En medio de la creciente tensión regional, el presidente libanés rompe con décadas de retórica al señalar a Hezbolá como responsable de arrastrar al país al conflicto, defendiendo las negociaciones con Israel como un camino necesario y no una traición.
Hace ya tiempo que está sobre el tapete la discusión dentro del Líbano sobre el daño que la organización terrorista Hezbolá hace al país y a su población, al usar el territorio libanés como base de ataques contra Israel. Si bien está claro que sigue habiendo un sector de la población, especialmente los chiitas, aunque no todos, que apoyan a Hezbolá, ha ido en notorio aumento en los últimos años el criticismo a la organización creada por Irán hace más de cuatro décadas, por su accionar dentro del Líbano de acuerdo a los intereses de Irán. Son numerosos los libaneses que entienden que es por Hezbolá que hay acciones militares israelíes en Líbano, con el declarado objetivo de tratar de frenar y desarmar a la organización.
Lo singular de la situación actual, es que, desde el año pasado, el presidente de Líbano es una figura que dice claramente lo que otros nunca osaron, al menos no como él: que Hezbolá debe ser desarmado y que no tiene derecho a arriesgar a la población libanesa por sus intereses pro iraníes. Se trata del general George Aoun, que por defender a Líbano, no a Israel, dice la verdad.
En la práctica, no ha logrado —y no está claro que lo ha intentado con la energía suficiente— concretar su promesa de desarmar a Hezbolá. Pero su retórica no tiene precedentes. Este lunes marcó un nuevo hito al respecto.
Al responder a las acusaciones del jefe de Hezbolá Naim Qassem, que criticó duramente al gobierno libanés por haber iniciado negociaciones directas con Israel diciendo que eso es traición, George Aoun fue tajante: “¿Acaso ustedes en Hezbolá garantizaron consenso nacional cuando iniciaron una guerra?”, preguntó Aoun retóricamente a Hezbolá. Y agregó: “Ir a negociar no es traición. Traición es arrastrar a tu país a una guerra para servir a intereses foráneos”.
Más claro, imposible.
La verdad, cuesta entender al escribir estas líneas, cómo es que sigue habiendo quienes, desde los medios o marcos políticos, condenan a Israel por sus acciones en Líbano, cuando está claro que fue Hezbolá el agresor desde el comienzo. No es cuestión de narrativas sino de hechos concretos en el terreno. Y este lunes hubo otro ejemplo claro, cuando un dron de Hezbolá estalló a 300 metros de una escuela en el norte de Israel. Fuertes imágenes de los niños corriendo a buscar refugio cuando estaban en ómnibus en camino a la escuela, recorrieron las redes en Israel y desataron una tormenta en el norte del país.
Hezbolá no deja lugar a dudas, combate en dos frentes. Por un lado, viola constantemente el alto el fuego con Israel, ataca con cohetes y drones tanto a las localidades civiles del norte de Israel como a las tropas israelíes estacionadas en el sur libanés, y, por otro, lanza amenazas y advertencias contra el gobierno de Beirut por negociar con Israel.
Hezbolá no es lo que era antes de la guerra en la que Israel le asestó durísimos golpes. Pero evidentemente, es mucho más fuerte aún de lo que muchos pensaban o dieron a entender.
– Una alta fuente de Hezbolá dice que pasarán a las tácticas de los años 80, de enviar suicidas a acercarse a las tropas israelíes en el sur libanés. Lo que evidentemente no dicen en la organización, es que no habría ni un soldado israelí en Líbano si no fuera necesario frenar a Hezbolá y tratar de impedir que siga atacando. Lo mismo respecto a las declaraciones de su jefe diciendo que Hezbolá no permitirá que haya ni un soldado en un centímetro de territorio libanés. Querrá sonar a heroico y luchador de resistencia, pero no podrá ocultar que antes de los ataques de Hezbolá a Israel no había ninguna presencia militar israelí en el sur libanés.
– Naim Qassem publicó un comunicado con varios puntos concretos que dejan en claro su encare: exige al gobierno de Líbano dejar de negociar con Israel, aclara que no depondrán nunca las armas y reparte loas a Irán diciendo que sin su intervención nunca se habría logrado alto el fuego.
– Pues este último punto requiere una aclaración. Está claro que el presidente Trump impuso el alto el fuego, para que eso le sirva en sus contactos con Irán en las negociaciones, que ahora de todos modos no se llevan a cabo. Pero en la práctica Hezbolá violó el alto el fuego desde el principio. Y como Israel contestó, intensificó sus ataques. En la práctica, el alto el fuego no existe. La única salvedad al respecto es que Israel se ha abstenido en general, por la declaración de alto el fuego, de atacar a Hezbolá en Beirut y tierra adentro en el Valle del Líbano y se limitaba a hacerlo en el sur libanés solamente, cuando había violaciones de su parte. Este lunes, por primera vez en tres semanas, Israel confirmó haber atacado a Hezbolá en la Beqa, la zona del valle.
– Hezbolá pretende fijar una retórica de heroísmo y presentarse como protector del Líbano, diciendo su jefe: “no nos rendiremos”, “no traicionaremos la sangre de los mártires” y que “el pueblo libanés volverá a sus tierras, hasta el último centímetro”. Pero miente al ocultar que la única razón por la que el ejército israelí llamó a la población de numerosas aldeas del sur, salvo aldeas cristianas, a abandonar el lugar y desplazarse hacia el norte, es que Hezbolá usó todo ese espacio en el sur libanés como zona de guerra contra Israel. Y la declarada intención de Israel es “limpiar” esa zona de terroristas. Así como sucedió en la Gaza de Hamás, Israel halló armas y cohetes en escuelas, captó ambulancias trasladando terroristas y a hombres de Hezbolá abusando de iglesias y monasterios. Ni un libanés habría sido desplazado de no ser por los pecados de Hezbolá, que sigue arriesgando a la población civil para servir los intereses del régimen extremista iraní.