Antisemitismo parlamentario

22/Ene/2026

Búsqueda, Cartas al Director- por Gerardo Stuczynski

 

En carta publicada en Búsqueda, Gerardo Stuczynski se refirió a que la reiterada retórica conspirativa del diputado Gustavo Salle reactualiza los viejos mitos del antisemitismo clásico, revestidos de un lenguaje moderno y pseudo-intelectual. Lejos de ser una excentricidad inofensiva, su discurso reproduce los ejes centrales de textos que alimentaron la persecución y el exterminio del pueblo judío, mientras el silencio institucional habilita la normalización del odio.

Sr. director:

Hace ya tiempo que el actual diputado Gustavo Salle nos tiene acostumbrados a una retórica conspiranoica y profundamente antisemita. Si bien, para la mayoría, sus intervenciones resultan grotescas o risibles, para la comunidad judía no es así. Asistimos perplejos a la inacción de los poderes del Estado mientras se exacerba la difamación y el odio.

Mediante un arsenal de palabras rebuscadas, el legislador utiliza un lenguaje cargado de prejuicios y teorías conspirativas que buscan deshumanizar a los judíos y movilizar a la opinión pública contra un enemigo ficticio. Trazaré un paralelismo entre sus intervenciones y dos de los pilares de la literatura antijudía del siglo XX: Los protocolos de los sabios de Sion (apócrifo zarista) y Mi lucha, de Adolf Hitler. Estas obras, de incidencia decisiva en la persecución y el exterminio de los judíos, son parafraseadas por Salle de forma casi textual. Sin embargo, no reconoce su origen, sino que presenta estas ideas con términos modernizados, presumiendo de una supuesta superioridad intelectual.

Por razones históricas, se denominó en Europa “antisemitismo” al odio específico hacia los judíos. Es irrelevante si los árabes son también semitas o si existieron teorías —ya superadas— sobre el origen jázaro de ciertos grupos para intentar desacreditar la identidad judía actual. El judaísmo es una nación, una cultura y una religión; no una cuestión racial como sostenía Hitler y reafirma hoy el diputado.

Salle deslegitima la fe judía manipulando textos bíblicos para acusarla de “esclavista” y “supremacista”, basándose en una interpretación distorsionada de la idea del “pueblo elegido”. Mientras en el sentido teológico implica servir a Dios con mayores cargas, él lo redefine como un plan político de dominación, replicando la visión del antisemitismo clásico plasmada en los citados textos.

El núcleo de su discurso es la existencia de un enemigo invisible: una élite minúscula que domina el mundo desde las sombras. Donde Hitler describía al “judío internacional” como el titiritero de las naciones y los Protocolos hablaban de un “poder invisible”, Salle denuncia una “élite judeo-masónica que actúa como estructura global”. Todos concuerdan en la misma fantasía: el sistema financiero y los líderes mundiales son marionetas de una voluntad maliciosa. Para él, la política es un teatro diseñado para ocultar a los verdaderos dueños del poder; aquellos que habrían inventado la división entre izquierda y derecha, y financiado tanto al nazismo como a la revolución bolchevique.

En cuanto al control de la información, los Protocolos exigían el dominio total de las noticias, mientras Hitler las describía como un instrumento para “envenenar el alma del pueblo”. En sintonía, Salle sostiene que el periodismo es “omnipotente” y sirve al Nuevo Orden Mundial. Asimismo, actualiza los conceptos de los Protocolos sobre la inoculación de enfermedades y la “subversión biológica” de Mi lucha al hablar de la “Pandemia Planeada” y la Agenda 2030, identificando al “judeo-sionismo” como el manipulador de la agenda global.

Finalmente, el diputado instrumentaliza el término sionismo no como crítica política, sino como un significante que engloba los atributos clásicos del odio antijudío: poder financiero ilimitado, control de los medios y conspiración global. Lo diré claramente: el antisionismo contemporáneo es el disfraz moderno del antisemitismo tradicional. Es, sencillamente, el odio al judío de las naciones que es Israel. Aunque se presente de forma más sofisticada, es la fase actual en la evolución de un odio milenario que Salle profesa con fervor.

 

Gerardo Stuczynski