Leone Efrati, el boxeador que prefirió morir en el campo de exterminio

20/Abr/2026

Libertad Digital, España- por Tolo Leal

 

 

El 16 de abril de 1945 fallecía en el campo de concentración de Auschwitz Leone Efrati. Un boxeador exitoso. Uno de los mejores de su generación. Pero, al fin y al cabo, un judío. Y eso, a pesar de su fama y su gloria, era una sentencia de muerte. Era uno de los mejores boxeadores del momento. Un hebreo romano que triunfaba en Estados Unidos. Pero decidió regresar cuando peor estaban las cosas.

 

Nacido en Roma el 16 de mayo de 1916, el boxeo siempre fue su pasión. Sin haber alcanzado los 20 años ya competía como profesional contra los mejores boxeadores peso pluma de todo el país. El bagaje durante su primer año deja a las claras que estaba naciendo una estrella: 10 combates, 6 victorias, 2 nulos y 2 derrotas a los puntos. Apodado de modo cariñoso Lelleto, pronto se da cuenta de que Italia se le queda pequeña, y a finales de 1937 se desplaza a Francia.

 

Ahí Efrati continúa su ascenso meteórico y en apenas un año se traslada nuevamente, en esta ocasión a Estados Unidos. Es el destino final para llegar al estrellato. Y enseguida se gana el corazón de los fieles aficionados estadounidenses. Es cierto que allí se vive con mayor fervor los combates entre pesos pesados. Es la época en que Joe Louis acaba de derrotar a Max Schmeling, el gran campeón nazi que luchó contra el nazismo. Pero el menudo boxeador italiano, con su estilo, ligereza y dureza, también es muy querido.

 

Tras diversos combates por todo el país alcanza Chicago. La tierra del vigente campeón mundial, el estadounidense de origen ucraniano Leo Rodak. Se impone de manera contundente a Frankie Covelli, y logra así la gran oportunidad de luchar por el título mundial.

 

El gran combate

 

El 29 de diciembre de 1938, en el Coliseum de Chicago, se celebra el combate entre Efrati y Rodak, defensor del título de campeón del mundo de peso pluma. Un combate que genera gran expectación, con las gradas repletas, con la mayoría animando al héroe local, pero también lleno de italianos que alientan a su nuevo ídolo.

 

Las crónicas hablan de un combate igualado. Tanto, que se tuvo que decidir por el voto de los jueces. Sin unanimidad, se le dio la victoria a Rodak. La gloria se le escapa de entre los dedos a Leone Efrati. Pero a pesar de ello, es todo un éxito para el boxeador italiano. Solo hacía dos años que comenzaba a pelear en su ciudad natal, y ahora había llegado a la meca del boxeo mundial. La Asociación del Boxeo Internacional le incluye en el top ten de los mejores peso pluma del mundo.

 

La sentencia de volver a casa

 

Tras el combate los vientos inquietantes que soplan en Europa, y especialmente en su Italia natal, llegan a Estados Unidos. Efrati, como afamado boxeador de talla mundial y optante a un cinturón mundial, podría haberse quedado en Estados Unidos. Se le hubiera permitido residir de manera permanente en el país. Pero quiere regresar a estar con los suyos. Esos que, por ser judíos, estaban siendo castigados con trabajos forzados o, peor, con la muerte.

 

Pasará varios años malviviendo, con la prohibición de pelear e incluso de entrenar en ningún recinto ni club. Por ser judío.

 

Y en mayo del 44 es arrestado en Roma, y deportado al campo de concentración de Auschwitz. De ahí será trasladado a Ebensee, subcampo de Mauthausen. Como sucediera con otros boxeadores judíos, como Victor Young Perez o Harry Haft, Efrati es forzado a peleas continuas para entretenimiento de los nazis. Combate contra otros deportados. Combate contra algunos guardias, todos ellos con mucho mejor estado físico que él. Pero consigue vencer. Siempre. Aquello le mantiene con vida…

 

Hasta que el 15 de abril de 1945, y a escasas tres semanas de que el campo fuera liberado, sucede algo que Leone Efrati no podrá perdonar. Su hermano, que también se encuentra en Auschwitz, ha sido salvajemente golpeado por los kapos del campo. Hasta dejarlo al borde de la muerte. Leone reacciona. Busca justicia. Es lo único que le queda de dignidad humana en aquella horrible situación de vida. Empieza a golpear a uno, dos, tres… pero son demasiados. Le reducen. Y entre todos, le apalean.

 

Pocas horas después, y junto a su hermano, es enviado al horno crematorio.