ACTO DE CONVIVENCIA 2026 – Palabras del Presidente de NCI

19/Mar/2026

 

 

“La convivencia es una construcción frágil”. El Presidente de la Nueva Congregación Israelita (NCI) hizo uso de la palabra durante el acto por la convivencia realizado en conmemoración del 10º aniversario del asesinato de David Fremd (Z’L) Crédito foto: Yad Vashem

 

El pasado martes 10 de marzo se realizó el Acto por la Convivencia, a 10 años del asesinato antisemita de David Fremd z’l. En el mismo hizo uso de la palabra el Presidente de la NCI, Ariel Opoczynski institución anfitriona del evento. Aquí reproducimos sus destacadas y conceptuosas expresiones. 

 

Buenas noches. Bienvenidos al octavo Acto por la convivencia en memoria de David Fremd Z´L, a diez años de su asesinato.

 

Diez años. Diez años desde que la violencia irrumpió en la vida de David Fremd y, con ella, en la vida de todos nosotros.

 

Diez años desde que entendimos que la convivencia no es un estado normal, sino una construcción frágil. Una década completa desde que la violencia arrancó a David de su rutina, de su familia y de su historia cotidiana.

 

Su ausencia sigue presente. No como una herida que cierra, sino como una pregunta que permanece abierta: ¿qué mundo estamos construyendo cuando la convivencia no es un hecho sino una aspiración?

 

Estos actos podrían haberse vuelto rutina. Podrían apenas ser un ritual necesario. Pero cada año que nos convoca nos recuerda que la convivencia no es algo conquistado. Es un pacto que se renueva. Que se defiende. Que se reconstruye.

 

Aquel día vivimos una epifanía. Ese instante en que lo que estaba frente a nosotros se vuelve imposible de ignorar. Comprendimos algo que ya no se puede desconocer: que la convivencia no está blindada por nuestra historia. Que no es automática. Que tampoco es irreversible.

 

Ingenuamente también creímos que ese asesinato sería un punto de inflexión definitivo. Que como sociedad habíamos tocado un límite. Que algo cambiaría para siempre.

 

Pero el punto de inflexión no fue tal. El antisemitismo no solo no desapareció: sino que creció. La violencia, aquí y en el mundo, se intensificó. Los discursos de odio no se apagaron; encontraron nuevas plataformas y nuevos altavoces.

 

El estudio de opinión pública que realizamos con Opción Consultores el año pasado nos obliga a mirar la realidad sin exagerarla, pero sin negarla.

 

Un 21% de los uruguayos elige a los judíos como la minoría que le genera mayor antipatía. Uno de cada cinco. No es la mayoría. Pero tampoco es un número pequeño.

Un 30% percibe que existe mucha o bastante discriminación hacia los judíos en el país. Es decir, la sociedad lo ve.

 

Y hay un dato que explica mucho más que cualquier consigna: 38% de los uruguayos no conoce personalmente a ningún judío. Cuatro de cada diez personas construyen su idea sobre nosotros sin habernos mirado a los ojos, sin haber compartido una mesa, un banco de un aula, una amistad, o una conversación.

 

El estudio muestra algo profundamente humano: cuando aumenta el conocimiento personal, aumenta la imagen favorable. Donde hay encuentro, el prejuicio pierde fuerza. Donde hay distancia, el estereotipo ocupa el lugar.

 

Claramente no es el contacto lo que genera odio. Es la ausencia de contacto.

 

Soy sobrino de Peretz Opoczynski, primo de mi abuelo Staszek, conocido como el cartero del gueto de Varsovia. Escondido en ese rol, Peretz formó parte del archivo clandestino Óyneg Shábes, donde escribió y dejó testimonio de la destrucción del gueto, sabiendo que probablemente no sobreviviría para contarlo.

 

Fue asesinado en Treblinka pero sus palabras no murieron con él. Sus crónicas, enterradas en latas de leche bajo las ruinas del gueto, lograron atravesar la guerra y llegar hasta nosotros.

 

Nos dejó escrito en esas latas algo que hoy resuena con fuerza:

“Hay quienes aún tienen mesas servidas mientras otros buscan en los tachos. Vivimos pared con pared pero no vivimos juntos.”

 

Ese 38% que no conoce a ningún judío es un reflejo de exactamente eso. Vivir pared con pared pero no vivir juntos. Es correrse. Es elegir la distancia cómoda en lugar del encuentro que transforma.

 

Y aquí aparece una pregunta incómoda:

 

¿cuánto tiempo tardará la sociedad uruguaya en elegir no correrse?

