25 de setiembre: 100 años de Ana Vinocur

30/Sep/2026

Por Adrián Epstein, de CCIU

 

 

El 25 de setiembre de 1926 nacía en Lodz, Polonia, Ana Benkel de Vinocur. Cien años después, su nombre permanece profundamente ligado a la memoria de la Shoá en Uruguay y también forma parte del paisaje de Montevideo: una escuela pública y una calle de la capital llevan su nombre, siendo el primer caso en Sudamérica que una ciudad homenajea en su nomenclátor a una sobreviviente de la Shoá.

 

La vida de Ana estuvo marcada desde muy joven por la persecución nazi. Siendo adolescente vivió durante años en el gueto de Lodz y posteriormente fue trasladada a los campos de exterminio de Auschwitz y Stutthof. Allí sufrió el horror de la Shoá y perdió a seres queridos, entre ellos su padre y su pequeño hermano Leibush. Cuando la guerra estaba llegando a su fin, el barco en el que intentaba escapar del infierno fue bombardeado en el mar Báltico. Ana sobrevivió.

 

En 1947 llegó a Uruguay, donde se reencontró con su hermano Enrique y comenzó una nueva vida. Pero sobrevivir no significó olvidar. Por el contrario, Ana convirtió su experiencia en un compromiso permanente con la memoria.

 

Fue una de las primeras sobrevivientes de la Shoá en Uruguay que decidió escribir y hablar públicamente sobre lo ocurrido. Su testimonio quedó plasmado, entre otras obras, en “Un libro sin título”, publicado en 1972, y posteriormente en “Luces y sombras después de Auschwitz”, que luego sería reeditado como “Volver a vivir después de Auschwitz”.

 

Ana recorrió el país dando charlas, especialmente en centros educativos, y habló ante generaciones de jóvenes sobre lo que había vivido. Lo hizo con claridad y enorme capacidad de comunicación, pero sin transmitir odio ni rencor. Su objetivo era que las nuevas generaciones conocieran la verdad y comprendieran hasta dónde pueden conducir el prejuicio, la discriminación y el odio.

 

Tuvo una participación fundamental en la creación del Centro Recordatorio del Holocausto del Uruguay, institución a la que dedicó buena parte de su vida.

 

Quienes la escucharon recuerdan no solamente su extraordinario testimonio, sino también su personalidad, su sensibilidad y su capacidad para llegar a públicos muy diversos. Habló en colegios judíos y no judíos, en instituciones educativas y también en la Universidad de la República. En una de sus presentaciones en el Paraninfo, los estudiantes la despidieron con una prolongada ovación.

 

Ana también conservó un profundo vínculo con la tradición judía y un especial cariño por Israel. Junto a su hermano Enrique participó de la Marcha por la Vida en Polonia, regresando a los lugares donde había transcurrido una parte de su historia.

 

Ana Vinocur falleció el 7 de enero de 2006.

 

Su nombre, sin embargo, continúa presente.

 

En 2015, la Escuela Pública Nº 359 de Montevideo pasó a llamarse Escuela Ana Vinocur. En aquella oportunidad, su hija Rita recordó que las futuras generaciones podrían preguntarse por qué una escuela llevaba el nombre de aquella mujer.

 

Y en 2024 llegó otro reconocimiento excepcional. La Intendencia de Montevideo designó con el nombre de Ana Vinocur al tramo de calle que comienza en la rambla Mahatma Gandhi y llega hasta las proximidades del faro de Punta Carretas. La propia Intendencia señaló que se trata de un hecho histórico y de un caso único en Sudamérica: una calle del nomenclátor capitalino dedicada a una mujer judía sobreviviente de la Shoá.

 

En el acto de nombramiento de la calle, el ex Presidente del CCCJU, Roby Schindler decía:

 

“Para que una escuela lleve tu nombre, para que estudiantes de diferentes edades y generaciones hayan escuchado tus vivencias, experiencias y enseñanzas, para haber escrito los libros que escribiste, y ahora, que una calle de nuestra capital lleve tu nombre, eso te convierte en una diferente.”

 

Mientras tanto, el intendente interino Federico Graña afirmó en la ocasión que: era “un acto de reparación histórica, de memoria y de compromiso inquebrantable con los derechos humanos”. También destacó el simbolismo del lugar y señaló que el hecho de que la calle que lleva el nombre de Ana Vinocur termine en un faro constituye una “gran justicia poética”.

Y dejó una reflexión especialmente vinculada con la memoria de la Shoá: “Si algo dejó el horror del Holocausto, fue un acuerdo con la humanidad de que había cosas que no podían pasar más”.