Lo advirtió Joseph Maïla, experto francés en el mundo árabe
Por Juan Landaburu| LA NACION
8-12-2011
PARIS.- «Bashar al-Assad no habla con nadie, no quiere detenerse, no quiere escuchar», afirma Joseph Maïla, una de las voces más autorizadas sobre el mundo árabe en Francia y director de la Prospectiva, una dependencia de la cancillería francesa dedicada a planear la política exterior en el largo plazo.
En un diálogo con La Nacion y otros medios, Maïla, que asesoró a funcionarios argentinos después de los atentados contra la embajada de Israel y la AMIA, anticipa un «escenario apocalíptico» si se profundiza una guerra civil en Siria, a la que describe como una «enorme bomba hecha de seres humanos».
-¿Por qué Siria es diferente?
-Siria es un elemento clave en Medio Oriente. Es un país de minorías; el 66% de los sunnitas son gobernados por una minoría alauita. También es importante por sus relaciones con los países vecinos: Israel y Turquía. Y por último, es el único aliado de Irán. Aquí entran en juego el plan nuclear de Irán, el petróleo, Hezbollah y el conflicto en Israel.
-¿Qué tipo de apoyo le da Irán?
-Puede ser que Irán haya dado algunos consejos, y no muy buenos, a Siria. Pueden haberles dicho: «En Irán tuvimos éxito destrozando a la oposición. Tienen que aguantar, y algún día la gente se cansará y volverá a casa». Si no, no puedo entender cómo Al-Assad, que era una persona inteligente, pueda imaginar que puede ganar.
-¿Es inevitable una intervención como la que hubo en Libia?
-No hay consenso sobre lo que hay que hacer en Siria. No queremos una intervención, una intervención no resolverá ningún problema. Queremos proteger a los civiles, pero no intervendremos si no tenemos un mandato de la ONU.
-¿Hay margen para una salida negociada?
-Los turcos nos dijeron: «No hablamos con Al-Assad, no confiamos en él». Erdogan [el premier turco] tenía muy buena relación con Al-Assad, lo consideraba su hermano menor, y solía decirnos: «Mañana voy a hablar con Bashar y el va a frenar la represión». Pero no se ha detenido. En Arabia Saudita y Qatar, que es un muy buen amigo de todos, nos dicen que no quieren hablar con él. Bashar no habla con nadie, no quiere detenerse, no quiere escuchar. Es un dilema para la política exterior. No hay espacio para ninguna maniobra política y al mismo tiempo no se puede alcanzar el consenso para una intervención.
-¿Cuánto tiempo más puede resistir Al-Assad?
-Puede resistir. Tiene dinero, tiene 17.000 millones de dólares en reservas, pero la situación económica empeora rápidamente. Tiene un ejército de 80.000 hombres, pero sus tropas están cansadas. Cuánto tiempo seguirá resistiendo, nadie lo sabe.
-¿Puede seguir los pasos de Muammar Khadafy?
-Siria no se parece nada a Libia, pero aun así estoy sorprendido por cómo está empezando a parecerse. La comunidad internacional le pidió a Khadafy cuatro cosas para alcanzar una salida pacífica: no más muertos, que el ejército volviera a los cuarteles, empezar las negociaciones y elecciones libres. Ninguno de estos puntos se alcanzó en Libia, y Siria está siguiendo el mismo camino.
-Algunos dicen que nadie interviene en Siria porque no hay intereses económicos…
-Puedo aceptar todas la críticas, pero creo que no intervenir también puede ser un crimen. Hay un deber de proteger. Alguna gente dice que «todo es por el petróleo» y que nadie interviene en Siria porque no hay petróleo. No es verdad. No se puede decir que en Siria no haya nada. Siria es una enorme bomba hecha de seres humanos que puede afectar a toda la región. Si se desencadena una guerra civil en Siria, estaremos ante un escenario apocalíptico.
«Siria es una gran bomba»
08/Dic/2011
La Nación, Juan Landaburu