Por Lic. Rafael Winter
En el mes de diciembre del año 1996 la Asamblea General de las Naciones Unidas invitó a los estados miembros a que el 16 de noviembre de cada año observaran el Día Internacional para la Tolerancia. Previamente, un año antes, el 16 de noviembre de 1995 los estados miembros de la UNESCO habían aprobado la Declaración de Principios sobre la Tolerancia.
Obviamente, no nos estamos refiriendo a la connotación negativa del término (“te tengo que tolerar) a lo que sería “tolerancia y una mal disimulada reprobación”, sino por el contrario, a lo que entendemos por “tolerancia y aprobación” es decir tolerancia “positiva”.
Hay quienes han definido la tolerancia como “la capacidad de aceptación de una persona a otra persona o grupo, cuyos valores o normas establecidas por su sociedad son diferentes a las suyas. Es el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias. Es la actitud que una persona tiene, respecto de aquellos cuyos valores son diferentes. Es la capacidad de escuchar y aceptar a los demás, comprendiendo el valor de las distintas formas de entender la vida”.
Otra definición de tolerancia: “es la capacidad de vivir y dejar vivir a los demás, la capacidad de tener sus propias convicciones, aceptando que los otros tengan las suyas, la capacidad de gozar de sus derechos y libertades sin vulnerar las del prójimo”.
La tolerancia no es precisamente el valor que más ha caracterizado a la humanidad. Desde los orígenes y hasta el día de hoy es más bien su contrario -la intolerancia abierta o encubierta- la que ha predominado.
Demás está decir que tolerancia se relaciona directamente con el respeto a la diversidad. La comprensión y el respeto a todo lo que es “diferente”, ya sea en materia sexual, racial, religiosa o lo que fuere. La tolerancia es la base del respeto mutuo entre las personas, las sociedades, las comunidades y dentro de las mismas.
Es “el acto de acercarse a los demás y ver las diferencias no como barreras sino como una invitación al diálogo y a la comprensión”.
Aún queda mucho por hacer. En todos los ámbitos. La tolerancia debe ser enseñada. La educación dentro y fuera de las escuelas -comenzando por la propia familia- es fundamental para reforzarla.
Si así lo haremos, seguramente habremos de tener mucho más éxito en nuestra eterna lucha contra el odio, el fanatismo, y la discriminación.
Día de la Tolerancia
15/Nov/2011
Lic. Rafael (Rufo) Winter