Antisemitismo solapado

22/Jul/2026

CR Hoy- Por Amín Majchel y Eric Scharff

 

 

Los antisemitas se cuidan mucho de no revelarse como son y, para ocultar su prejuicio hacia los judíos, recurren a la máscara del antisionismo. «No soy antisemita, sino antisionista», exclaman muy ufanos; sin embargo, en un análisis del discurso, no pasan la prueba.

 

Las redes sociales y, con menor impacto, las calles, son el escenario de sus comentarios. Algunos hablan por desconocimiento, pues no saben el significado de sionismo; otros, porque verdaderamente desean defender la causa palestina, pero tampoco se esfuerzan por aprender el trasfondo del movimiento sionista. El tercer grupo es preocupante. Lo componen personas con capacidad para comprender qué es el sionismo y distinguirlo del antijudaísmo, pero prefieren hacerse las ignorantes y llevar al despeñadero a los integrantes de los dos grupos anteriores.

 

«El sionismo es el movimiento por la autodeterminación y la creación de un Estado para el pueblo judío en su patria ancestral, la tierra de Israel. La gran mayoría de los judíos en todo el mundo sienten una conexión o afinidad con Israel, independientemente de que se identifiquen explícitamente como sionistas o no, y sin importar sus opiniones sobre las políticas del gobierno israelí». Esta es la definición de la Liga Antidifamación y con la cual concuerda la gran mayoría de los integrantes de la comunidad judía.

 

No obstante, con demasiada frecuencia se asocia el sionismo con la política de asentamientos, pero la realidad es mucho más compleja, y comete un error quien pretende definir a toda una colectividad por las acciones o posiciones de un grupo.

 

Precisamente esa simplificación del debate es aprovechada por organizaciones y movimientos como el BDS para impulsar campañas de boicot contra Israel e imponer como incuestionables sus interpretaciones, que siguen siendo objeto de controversia en los ámbitos jurídico y político.

 

Un seguimiento, desde el 16 de junio, a comentarios publicados en Facebook, Instagram y X, principalmente a raíz del TLC entre Costa Rica e Israel y de la detención de un palestino con aparentes vínculos con la organización terrorista Hamás, revela un patrón discursivo en el que el antisionismo sirve, en numerosos casos, como vehículo para la expresión de prejuicios antisemitas.

 

Uno de los ejemplos más claros son las expresiones registradas durante una conferencia de prensa convocada, el jueves 25 de junio, en la Asamblea Legislativa.

 

Durante la actividad se hizo referencia a Israel como «sionista» y «genocida», se habló del «capital sionista que ha metido sus tentáculos en todo el mundo», del «lobby sionista» y del boicot a las empresas israelíes.

 

Ese lenguaje recuerda estereotipos clásicos del antisemitismo, como el «control oculto del mundo», el «poder financiero internacional», la «conspiración internacional» y la «influencia secreta sobre los gobiernos». Históricamente esos estereotipos se atribuían a «los judíos», más aquí aparecen atribuidos al supuesto «capital sionista».

 

Cabe recordar que una de las tácticas antisemitas del pasado consistió en promover el boicot a empresarios judíos, restringirles la práctica de determinadas actividades económicas y limitar su derecho a ejercer ciertas profesiones. Durante el régimen nazi, esas medidas fueron mucho más lejos, y el Estado impulsó el boicot a los negocios judíos y, posteriormente, confiscó o forzó la transferencia de fábricas, comercios y otras propiedades a manos de gente afín al gobierno.  Ya sabemos lo que sucedió después.

 

Para el antisemitismo moderno, «sionista», «israelí» y «judío» funcionan como sinónimos. La generalización es «todo judío es israelí», lo cual es falso.

 

A muchos judíos costarricenses se nos coloca la etiqueta de israelíes, aunque nacimos en Costa Rica, tenemos pasaporte tico y votamos en Costa Rica. Dejamos, como decimos popularmente, el ombligo en alguna de las siete provincias nacionales.

 

Ergo, para el antisemitismo, si se es empresario israelí se tiene que ser sí o sí judío y, por ende, también «sionista».  Y el mismo razonamiento para los que somos judíos, entonces se asume que somos israelíes, y nos acusan de «sionistas». ¿Notan el matiz?

 

Objetivamente, no todo empresario israelí es judío, porque Israel tiene ciudadanos árabes musulmanes, cristianos, drusos, circasianos y de otras comunidades que también son empresarios.  Ni tampoco todo judío es israelí.

 

En las redes sociales, donde resulta más fácil ocultar la identidad mediante avatares, nombres ficticios o perfiles restringidos, el antisemitismo enmascarado aparece con abundancia.

 

Uno de los comentarios afirma que «hasta los narcos que nunca se caen en CR son judíos sionistas». Aquí prácticamente desaparece la diferencia entre ambas categorías.

 

Otro comentario llama a «evitar que los judíos se queden con todo porque ya son dueños de la mayoría». Este ya no es antisionismo; es un estereotipo antisemita clásico.

 

Otro comentario dice: «Nos invaden los sionistas». Históricamente, el antisemitismo sostuvo —sobre la base de teorías conspirativas— que «los judíos invaden». En el discurso actual, «los sionistas invaden». El patrón narrativo permanece; solo cambia el sustantivo.

 

Un caso que merece un estudio más profundo es el de una cuenta cuyo antisemitismo solapado la lleva a afirmar: «Protejamos a Nosara del sionismo».

 

Esa expresión, por sí sola, no basta para calificar el mensaje como antisemita. Sin embargo, analizada junto con otras publicaciones del mismo perfil sobre empresarios judíos, israelíes en Nosara, control económico y apropiación del territorio sin aportar evidencia que respalde esas afirmaciones, el término «sionismo» funciona como una categoría que engloba a residentes israelíes y, en algunos casos, a empresarios judíos.

 

No es necesario, por tanto, ser un genio para detectar el uso del término sionismo como sustituto discursivo cuando aparece asociado a narrativas históricas del antisemitismo, como el control económico y político, la conspiración internacional, la doble lealtad, la infiltración institucional y la culpabilidad colectiva.

 

Es decir, determinadas expresiones de antisionismo reproducen estereotipos tradicionalmente dirigidos contra las personas judías.

 

No toda persona que critica a Israel ni toda persona que abraza la causa palestina es antisemita. Afirmarlo sería tan injusto como negar que el antisemitismo existe y que, en ocasiones, se expresa bajo el lenguaje de una causa política legítima.

 

Por otra parte, existe una notable diferencia entre apoyar al Estado de Israel y apoyar al gobierno de turno en Israel. En el razonamiento lógico no debería haber cabida para la confusión; no obstante, se sigue tomando el todo, por una parte.

 

Valga este artículo para contribuir a llamar las cosas por su nombre. Ya somos muy grandes para dejarnos llevar por máscaras y disfraces.