En el marco del 32º aniversario del Atentado contra la AMIA, se realizó ayer en Buenos Aires una jornada de reflexión sobre antisemitismo y discriminación. Estuvieron presentes en la misma los abogados Jaime Apoj y Leonardo Narancio, del CCIU, y entre los oradores estuvo la ministra de la Suprema Corte de Justicia de nuestro país, Bernadette Minvielle.
A 32 años del atentado a la AMIA, referentes judiciales de la región debatieron sobre antisemitismo
Jueces de Argentina, Uruguay y Paraguay participaron de una jornada de reflexión en la UBA, a días del aniversario del ataque.
El presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Horacio Rosatti, sostuvo que la calidad de una democracia «no es solo que es el gobierno de la mayoría, porque los totalitarismos también son mayorías», sino el modo en que esa sociedad «trata a las minorías, a los más vulnerables». La afirmación llegó durante una jornada de reflexión sobre antisemitismo y discriminación organizada por el Congreso Judío Latinoamericano (CJL) en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en el marco del 32° aniversario del atentado contra la sede de la AMIA.
El encuentro se realizó a dos días de cumplirse el aniversario del ataque terrorista contra la Asociación Mutual Israelita Argentina, ocurrido el 18 de julio de 1994 y que dejó 85 muertos y cientos de heridos. El evento fue organizado en conjunto con la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), la propia AMIA, la Comunidad Judía del Paraguay y el Comité Central Israelita de Uruguay, y reunió a un importante número de funcionarios judiciales de la región.
Un panel con jueces de tres países
Junto a Rosatti expusieron Bernadette Minvielle Sánchez, ministra de la Suprema Corte de Justicia de Uruguay, y Manuel Ramírez Candia, ministro de la Suprema Corte de Justicia de Paraguay. Ramírez Candia advirtió que «los actos antisemitas no solamente atentan contra la libertad religiosa, sino sobre una gran cantidad de derechos humanos, sobre todo contra la voluntad humana». Por su parte, Minvielle Sánchez señaló que «cuando se trata de un delito de odio no solo hay que escuchar a las víctimas directas, sino a toda la comunidad», y remarcó la necesidad de ofrecerle «todas las herramientas al alcance».
Rosatti profundizó además el concepto de memoria, al distinguir entre el recuerdo de un hecho puntual y lo que definió como «memoria ejemplar»: «aquella que partiendo del pasado va hacia el presente para no olvidar (…) algunos hechos tienen una matriz similar, una enseñanza hacia el futuro que hace que merezcan ser recordados».
La advertencia sobre el origen del odio
El decano de la Facultad de Derecho de la UBA, Leandro Vergara, dio la bienvenida a los presentes y sostuvo que «el odio no distingue, por eso la respuesta al odio no puede ser de una sola comunidad», en referencia a las velas encendidas cada 18 de julio en homenaje a las víctimas.
El director ejecutivo del CJL, Claudio Epelman, planteó una lectura sobre los procesos históricos de discriminación: «los hechos terribles como los que ocurrieron a lo largo de la historia no nacen espontáneamente», dijo, y recordó que el Holocausto «no comenzó en Auschwitz sino con la segregación y discriminación a los judíos en años previos».
En la misma línea, Mariano Borinsky, juez de la Cámara Federal de Casación Penal y comisionado para la Diplomacia Judicial del CJL, planteó que «la impunidad nunca puede convertirse en una resignación» y que la memoria «solo conserva su sentido cuando se traduce en instituciones más fuertes y un compromiso efectivo con la verdad».
El cierre estuvo a cargo de Jorge Knoblovits, secretario general del CJL, quien resumió el espíritu de la jornada al afirmar que «donde hay un derecho de las minorías hay una obligación de las mayorías, acerca de que ese derecho sea respetado».