«La memoria es muy cariñosa»

28/Nov/2011

La República, Heber Perdigón

«La memoria es muy cariñosa»

EN PARIS. MAURICIO ROSENCOF PRESENTO SU LIBRO «EL BATARAZ» TRADUCIDO AL FRANCÉS El dramaturgo, poeta, escritor y luchador social Mauricio Rosencof participó en un debate en París realizado en la Maison d’Amérique Latine en el marco del lanzamiento de su libro «El bataraz» traducido al francés. En esta entrevista recuerda episodios de los años de encierro a que fue sometido, vivencias que luego transformó en literatura.
HEBER PERDIGON Corresponsal en Francia
Sábado 26 de noviembre de 2011
La novela “El bataraz”, relata el desdoblamiento de personalidad de un preso político y el compañero de celda, un gallo de riña famoso por su fuerza de combate. El hombre y el animal intentan sobrevivir en una celda de dos metros por un metro. Esta ficción corresponde a su experiencia de trece años de encierro, privado de libertad durante la dictadura. Rosencof con el humor y simplicidad que lo caracteriza contestó a las preguntas del público francés curioso de tener al protagonista-narrador presente. El “Ruso”, como lo conocen sus íntimos, concedió esta entrevista exclusiva para LA REPÚBLICA.
¿Usted tomó “Memorias del calabozo” como introducción para escribir “El bataraz”?
Es un documento objetivo, tiene humor, dolor, emoción. “Memorias del calabozo” no tiene ninguna elaboración literaria, más que el punto y aparte o tachar una coma y remplazarla por otra. Puesto que si alguien detectaba una elaboración literaria pensaría que todo lo que contábamos era literatura. Con el “Ñato” (Fernández Huidobro), grabamos 47 casetes y de ahí salió el libro. Prácticamente no se perdió nada. Nos pasábamos los parlamentos. Lo que decía él lo podía decir yo. Todo lo teníamos conversado. El “Pepe” (Mujica), intervino viendo cada cosa que poníamos porque es la historia de los tres, aunque también es la historia de los nueve rehenes. El libro relata cómo se fueron fermentando las locuras que llegaban a la orilla. “El bataraz” se parece por momentos al diario de un loco. En esas condiciones no es locura. No es locura para un tipo que está encerrado, pensar que con una cucharita levantado y tragando cuatro cucharaditas por día pueda llegar al río. Cuántos siglos necesitaría para hacer un pozo. A la humanidad hay que entretenerla con algo. Contamos absolutamente toda la peripecia tal cual la vivimos. Sin adjetivos, sin nombres propios.
¿La novela “El bataraz” es la autobiografía de su experiencia carcelaria?
He tratado de despersonalizar la novela. “El bataraz” cuenta la vida interior de uno de los nueve presos. Pueden ser todos, puede ser uno de ellos, puede ser cualquiera. Es un acto de creación. Como toda creación tiene raíces y fuentes en las vivencias de uno. Cuando uno cuenta estas peripecias tiene que agregar algo más. La vida no para. Lo que no existe es la quietud. Me resulta sorprendente volver a hablar de estos temas, la vida es un cambio permanente. Tener que relatar, cuando un coronel desarrolló el operativo de sacarnos del Penal de Libertad y separarnos en grupos de tres para hacer “la vuelta del Uruguay”, en un calabozo de un metro ochenta por sesenta centímetros. En algunos casos vivimos bajo tierra como en Paso de los Toros. Me tocó vivir eso con un trío. Es para siempre, lo tengo integrado dentro de mi piel. Lo llevaré toda mi vida. El coronel dijo textualmente ante la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas: “Ya que no los matamos cuando cayeron los volveremos locos poco a poco”. El “Nepo”, el entrañable Adolfo Wasem murió estando detenido en el Hospital Militar. Otros sufrieron trastornos y luego se recuperaron. Tengo una sensación extrañísima cuando tengo que decir que el “Ñato” es hoy el ministro de Defensa de la República y el “Pepe” el Presidente del Uruguay. Todo esto le da un vuelo de ciencia ficción. Uno tiene que entrar a desentrañar y explicar cómo en el año 1972 nos derrotaron militarmente, pero cómo se mantuvo en alto la bandera que levantó Raúl Sendic con los cañeros de UTAA en los comienzos de los 60. De ahí en adelante la ética, la conducta, el programa, los principios que vienen de Artigas, único héroe en América Latina en lucha al mismo tiempo contra los españoles, portugueses y contra el centralismo porteño. Al mismo tiempo en 1815 estableció el Reglamento Provisional de la Campaña y estipuló que la tierra sería distribuida con la prevención de que los más infelices fueran los más privilegiados, en primer lugar, los indios porque tienen el principal derecho y luego los gauchos pobres. Esa es la gran diferencia. Desde las raíces de nuestra nacionalidad, ahora que está terminando el bicentenario de nuestra tierra, se sabe que desde la colonia se le decía a Artigas el “tupamaro”, como consta en los documentos. Era una palabra ofensiva que nosotros recogimos y la tomamos como herencia.
