Abuchearon a Israel

04/Sep/2026

El País- Editorial

 

 

A partir de los incidentes ocurridos en la XV Asamblea Nacional de Derechos Humanos, la editorial de El País plantea una alerta sobre el deterioro del debate público y cuestiona que se convierta a Israel o a representantes de la comunidad judía en objeto de hostilidad y descalificación en espacios de convivencia democrática.

 

Hay un involuntario juego de palabras en nuestro título. Porque por una de esas ironías a que nos tiene acostumbrados el guionista de Dios, el ciudadano abucheado y ninguneado en un recinto universitario público por oponerse al antisemitismo, tiene como apellido justamente el nombre del mismo Estado injuriado.

 

Marcos Israel es director de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (Inddhh) y en tal calidad participó de la XV Asamblea Nacional de Derechos Humanos que tuvo lugar en el Centro Universitario Regional del Este (Cure) de Maldonado, dependiente de la Udelar. La iniciativa de la Inddhh tenía como finalidad intercambiar ideas sobre tres temas: infancia y adolescencia, salud mental y ambiente, para lo que reunió a un centenar de participantes.

 

Sin embargo, diversas organizaciones sociales aprovecharon la ocasión para divulgar una proclama acerca de un asunto que nada tenía que ver: la protesta contra la Institución por haber creado un Grupo de Trabajo sobre Antisemitismo.

 

La declaración decía lo de siempre, que ser “antisionista” no es profesar antisemitismo. Es la distinción a la moda de quienes no quieren parecerse a los nazis, aunque de verdad se asemejen. Porque el sionismo no es otra cosa que un movimiento que reivindica el derecho de los judíos a tener su propio Estado, luego de siglos de persecución que culminó con el horror del Holocausto. Hay sionistas de derecha y de izquierda; Israel es un estado democrático, a diferencia de las naciones que lo combaten. Cuestionar el sionismo es negarles ese derecho y violentar así la disposición de las Naciones Unidas que lo habilitó hace más de 70 años. Escudados en el antisionismo, lo que estos intolerantes postulan es exactamente lo mismo que mandata el grupo terrorista Hamás en el artículo 20 de su Documento de Principios Generales y Políticas del año 2017: “Hamás rechaza cualquier alternativa a la liberación total y completa de Palestina, desde el río hasta el mar”.

 

Les guste o no, cuestionar el sionismo es trabajar a favor de quienes quieren borrar a Israel del mapa. En consecuencia, proclaman un antisemitismo puro y duro.

 

Pero volvamos a la Asamblea Nacional de Derechos Humanos del viernes pasado en el Cure. Luego de que las organizaciones sociales leyeran esa declaración que estaba fuera de programa, Marcos Israel, como aludido -por haber sido el impulsor del grupo criticado- se dispuso a tomar la palabra para responder a las imputaciones. Allí se produce lo insólito: en un evento consagrado a los derechos humanos, parte de los participantes negaron el suyo a expresarse. En el momento en que el director se disponía a tomar la palabra, se levantaron, lo abuchearon y abandonaron la sala. Pero el papelón no quedó solo allí.

 

La misma Inddhh informó más tarde sobre los resultados de esta Asamblea y omitió olímpicamente toda referencia al hecho. Consultada por la revista Caras y Caretas, la directora Mariana Mota indicó que “las organizaciones sociales representan una parte fundamental de la institución, por lo que dar cabida a sus expresiones es algo absolutamente natural. Siempre he tenido mucho respeto y consideración por lo que estas opinan y por lo que aportan, porque realmente le dan vida a la institución”.

 

Admitió que ni siquiera estuvo de acuerdo con la incorporación del grupo de trabajo sobre antisemitismo: había votado en contra de la iniciativa.

 

Resulta más que preocupante que un organismo especializado en derechos humanos se muestre internamente tensionado frente a un tema tan básico como el combate a toda forma de discriminación por las ideas o credos.

 

Bien dijo el diputado colorado Gabriel Gurméndez que “este es el Uruguay que recibió exiliados republicanos por pensar distinto al régimen de Franco. Este es el Uruguay que con su bandera amparó a aquellos judíos que escapaban del totalitarismo en Europa y que les dio amparo. Acá recibimos a los anarquistas italianos cuando eran perseguidos por sus ideas en Europa. ¿Vamos a dejar que se normalice esta situación?”.

 

Si lo de esa asamblea hubiera sido un caso aislado, todavía podía interpretarse como la mera desubicación de un puñado de gentuza. Pero las expresiones de antisemitismo se vienen repitiendo de manera inquietante, y sobre todo en el ámbito de la universidad pública. Ningún favor hace en esto un gobierno que se debate entre la tímida neutralidad del Poder Ejecutivo y el descarado discurso antijudío del partido que lo sustenta