17-11-2011
LA BITÁCORA CLAUDIO FANTINI
Cuando EE.UU. obligó a británicos y franceses a poner fin a la guerra contra Egipto en 1956, el general De Gaulle convocó al físico Yves Rocard para construir la bomba atómica, de modo que jamás pudiera otra potencia dar órdenes a París. Por eso el mundo siempre fracasó en los intentos de que cesen las pruebas francesas en el Atolón de Mururoa.
Irán quiere que el mundo acepte su plan nuclear igual que aceptó, resignado, los dañinos ensayos galos. A diferencia de París, Irán niega una faz militar en su proyecto. El hecho es que una serie de señales advierten la inminencia de un ataque israelí. En la Knesset, cada vez son más las voces que dicen que mientras más se tarde en atacar, más riesgo hay. Dicho de otro modo: el ataque debe ser ahora, que Irán no tiene bombas atómicas, más adelante puede ser demasiado tarde.
En rigor, que Irán no pueda todavía fabricar su bomba, no implica que esté imposibilitada de una respuesta nuclear. Al fin de cuentas, no es posible descartar que regímenes como el norcoreano hayan vendido a Teherán ojivas listas para ser montadas en misiles. Así como el físico paquistaní Abdel Khader Khan vendió a los norcoreanos la receta para fabricar la bomba, bien pudo el régimen de Kim Jong Il vender ojivas a Teherán. Tampoco puede descartarse que el poder militar paquistaní venda parte de su arsenal. ¿Por qué no desconfiar, si mientras el gobierno estaba oficialmente en guerra contra Al Qaeda, Osama bin Laden vivía cómodamente en Pakistán?
El mundo está ante dos posibles escenarios: en uno, el régimen encabezado por figuras tan radicales como Mahmud Ahmadinejad, posee arsenales nucleares; en el otro, Israel lanza ataques sobre los centros de desarrollo nuclear iraní en Bushehr, Isfahan, Natanz, Arak, Qom y Lashkar Abad. En este escenario, la Guardia Revolucionaria puede responder, por un lado, desatando la guerra asimétrica contra Israel a través de Hamás en el sur e Hizbolá en la Alta Galilea; y por otro lanzando misiles contra Tel Aviv. Que esos misiles lleven o no ojivas atómicas, puede no tener que ver con el tiempo que necesita el proyecto iraní para construir sus bombas. Ergo, el segundo escenario implica abrir una caja de Pandora.
Irán en la mira
17/Nov/2011
El País, Claudio Fantini