¿Cómo nació “El bataraz”?
“El bataraz” lo empecé a escribir en la chacra del hermano del “Bebe” (Raúl Sendic), en San Jacinto. Había una vieja pulpería, una carreta, era un lugar bellísimo donde solíamos ir cada tanto. Recuerdo perfectamente el día que se lo conté a Raúl que ya estaba tocado por la enfermedad que se lo llevó. Le dije: estoy escribiendo un boniato que se llama “El bataraz”. Entonces le conté la historia. Me miró serio y me preguntó ¿te dieron un gallo? El gallo de esta obra es como Dios, existe si crees en él. No hay que aclarar si es una transferencia o si es imaginación. Las plumas están ahí que no dejan mentir. (el autor hace alusión a las plumas de la tapa del libro). Le dije a Sendic que este libro se lo dedicaría a un amigo que quiero mucho. Entonces me miró con esa sonrisa tan suya que le venía de su infancia en Chamangá. Sus ojos reían junto con todo su rostro atormentado, desfigurado por la brutal herida que le causaron las balas. Así fue, este libro fue dedicado a Raúl Sendic.
La escritura del “Tito” el bataraz ¿evitó la locura que puede causar el encierro en condiciones inhumanas?
No estoy seguro si caí o no en la locura. Es fantástico ver cómo realidad y ficción es todo uno. En el mundo que nosotros vivíamos la realidad tangible no era vivible. Se vivía en la fantasía, en los recuerdos, en la memoria, en las alucinaciones. A veces podías quedar empantanado. La frontera que hay entre la cordura y la locura es una frontera borrosa y amplia. Si uno se limita a las razones de un loco deja de estar loco. Porque dentro de sus alucinaciones existen coherencias. Si se sacan del contexto las situaciones en la cual nosotros nos encontrábamos aquello era la Colonia Etchepare. Vivimos en un mundo distinto, en un mundo extraño. Hace pocos días un programa de televisión me invitó para ir a visitar la “Isla”, la celda de castigo del Penal de Libertad. Estaba clausurada. Volver a entrar al Penal, ver a los presos gritando, la ropa colgada. Llegar ahí era como una peregrinación. Recordé en el calabozo que estuvo el “Nepo”, el calabozo donde mataron al “Gorilla” Ramos.
Lo que más me impactó es saber que la memoria es muy cariñosa con uno.
Los espacios que teníamos ahí, en la memoria fueron mágicos sobre todo para nosotros que veníamos de estar encerrados en diferentes cuarteles. A fines del 1984 nos llevaron a ese celdario de castigo, en esa celda había una taza y podías orinar a la hora que quisieras. Antes podías mear solamente una vez por día. En ese momento estábamos contentos porque nos daban ración (comida) entera. Era calabozo con baño privado. Ni el Sheraton. Retornar me produjo una sensación de estrechez. No concebía cómo pudimos haber estado ahí. Era mucho más chico que en la memoria, mucho más ruin, mucho más violatorio de los elementales derechos de cualquier animal. Si en el zoológico te ponen una jaula en esas condiciones no te quepa la menor duda que todos se movilizan en favor de los animales. Me resultó muy impactante haber visitado la celda donde escuchamos por última vez al “Nepo”. Cuando sentimos que venían a buscarlo lo tenían de un lado y del otro lado al “Octavio” (Henry Engler). Le dijeron: prepare una muda de ropa. Los análisis habían dado algo raro. Mientras preparaba sus cosas cantaba “Adiós muchachos” esa fue la despedida. Lo llevaron para el hospital donde murió en un calabozo de la sala 8. En la última novela “Sala 8″ cuento una serie de historias, diálogos entre vivos y muertos, son todo uno. Tal como dialogábamos nosotros.
¿El desdoblamiento de personalidad, desborda sobre el intérprete-narrador?
De pronto el gallo es real. Aquí en Francia me han preguntado si es real. El que va a los interrogatorios es el gallo. Posiblemente se trate de una transferencia. Todos los recursos eran válidos, para sostenerse de alguna manera. De repente todos tenemos adentro un gallito de riña. Como la canción “pobre gallo bataraz nunca te echaré al olvido”. Cervantes cuando estuvo preso comentaba que hay oficios que inventan los presos que no existen en el mapa.
¿Usted es creyente?