Porque hay cosas que no admiten doble interpretación.

 

Una mentira repetida mil veces no termina siendo verdad, aunque ahora la verifique Grok. Los juicios sin juez, sin prueba y sin defensa no son justicia: son linchamientos modernos cambiando las plazas por pantallas.

 

Y un antisemita, por más cargos, micrófono y fueros que tenga, es un antisemita del que hay que ocuparse antes de que suceda otra desgracia.

 

Las democracias se cuidan desde adentro. No se puede dormir con perros y amanecer sin pulgas.

 

¿Cuánto tiempo más vamos a corrernos?

 

El Talmud nos enseña que: “Quien salva una vida, es como si salvara un mundo entero”.

 

David no era solo David. Era un esposo, un padre, un hijo, un hermano, un amigo. Era historias que no se contarán. Nietos que no lo conocerán. Conversaciones que no tendrá.

 

Y sin embargo, ese día, alguien eligió no correrse.En medio del caos, cuando el miedo paraliza y la mayoría instintivamente retrocede, alguien dio un paso hacia adelante.Se interpuso entre el asesino y el hijo de David.

Hoy está aquí con nosotros: José Ramón Soca.

 

José Ramón no buscó protagonismo. No hizo un cálculo. No evaluó costos. En el instante decisivo, eligió. Eligió no correrse. Eligió proteger. Eligió salvar.

 

Peretz Opoczynski escribió desde el gueto una pregunta: “Nos quejamos de lo que nos hacen, pero ¿qué hacemos nosotros cuando vemos al otro caer?”

 

José Ramón respondió esa pregunta. Vio caer a David y no se corrió

 

José Ramón, muchas gracias. Tu gesto nos recuerda que la convivencia no es una declaración. Es una decisión. Es acción en el momento exacto en que todo empuja a mirar hacia otro lado.

 

Surge otra pregunta inevitable: si salvar una vida es salvar un mundo, ¿arrancar una vida no es destruir un mundo entero?

 

El rabino Jonathan Sacks decía que la pregunta no es si podemos tolerar al diferente, sino si podemos celebrarlo. Tolerar es soportar. Celebrar es reconocer que el otro enriquece nuestra existencia.

 

En el judaísmo hablamos de la discrepancia en nombre del cielo. Podemos disentir profundamente y aun así mantener intacta la dignidad del otro.

Eso es no correrse del que piensa distinto.

 

El asesino de David no discrepó. Deshumanizó. No debatió. Eliminó. Y cuando dejamos de ver al otro como humano, cualquier atrocidad se vuelve posible.

 

Peretz escribió también:

“Al principio, cada muerto detenía el paso. Hoy se lo esquiva. Mañana quizá ni eso.”

 

No podemos permitir que nos acostumbremos. Esquivar es correrse. Acostumbrarse es correrse. Normalizar lo inaceptable es correrse.

 

Uruguay es un país que nos recibió cuando el mundo nos cerraba las puertas. Aquí nuestros abuelos y bisabuelos reconstruyeron su vida. Aquí pudieron volver a empezar.

 

Uruguay eligió no correrse. Y esa memoria nos obliga. Nos obliga a defender la convivencia no solo para nosotros, sino para todos.

 

Durante siglos aprendimos a sobrevivir. Pero hoy elegimos algo distinto.

 

No negamos el dolor. No olvidamos. Pero tampoco elegimos quedarnos en el lugar de la víctima silenciosa.

 

Hemos dejado de lado ser víctimas pasivas. Elegimos hablar.

 

Elegimos señalar el antisemitismo cuando aparece.

 

Elegimos defender nuestra dignidad. No con odio. Pero tampoco con miedo.

 

Peretz escribió:

 

“Quizá un día alguien pregunte cómo vivimos aquí. Que sepan entonces que también hubo quienes miraron y no quisieron ver.”

 

Nosotros hoy elegimos ver.

 

Elegimos no mirar para otro lado y elegimos no corrernos.

 

El Talmud nos enseña que no estamos obligados a terminar el trabajo, pero tampoco somos libres de abandonarlo.

 

No sabemos cuánto tardará la sociedad en no correrse.

 

No sabemos si veremos el día en que el odio sea apenas un recuerdo.

 

Pero sí sabemos algo. Nosotros no nos vamos a correr.

 

Hoy, diez años después, estamos acá. Juntos y de pie.

 

No podemos garantizar que erradicaremos el odio en nuestra generación.

 

Pero sí podemos garantizar que no seremos indiferentes, que haremos nuestra parte y que intentaremos dejar este mundo un poco mejor de como lo encontramos.

 

Buenas noches