Impactante: el diario de Etty Hillesum

11/Feb/2026

Aurora- por Dr. Israel Jamitovsky

 

 

Cuando se alude a un diario íntimo y personal elaborado durante el Holocausto en Holanda, emerge naturalmente el de Ana Frank. Sin embargo, hubo otro, menos conocido pero igualmente valioso: el de Etty Hillesum. Me topé con su nombre este fin de semana, al verlo invocado en la sección de Artes y Letras de un periódico israelí.

 

Ester (Etty) Hillesum nació el 15 de enero de 1914 en Middelburg, Holanda, en el seno de una familia judía culta. Su padre, el Dr. Louis Hillesum, impartía lenguas clásicas; su madre, Rebeca Bernstein, de origen ruso, buscó refugio en los Países Bajos a raíz de un pogromo. Tras pasar por dos ciudades, en 1924 la familia se estableció en Deventer. Etty tuvo dos hermanos: Jaap (1916) y Mischa (1920).

 

Desde joven, Etty fue brillante y denotaba un gran interés por la lectura y la filosofía; en alguna oportunidad confesó que ahorraba en alimentos para poder adquirir libros. En Ámsterdam obtuvo su primer título en Derecho y, cuando comenzaba a estudiar Psicología, estalló la Segunda Guerra Mundial.

 

En julio de 1942, cuando comenzaron las detenciones de judíos, encontró trabajo en el Departamento de Ayuda Social del Consejo Judío, cuya misión era servir de nexo entre la población judía y el ocupante nazi. Desde agosto de 1942 hasta septiembre de 1943, se ofreció a trabajar como enfermera en el campo de concentración de Westerbork. Gracias a una autorización especial, volvió varias veces a Ámsterdam, sirviendo como correo de la Resistencia y portando consigo cartas y mensajes de los prisioneros.

 

Su estirpe moral asomó cuando rechazó la propuesta de sus amigos gentiles en Ámsterdam para huir del campo. Prefirió, en junio de 1943, entregarse a las SS junto a sus padres y hermanos. Toda la familia pereció en Auschwitz, salvo su hermano Jaap, quien falleció en 1945 mientras regresaba a los Países Bajos.

 

¿Cómo surgió el diario?

 

En febrero de 1941, Etty comienza una terapia con el psicólogo y psicoterapeuta Julius Spier, un judío alemán que, huyendo del nazismo, se había afincado en Holanda. A instancias de él, Etty empieza a escribir su diario, labor que mantuvo desde 1941 hasta 1943. En ese entonces tenía 27 años y su salud estaba bastante quebrantada.

 

Pese a identificarse plenamente con el sufrimiento de sus hermanos judíos, su pensamiento no se redujo a esa tragedia. Consciente de que el Holocausto era la patología más profunda que se había abatido sobre la humanidad, en su diario aflora una incesante búsqueda de lo trascendente y la plenitud interior. Apeló a la espiritualidad y, en especial, a la oración. He aquí algunas de sus reflexiones:

 

“Las amenazas y el terror crecen día a día. Me cobijo en torno a la oración como un muro oscuro, me refugio en la oración como si fuera la celda de un espacio religioso; tan recogida, concentrada y fuerte estoy…”

 

El diario configura un espléndido testimonio religioso, humano y ético. En aquellas trágicas circunstancias, además de su fe, surgió en sus páginas la afirmación de la vida: “Percibo que, dondequiera que haya seres humanos, hay vida”. Previendo su destino, Etty solicitó a sus amigos Klaas Smelik, su hija Johanna y Maria Tuinzing que conservaran su diario y lo hicieran público una vez terminada la guerra. Hasta en ese paso fue una mujer inteligente, comprometida y con visión.

 

Ecos y reconocimientos

 

El diario fue traducido y publicado en catorce idiomas bajo el título Una vida interrumpida. En Israel, la primera edición vio la luz en 1985, mientras que en 2002 se editó otra versión titulada El cielo de mi interioridad.

 

 

Inspirada en su trayectoria, en el año 2013 surgió en Colombia la Fundación Etty Hillesum, compuesta por teólogos, médicos y psicólogos con el loable fin de respaldar a personas y comunidades indigentes. Asimismo, en 2014, el teatro israelí Temuná presentó la obra La joven que no cedió, inspirada en sus escritos.

 

Recientemente, en 2025, se exhibió por primera vez en la televisión israelí la serie documental Etty, de Hagay Levy. En su diario, Etty vertió la siguiente y conmovedora reflexión:

 

“Si llegase a sobrevivir a esta etapa, surgiré como un ser más sabio y profundo. Pero si sucumbo, moriré como un ser más sabio y profundo”.