Te lo voy a contestar por interpósitas personas, uno es Einstein y otro Primo Levi. A Einstein le preguntaron lo mismo que tú me preguntas. Antes de irse de Alemania tocaba el violín en una sinagoga de Berlín. El respondió; soy profundamente religioso, pero no creo en ninguna de las religiones reveladas. Pienso que hay demasiada armonía en el espacio para que sea obra de la casualidad. Siento también muy próxima la respuesta que dio Primo Levi estando en Auschwitz. Uno de los presos vio cómo se marcaba en las pantorrillas una señal para recordar algo que había ocurrido. El otro preso lo ve y le dice yo sé por qué Dios lo mantiene con vida, es usted el que va a dar testimonio. Primo Levi le contesta: Dios no está en el círculo íntimo de mis amistades. No dude que daré testimonio. (Primo Levi dejó muchos testimonios). De alguna manera esto que estamos haciendo ahora, es un testimonio. Lo que hicimos con el “Ñato” cuando salimos después de habernos comprometido y juramentado a golpe de nudillos en el calabozo que daríamos testimonio de toda esa peripecia. En “Memorias del calabozo” hacemos un llamado para que todos dejen su testimonio y que se alce -como se ha alzado- la gran barricada para que se produzca el nunca más.
Poeta, dramaturgo y luchador social
JORGE YULIANI
Sábado 26 de noviembre de 2011
Rosencof, un hombre ineludible a la hora de caracterizar el “ser nacional” llegó al mundo el 30 de junio de 1933 en el departamento de Florida. Apodado “El Ruso” por ser hijo de emigrantes polacos de origen judío, fue uno de los nueve rehenes -entre 1972 y 1985- que tomó la dictadura que asoló a Uruguay, todos ellos integrantes del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros.
El extenso encierro en condiciones infrahumanas, las constantes sesiones de tortura a las que fue sometido y el consiguiente deterioro de su salud física, no afectó su aguda lucidez, ni su inconmensurable voluntad, haciendo realidad aquella frase que sentencia: cuando una persona atraviesa una situación extrema o se sucumbe, o se sale fortalecido de ella. El segundo es su caso. La coherencia de su pensamiento, de su lucha y de su vida demuestran que es un hombre que no se queda en la mera elaboración teórica y que en la práctica trabaja cada día por una sociedad más justa y solidaria. Un hombre que ama, que ríe y que llora, uno más en la larga cadena de ilustres que le precedieron y también que le acompañan.
En su intensa producción literaria se destacan Las ranas, Los caballos, La rebelión de los cañeros, Conversaciones con la alpargata, Vincha brava, Teatro escogido, Desde la ventana, Pensión familiar, La valija, La calesita rebelde, El gran Tuleque, El regreso del gran Tuleque, La Margarita, Las cartas que no llegaron, El bataraz, El combate del establo, Los cuentos del Abuelo de la Noche, Memorias del calabozo (en coautoría con Eleuterio Fernández Huidobro), Y los caballos serán blancos, Piedritas bajo la almohada, Los corderitos de Dios, Las agujas del tiempo, Las leyendas del Abuelo de la Tarde (para niños), El enviado del fuego y Una góndola quedó en la esquina. Asimismo es protagonista de otros tres libros, Seregni-Rosencof: mano a mano, de Butazzoni, Las vidas de Rosencof, una biografía realizada por Miguel Angel Campodónico y Que nunca falte: el programa de Mauricio Rosencof, escrito por Virginia Arlington.
Entre 2005 y 2009 ejerció el cargo de director de Cultura de la Intendencia Municipal de Montevideo, implementando y llevando adelante diferentes e importantes proyectos destinados a la comunidad.
Asimismo vale recordar que luego de su liberación en 1985, fue invitado a dar conferencias y participar en coloquios en países tan disímiles como Estados Unidos, Cuba, México, Italia, España, Francia, Alemania, Suiza, Suecia, Noruega y Dinamarca, entre otros. Además de continuar escribiendo, Rosencof ha creado y conducido el programa Que nunca falte, en TV Ciudad. Sus obras han sido publicadas en diferentes países y traducidas a varios idiomas, entre ellos, holandés, alemán, dinamarqués, inglés, italiano, polaco, turco y francés.
En fin, este hombre de 75 años y ojos muy vivaces, cuenta historias en forma muy amena… Rosencof cuyo nombre de guerra fue “Urbano”, cree que siempre quedan cosas por decir de los horrores que comete la humanidad contra sí misma, que nunca es suficiente todo lo que se ha dicho y escrito. “Pensamos que las cosas se resuelven por arte de birlibirloque y no es así. Hay que tener siempre presente la historia de cada uno, tu memoria, que no tiene calendario, tus recuerdos. La historia de un país es su memoria”.