Roby Schindler: “El antisemita se intenta disfrazar de otra cosa”

14/Abr/2026

 

 

En el día de ayer, el Movimiento de Lucha contra el Antisemitismo (CAM) abrió en Montevideo un Foro de Legisladores Latinoamericanos. En el acto de apertura, hizo uso de la palabra el Presidente del CCIU Roby Schindler. A continuación, compartimos las expresiones de Roby.

 

Bienvenida a parlamentarios latinoamericanos

 

Antes que nada quiero agradecer a CAM por permitirme darles la bienvenida a este maravilloso país que es Uruguay.

 

Me voy a presentar.

 

Mi nombre es Roby Schindler.

 

Soy el Presidente del Comité Central Israelita del Uruguay, institución que congrega a todas las instituciones judías del país.

 

Si bien hay registros de vida judía desde hace más de 120 años, aquí en Uruguay, fue recién en el año 1940 cuando nuestros abuelos y bisabuelos tuvieron la enorme visión de unificar las necesidades de la colectividad judía local, bajo una única voz. Y así se crea, hace 85 años, el Comité Central Israelita del Uruguay.

 

Los principales objetivos fueron:

 

  • Recibir enormes contingentes de inmigrantes judíos provenientes de distintos países de Europa Central, que escapaban del horror de la guerra.
  • Velar por una vida judía libre y digna en el Uruguay. Y
  • Trabajar contra el antisemitismo y toda forma de discriminación.

 

Con el correr de los años, ya no fue necesario dar cobijo a nuevos inmigrantes, pero a partir de 1948, el Comité Central Israelita del Uruguay tiene un nuevo objetivo: defender el derecho de Israel a existir.

 

Siempre me sonó extraño como objetivo defender el derecho de un país a existir.

 

Y así me preguntaba si había algún francés que tuviera que defender el derecho de Francia a existir, o algún brasileño que tuviera que defender el derecho de Brasil a existir.

 

El 7 de octubre de 2023, el mundo asistió estupefacto a como en tan solo 12 horas, una horda de más de 3.000 terroristas invadieron un país soberano, y mataron de las maneras más frías y crueles a 1251 mujeres, ancianos, niños y hombres, que por otra parte fue la mayor matanza de judíos desde la Shoá, para ponerlo en contexto.

 

Al día siguiente, el mismo mundo fue testigo de un antisemitismo como pocas veces se ha visto.

 

Es cierto que la inmediatez de las redes sociales y la facilidad que otorga que todos tengamos un celular, multiplica exponencialmente la velocidad de propagación de los relatos, pero la condena a la que fue sometido el Estado de Israel no fue casual.

 

Todos vimos como se replicó en las principales universidades de Europa y de Estados Unidos el fenómeno marketinero de la bandera palestina.

 

La acusación casi inmediata de “genocidio” por parte de Israel. A medida que la guerra se extendió en el tiempo, empezaron las manifestaciones en las diferentes capitales del mundo, y la mediatización del conflicto llevó a que países lejanos, tranquilos, de tradición republicana, como es el Uruguay, también recibiera su cuota parte de influencia.

 

Hay que entender que el antisemitismo es uno de los virus más complejos y antiguos de la humanidad, cuyo nombre va mutando según los libelos conspiranoicos que justifiquen el odio del momento.

 

Desde hace más de tres mil años, los judíos hemos sido perseguidos, culpados y expulsados de prácticamente todos los lugares donde se establecieron, luego del gran exilio que supuso la destrucción del Primer y Segundo Templo de Jerusalem, hace ya más de 2600 y 2000 años, respectivamente.

 

En cada generación ha habido quienes, por motivos que siempre van cambiando, quieren hacernos desaparecer. Y hoy eso se traslada al único país judío del mundo y por asociación a todos los judíos.

 

Aquí en Uruguay, la condena a Israel también se sintió, pero como siempre ocurrió, el antisemita se intentó disfrazar de otra cosa para tratar ser políticamente correcto.

 

Yo mismo crecí escuchando historias muy cercanas de mi abuelo, de cuándo y por qué decidió escapar de su Alemania natal.

 

Y no son historias muy diferentes a las que tuve que enfrentarme acá en Montevideo, pero especialmente desde el pasado 7 de octubre de 2023.

 

Solo para mencionar los eventos más relevantes y desagradables que nos tocó vivir a los judíos uruguayos, en este maravilloso país donde nunca pasa nada.

 

El 8 de marzo de 2024, en medio de una marcha feminista, un grupo de mujeres y niñas menores de edad, portaron una lanza que atravesaba una cabeza macabra, con una Estrella de David en la frente, y un cartel que decía: “Antisemitas nunca, antisionistas siempre”.

 

Denunciamos ante fiscalía esta agresiva marcha discriminatoria, pero la jueza desestimó la denuncia alegando que no se había configurado ningún delito.

 

Apelamos el fallo, pero también fue desestimada la apelación.

