El médico israelí que voló toda una noche a Rwanda para salvar el corazón de un bebé

07/Ago/2026

Israel Económico- por Daniela Cohen

 

 

Cuando su discípulo lo llamó desde Kigali, el doctor Assa no dudó: no iba a ayudarlo a la distancia, a través de una videoconferencia. Sacó un boleto de avión y viajó al corazón de África

 

Cuando el pequeño Angel llegó al centro médico King Faisal de Kigali, en Rwanda, tenía apenas once días de vida y una grave malformación cardíaca, había pasado por cuatro hospitales antes de llegar a la capital y el tiempo jugaba en contra: necesitaba una intervención compleja que podía definir si tendría una oportunidad de sobrevivir.

 

El caso llegó a manos del doctor Gerard Misago, un cardiólogo pediátrico ruandés que acababa de regresar a su país después de tres años de formación en Israel.

 

Para Misago, la situación era especialmente compleja: era el único especialista en Rwanda capaz de realizar ese tipo de procedimiento y tenía frente a él a un paciente de apenas 2,6 kilos que necesitaba una intervención de alto riesgo.

 

Ante la dificultad del caso, Misago supo que necesitaba a alguien con más experiencia a su lado, alguien en quien confiar totalmente. Entonces hizo una llamada a Israel, al médico que había sido su mentor durante esos tres años de entrenamiento: ¿podría ayudarlo a la distancia?

 

Pero esta es una historia extraordinaria, que involucró también a otro protagonista, el doctor Sagi Assa, un destacado miembro de Save a Child’s Heart (SACH), la organización humanitaria israelí que, desde 1995 y con base en el Hospital Wolfson, en Holon, viene entrenando a cientos de especialistas de países en desarrollo y salvando miles de vidas.

 

Para Assa no había nada que pensar, no iba a ayudar a su discípulo en Rwanda a través de una videoconferencia: sacó un boleto de avión y salió hacia Kigali. Partió desde Tel Aviv poco después de la medianoche, recorrió 4.000 kilómetros vía Addis Abeba y llegó a Kigali a las 10 de la mañana.

 

La intervención (cuyos detalles trascendieron recientemente) se realizó en el centro médico King Faisal con la participación de Misago y de la doctora Christine Niyibogora, una anestesióloga cardíaca pediátrica ruandesa que también había recibido formación en Israel a través del programa de Save a Child’s Heart.

 

El procedimiento, conocido como valvuloplastia pulmonar con balón, consistió en introducir un catéter hasta el corazón del bebé para abrir la válvula pulmonar obstruida y permitir nuevamente el flujo adecuado de sangre hacia los pulmones. En un recién nacido de apenas 2,6 kilos, la operación implicaba un riesgo elevado: los vasos sanguíneos tienen apenas unos milímetros de diámetro y un error podía tener consecuencias graves.

 

La intervención fue exitosa. En pocas horas, Angel fue estabilizado en terapia intensiva, dejó el respirador y pudo volver junto a su madre para alimentarse. Assa permaneció en Rwanda el tiempo necesario para acompañar el procedimiento y luego emprendió el regreso a Israel, completando el viaje de ida y vuelta en menos de treinta horas.

 

Citado por el portal israelí Ynetnews, Assa describió el episodio como «la culminación de tres años de capacitación y colaboración».

 

Ver a Misago y a su equipo «desempeñarse de manera tan excepcional bajo alta presión demuestra que Rwanda ahora cuenta con la capacidad y la confianza necesarias a nivel local para tratar afecciones cardíacas complejas de forma independiente», añadió.

 

Atención de primera calidad, sin tener que salir del país

 

El sitio destacó además que, «hasta hace poco, un recién nacido con la condición de Angel probablemente habría requerido una evacuación de emergencia para recibir tratamiento en el extranjero, si dicho tratamiento hubiera podido organizarse a tiempo».

 

Pero, como remarcaron voceros de SACH, la operación conjunta —que tuvo al doctor Misago como líder y a su colega israelí apoyando— estableció «un hito clave en el programa independiente de cardiología pediátrica de Kigali».

 

De esta manera, se está «ayudando a garantizar que los niños de Rwanda nacidos con defectos cardíacos congénitos puedan recibir atención médica de primer nivel en su propio país» sin tener que salir al exterior, ni siquiera al Wolfson de Holon.

 

Como explicó el doctor Assa, «el trabajo de un mentor es hacerte independiente, no mantenerte dependiente».

 

Juntos, Misago y Assa «operaron, juntos salvaron una vida», relataron desde SACH a través de las redes sociales. «De eso se trata Save a Child’s Heart —completaron—, de formar a la próxima generación de médicos y acompañarlos en cada paso del camino».