Las granjas terapéuticas en Israel se convirtieron en una innovadora herramienta de rehabilitación emocional y tratamiento del trastorno de estrés postraumático (PTSD) tras años de conflictos y especialmente después de la masacre del 7 de octubre de 2023.
A través del trabajo agrícola, el contacto con animales y la vida comunitaria, la organización Rimon Farms busca ayudar a soldados, sobrevivientes, profesionales de emergencia y jóvenes en situación de vulnerabilidad a reconstruir sus vidas.
El proyecto nació de la propia experiencia traumática de su fundador, Nir Amitay, exintegrante de una unidad encubierta del ejército israelí. En 2016 sobrevivió a un atentado terrorista en un bar de Tel Aviv cuando un atacante abrió fuego y asesinó a dos personas.
“Sentí que estaba mirando a la muerte”, recordó Amitay en declaraciones publicadas por The Times of Israel.
Aunque regresó rápidamente al servicio militar, años más tarde comenzó a sufrir síntomas físicos y emocionales vinculados al trauma. Tras dejar el ejército luego de 17 años de servicio, decidió crear una iniciativa que combinara naturaleza, agricultura y acompañamiento terapéutico.
Así nació en 2021 la primera granja de la asociación Rimon Farms, ubicada en el bosque de Lahav, al norte de Beersheba.
Desde entonces, el proyecto ya asistió a unas 10.000 personas mediante 25 programas diferentes, con actividades que van desde jornadas breves hasta procesos de rehabilitación de dos años.
Naturaleza, animales y trabajo físico para sanar el trauma
La propuesta de las granjas terapéuticas parte de una idea central: el trabajo con la tierra y los animales puede ayudar a reconectar emocionalmente a personas afectadas por traumas severos.
“Hoy entendemos que la terapia convencional no es suficiente”, explicó Amitay.
Las actividades incluyen pastoreo de ovejas, apicultura, huertas, carpintería, plantación de árboles y cuidado de viñedos. Según los organizadores, el esfuerzo físico permite liberar tensiones acumuladas mientras que el contacto con la naturaleza ayuda a recuperar estabilidad emocional y sentido de pertenencia.
“Ver crecer una planta nos da esperanza de que nosotros también podemos florecer”, señaló el fundador.
Actualmente, la organización opera cuatro granjas principales: Rimon, destinada a jóvenes en riesgo; Lahav y Shekef, enfocadas en PTSD; y Or Haner UJA, orientada a rehabilitación comunitaria. También administra un centro para mujeres vulnerables en Netivot y un café social en Beersheba.
El proyecto recibió apoyo del Ministerio de Defensa israelí, el Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de Seguros. Muchos participantes llegan derivados directamente por médicos y hospitales especializados en salud mental.
El crecimiento del programa se aceleró especialmente después de la tragedia de Itzik Saidyan, un exsoldado israelí que se prendió fuego frente al Departamento de Rehabilitación en 2021 tras años denunciando dificultades para acceder a tratamiento psicológico.
Ese episodio generó un fuerte debate nacional sobre la atención a veteranos con PTSD y derivó en nuevos programas estatales de asistencia.
El impacto del 7 de octubre y la expansión hacia Gaza
Tras el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023, Rimon Farms amplió su misión. Además de soldados y sobrevivientes directos, comenzaron a trabajar con lo que llaman el “círculo secundario”: docentes, médicos, enfermeros, trabajadores sociales, policías y familiares de reservistas afectados indirectamente por la guerra.
La organización sostiene que prevenir el PTSD antes de que se cronifique es uno de los grandes desafíos actuales de la sociedad israelí.
En ese contexto, Rimon Farms lanzó recientemente una campaña de recaudación de cinco millones de shekels (aproximadamente 1,7 millones de dólares) para construir dos nuevas granjas terapéuticas en los kibutzim Nahal Oz y Holit, ambos ubicados cerca de la frontera con Gaza y severamente golpeados durante la invasión de Hamas.
“Entendimos la importancia de ayudar a las comunidades cercanas a Gaza”, explicó Amitay.
Uno de los testimonios más impactantes es el de Gal Rom, reservista israelí de 35 años oriundo de Sderot. Tras pasar más de 420 días en servicio militar, incluyendo operaciones en Líbano, comenzó a sufrir insomnio, aislamiento, ataques de ira y consumo problemático de alcohol.
“Sentía que estaba muerto en vida”, contó.
Luego de participar en el programa terapéutico de Lahav, asegura haber dejado el alcohol y el cigarrillo, además de mejorar parcialmente su descanso.
“La granja te ayuda a reconectarte y formar parte de una comunidad que entiende lo que viviste”, afirmó.
Reuters informó en distintos reportes posteriores al 7 de octubre que Israel enfrenta un fuerte aumento en los casos de trauma psicológico y estrés postraumático tanto entre soldados como en la población civil afectada por la guerra.
Especialistas en salud mental advirtieron que el impacto emocional del conflicto podría extenderse durante años, especialmente en comunidades cercanas a Gaza.