 

Meses después, un monumento llamado “El abrazo de los pueblos”, erigido por una artista judía, fue vandalizado con pintura roja, sin que se supiera quien lo hizo.

 

El año pasado, las paredes del único cementerio judío del país también fueron grafitadas con acusaciones agresivas.

 

Así como el frente de la Nueva Congregación Israelita y sede de la Bnai Brith sufrió vandalización, pero aun no se ha adjudicado responsabilidad alguna.

 

Una manifestación con banderas de Palestina fue convocada en la esquina de un colegio judío, en el horario de salida de los estudiantes, para lo cual se debió coordinar con el Ministerio del Interior, la salida anticipada de los alumnos para evitar situaciones que luego hubiera que lamentar.

 

En la Facultad de Humanidades y Ciencias, hubo amenazas a una estudiante judía con carteles que decían: “Ojo sionista, te estamos mirando”.

 

También se intentó cancelar a un politólogo uruguayo israelí, Alberto Spektorowski, experto en Política Internacional y Resolución de Conflictos, Profesor de la Universidad de Tel Aviv, de la Universidad Hebrea de Jerusalem y de ORT, por considerarlo un sionista apologista de un genocidio.

 

La escalada en la retórica que escuchamos en los discursos de activistas y políticos de izquierda, y no tan de izquierda, en el propio parlamento uruguayo, hoy en día.

 

Y quisiera detenerme un instante, justamente, en el tema de los discursos de odio, porque quiero recordarles que el genocidio del pueblo judío, el asesinato planifcado y sistemático de 6.000.000 de judíos, no comenzó con los campos de concentración y exterminio, sino que terminó en ellos, pero todo empezó con los discursos de odio.

 

Y en la medida en que esos discursos de odio, sean cosa de todos los días, la apuesta se irá redoblando y llegará el día en que el discurso de odio dará lgar a la agresión, incluso hasta la muerte.

 

Como ya ocurrió aquí, en mi querido Uruguay.

 

Hizo 10 años en el pasado 8 de marzo, cuando David Fremd, de bendita memoria, un comerciante judío de la ciudad de Paysandú, fue asesinado a cuchillazos al grto de “Alá Akbar”.

 

Toda esta acumulación de eventos, dichos, manifestaciones y acciones agresivas, son apenas la punta del iceberg de la impresionante avalancha de odio antisemita que existe en el submundo de las redes sociales, en donde Uruguay ostenta el vergonzoso peor lugar en América Latina.

 

Esta problemática y la propia historia, nos abofetea una y otra vez con una verdad incontrastable: “El antisemitismo no es un tema que los judíos deban o puedan resolver  por sí solos”.

 

El antisemitismo, como cualquier otra forma de discriminación, debe ser visto como un mal que afecta a la sociedad toda, y por ende, la solución debe involucrar a la sociedad toda, tanto sociedad civil como, y principalmente, el espectro político.

 

Cuando una sociedad padece el nivel de antisemitismo que se está viviendo hoy, hay algo que no está bien, y se hace necesaria la empatía y la acción del “no judío”, para resolverlo.

 

Además de presidir el Comité Central, yo integro desde hace 7 años la Comisión Honoraria contra el Racismo, la Xenofobia y toda otra forma de Discriminación.

 

Una joyita de este bendito país, pero que también es, admito, uno de los secretos mejor guardados que tenemos los uruguayos.

 

Esta comisión fue creada por ley 17.817 y fue redactada por el ya fallecido diputado del Partido Colorado, Dr. Nahum Bergstein, de bendita memoria, en el años 2004, hace ya casi 22 años… y está integrada por miembros de 4 ministerios, tres personas de la sociedad civil y es presidida por la Secretaría de Derechos Humanos de Presidencia.

 

Esta maravillosa Comisión Honoraria contra el Racismo, la Xenofobia y toda otra forma de Discriminación, me enseñó dos cosas fundamentales:

 

1 Que no podemos naturalizar los discursos de odio, violentos y agresivos.

 

2 Que la escuela, tanto pública como privada, debe ser parte fundamental de la educación en convivencia, que debemos brindarle a los niños.

 

3 Ellos son esponjas de aprendizaje y no cuesta nada, plantear programas adicionales a la educación clásica, que tengan que ver con la no discriminación y enseñar valores tales como el respeto, la solidaridad y la empatía.

 

Como nos enseñó Nelson Mandela: “nadie nace odiando, se aprende a odiar.

 

De la misma forma, podemos enseñar a amar”. Todo esto ya existe, no hay que inventar nada. Lo que está faltando es voluntad política y recursos que genuinamente confirmen esa voluntad política.

 

Para terminar me gustaría compartir con ustedes, una frase del Talmud, que dice:

“Yo no estoy obligado a hacer toda la tarea, pero sí, a hacer mi parte…”.

 

Que estos días en Uruguay, se llenen de luz para hacer vuestra parte.

Muchas gracias!!!!