La mayor parte de aquellos que lo hablaban se fueron a Israel donde todavía no ha sobrevivido al desarraigo.
Hoy el ladino es hablado por no más de 200.000 personas y por los más ancianos en Nueva York y Buenos Aires. En Israel hay cerca de 11.000 judíos que hablan el ladino, pero la lengua ya no es usada por las nuevas generaciones. DE ahí la razón para preservarla y mantenerla en vigencia en la capital del judaísmo mundial que es Israel, será la única manera de mantener la conexión con la enorme riqueza del judaísmo sefaradí que habitó en el Imperio Otomano primero y luego en toda el área que le había pertenecido.