La reciente sanción impuesta por la FIFA a la Federación Israelí de Fútbol pone de manifiesto una desconexión preocupante entre la normativa deportiva y los contextos de conflicto real. Mientras se penaliza con rigor a una federación por las reacciones de sus hinchas ante la angustia de la guerra, el organismo mantiene un silencio inaceptable ante los antecedentes de quienes dirigen el fútbol palestino.
El perfil de Jibril Rajoub
El presidente de la Federación Palestina de Fútbol, Jibril Rajoub, cuenta con un historial marcado por su participación activa en actividades violentas. Condenado en su juventud por ataques con granadas contra objetivos israelíes y con una trayectoria consolidada dentro de los aparatos de seguridad de Fatah, su liderazgo no ha estado exento de polémicas por la incitación al odio. Este pasado, lejos de ser un hecho aislado, se refleja en su gestión actual, donde el deporte ha sido frecuentemente utilizado como un escenario para la retórica incendiaria.
La instrumentalización del deporte
El antecedente más alarmante fue el llamado público de Rajoub a atacar a Lionel Messi y quemar sus camisetas si disputaba un partido en Jerusalén. Esta amenaza directa contra la integridad de los deportistas fue documentada y sancionada con una suspensión por parte de la FIFA, aunque la levedad de dicha medida en comparación con otras sanciones impuestas a Israel cuestiona la equidad del organismo.
La violencia contra los atletas y deportistas, desde la masacre de Múnich en 1972 —perpetrada por grupos terroristas palestinos— hasta los ataques organizados contra aficionados en ciudades europeas como Ámsterdam, demuestra un patrón persistente. Al politizar el deporte y convertir a deportistas en blancos legítimos de agresión, se consolida una política que utiliza el terrorismo como herramienta de presión, contando a menudo con la pasividad de instituciones internacionales que deberían garantizar un espacio de paz.
El boicot como estrategia
Esta estrategia no se limita al fútbol. En 2018, bajo presión política impulsada por figuras como Rajoub, se intentó forzar al equipo Israel Cycling Academy a cambiar su nombre y restringir su participación para evitar que compitieran bajo su identidad nacional en la Vuelta a España. Esta maniobra fue un claro ejemplo de la instrumentalización del deporte para boicotear la presencia de Israel en competiciones internacionales.
La realidad de la convivencia
Es necesario destacar que, a pesar de estas narrativas de boicot, la selección israelí de fútbol es un ejemplo de convivencia y diversidad, al contar habitualmente con jugadores musulmanes y árabes que representan al país. Esta realidad interna desmantela los intentos de polarización, demostrando que, dentro del campo, el deporte debería trascender las divisiones ideológicas que algunos dirigentes buscan imponer.
Conclusión: La urgencia de una reforma ética
La disparidad en las sanciones de la FIFA no es un error administrativo, sino un síntoma de una crisis ética profunda que permite la impunidad ante políticas de odio. Cuando el deporte tolera el historial de dirigentes vinculados al terrorismo y la persecución sistemática de atletas israelíes, traiciona sus propios principios de neutralidad.