El dinero catarí hizo su trabajo: así compraron las prestigiosas universidades de Estados Unidos

06/Jul/2026

Maariv (desde Hatzad Hasheni)

 

 

Una nueva investigación sostiene que miles de millones de dólares provenientes de Catar fueron destinados a prestigiosas universidades estadounidenses y, a cambio, el emirato obtuvo prestigio, influencia y protección frente a las críticas, generando interrogantes sobre la libertad académica, la transparencia y la independencia institucional.

 

En los últimos años, Catar se ha consolidado como un importante centro académico internacional. Sin embargo, detrás de los modernos campus y de las enormes inversiones, crece la crítica sobre el precio que las universidades estadounidenses pagan a cambio del dinero catarí. Una nueva investigación publicada por JNS describe cómo el rico emirato logró comprar prestigio e influencia mediante miles de millones de dólares destinados a instituciones académicas de primer nivel en Estados Unidos.

 

Según la investigación, seis universidades estadounidenses —entre ellas Cornell, Georgetown, Northwestern, Carnegie Mellon, Virginia Commonwealth University y la Universidad de Texas— establecieron sedes en Doha como parte del proyecto “Education City” (Ciudad de la Educación), recibiendo a cambio financiamiento multimillonario. En algunos casos se trata de cientos de millones de dólares y, en otros, de montos estimados en más de mil millones e incluso cerca de dos mil millones de dólares a lo largo de los años de funcionamiento.

 

Sin embargo, junto con el dinero, los críticos sostienen que las universidades debieron operar de acuerdo con las leyes de Catar y respetar las normas religiosas y sociales vigentes en ese país. La investigación también señala la falta de transparencia en los acuerdos de financiamiento y la existencia de cláusulas que otorgaban a organismos cataríes influencia sobre la propiedad intelectual, los presupuestos e incluso, en algunos casos, sobre modificaciones en los planes de estudio.

 

Con el paso de los años, las críticas también surgieron desde el propio ámbito académico. Profesores y estudiantes advirtieron que operar en un país donde existen restricciones a la libertad de expresión, a los derechos de las mujeres, de la comunidad LGBT y de los trabajadores extranjeros resulta incompatible con los valores que proclaman las universidades estadounidenses. En uno de los casos, incluso se informó que una profesora perdió su puesto después de expresar posiciones proisraelíes en las redes sociales.

 

La cooperación entre la Universidad Northwestern y la cadena Al Jazeera también generó controversia. Según el informe, la universidad colaboró en la formación de periodistas para el medio estatal catarí, y altos funcionarios de la institución advirtieron hace años que la libertad de expresión en el campus de Doha estaba significativamente más limitada que en Estados Unidos. A pesar de las recomendaciones para modificar los términos de la asociación, la investigación sostiene que nunca fueron implementadas.

 

Uno de los casos más destacados fue la decisión de la Universidad de Texas de cerrar su campus en Catar tras más de dos décadas de funcionamiento. Oficialmente, la decisión fue atribuida a un cambio de prioridades. Sin embargo, trascendieron afirmaciones según las cuales Catar habría obtenido acceso a propiedad intelectual e investigaciones sensibles en áreas como inteligencia artificial, robótica, ciberseguridad e incluso investigación nuclear, una preocupación que generó un amplio debate público en Estados Unidos.

 

Pese a las críticas, las colaboraciones continúan expandiéndose. Recientemente, la Fundación Catar anunció nuevos acuerdos con otras universidades estadounidenses para permitir que estudiantes cursen un semestre en instituciones académicas ubicadas en Doha. Tampoco en esta ocasión se revelaron los montos económicos involucrados.

 

Nito Arnold, investigadora del National Center for Scholars (National Association of Scholars), resumió las críticas con una frase contundente: según ella, las universidades “no le exigen nada a Catar, salvo su dinero”. De esta manera, sostiene, el emirato puede continuar manteniendo un régimen no liberal y su estilo de vida islámico conservador sin recibir críticas significativas por parte de esas mismas instituciones, mientras que las universidades se benefician de una enorme fuente de ingresos y de la expansión de sus actividades más allá de las fronteras de Estados Unidos.