Aislamiento a un estado paria

01/Dic/2011

El Observador, Editorial

Aislamiento a un estado paria

1-12-2011 Los salvajes ataques iraníes a la Embajada británica en Teherán enfatizan la urgencia de que el mundo civilizado aísle de manera efectiva a un país convertido en paria de la comunidad internacional y que amenaza la paz mundial. Las condenas y sanciones económicas de Naciones Unidas, Estados Unidos y Gran Bretaña no bastan para detener la agresividad del régimen de los ayatolas y del presidente Mahmoud Ahmadinejad ni su marcha hacia el armamentismo nuclear. Hay naciones que, fundamentalmente por intereses comerciales, siguen intercambiando bienes de diferente índole con el rico país petrolero. Pero, mientras no se complete un cerco total de boicot, Irán crecerá como fomento de inestabilidad internacional. Este cerco pareció estrecharse con la decisión británica de cerrar su Embajada en Teherán y expulsar al embajador iraní, en tanto se informó que otras evaluaban seguir igual curso.
La alternativa de una represiva intervención militar, admitida por el presidente Obama y el canciller británico William Hague, no es la solución, como ya hemos señalado. Por un lado, Rusia y Francia se oponen, lo cual limitaría una acción armada a Estados Unidos, Gran Bretaña y algunas otras naciones aliadas, pero con el rechazo de potencias importantes. Por otro, Washington ya fracasó cuando intervino indirectamente en la década de 1980 al rearmar al Irak de Saddam Hussein para una larga guerra indecisa contra Irán. Alain Juppé, representante francés en la Unión Europea, advirtió que una intervención militar desataría «una espiral fuera de control».
Pero los sucesos del martes han rebasado los límites de lo tolerable. Turbas de estudiantes y otros manifestantes asaltaron e invadieron violentamente dos veces la Embajada de Gran Bretaña, así como otro edificio diplomático del mismo país. Destrozaron el interior de los edificios, incendiaron muebles y vehículos, quemaron banderas británicas que reemplazaron con la de Irán y robaron documentación confidencial. El gobierno de Ahmadinejad negó estar detrás de los desmanes. Pero nadie le cree. En Irán solo pueden realizarse manifestaciones callejeras si son previamente autorizadas por el régimen. Y en este caso se vio además a policías ayudando a los desenfrenados atacantes pese a que su función presumible era proteger las instalaciones diplomáticos y a su personal.
Los atentados, parecidos a los de 1979 cuando hordas de manifestantes tomaron la Embajada de Estados Unidos y mantuvieron a 66 personas en cautiverio durante un año y medio, siguieron a una decisión británica de suspender todas las relaciones financieras con Irán debido a su programa nuclear.
Teherán sigue sosteniendo que ese programa tiene fines pacíficos, pese a que la Agencia Internacional de Energía Atómica desnudó su potencial bélico en un reciente informe. La perspectiva de que llegue a tener armas nucleares convierte en peligro mundial a un país que respalda abiertamente a los movimientos subversivos en Medio Oriente y cuyo gobierno ha prometido borrar a Israel de la faz del planeta. Este riesgo potencial de una expansiva conflagración determina que los países que aún mantienen vínculos y tratos con Irán los revisen sin descartar la ruptura, como han hecho Estados Unidos y Gran Bretaña, como única forma de aislar esta amenaza potencial a la paz.