La reciente matanza de judíos en una playa de Australia mientras celebraban una fiesta religiosa fue, según la definición de la Alianza para el Recuerdo del Holocausto (IHRA, en inglés), un acto antisemita. Crédito foto: REUTERS/Hollie Adams
Según esta “el antisemitismo es una cierta percepción de los judíos que puede expresarse como odio a los judíos: las manifestaciones físicas o retóricas del antisemitismo se dirigen a las personas judías o no judías y/o a sus bienes, a las instituciones de las comunidades judías y a sus lugares de culto”.
A lo largo de la historia de la humanidad existieron distintos argumentos para “justificar” el odio al judío: la religiosa arraigada en la fe cristiana fue reemplazada por la política (la Rusia zarista, argumentando que los judíos conspiraban en su contra o el caso Dreyfus en Francia) y la racial (en la Alemania nazi la raza aria superior debía eliminar a las inferiores, entre ellas, la hebrea).
En todos estos y muchos otros casos se utilizaron bases similares que sirvieron de catalizador para que se multiplicaron las persecuciones y la eliminación masiva de judíos. Las metodologías utilizadas por los victimarios también fueron variando con el correr del tiempo: cámaras de gas, pogromos y la barbarie utilizada por el Imperio Seléucida contra los judíos justamente en la que da origen a la festividad de Janucá que se celebraba pacíficamente en la ribera australiana.
Hace un tiempo ese viejo ropaje antisemita ha mutado hacia otra forma de resentimiento un poco más sofisticada que encuentra incluso en las universidades e intelectuales un lugar en donde abrevar: el antisionismo. Es por ello que la IHRA nos recuerda que esa manifestación enmascara también el odio a los judíos porque se trata no de criticar las políticas de un estado (como se puede hacer legítimamente contra cualquier otro país) sino de deslegitimarlo “alegando que la existencia de un estado de Israel es un empeño racista”.
En otras palabras, los antisionistas aborrecen a Israel por ser un estado judío y por ello buscan eliminarlo sustentando, además, que con ello se lograría el statu quo previo a su creación en 1948 y con ello se lograría la ansiada paz en Medio Oriente. Siguiendo la misma línea argumental las Naciones Unidas realizaron el mayor intento por deslegitimar a Israel cuando en 1975 aprobaron la resolución 3379 que equiparaba al sionismo con el racismo.
Cuando el grupo terrorista Hamas lanzó su terrible operación contra Israel en octubre del 2023 lo hizo con el razonamiento de que el gobierno del primer ministro Netanyahu oprimía al pueblo palestino. Esta fundamentación encontró rápidamente apoyo y difusión en centros académicos superiores de mucho prestigio en Europa y los Estados Unidos pero ocultaba-enmascaraba como cualquier manifestación antijudía en la historia la verdadera intención: la eliminación del estado de Israel por ser un estado judío.
En efecto, la Carta Fundacional de Hamas de 1988 delinea en ella la identidad y los objetivos que persigue el movimiento islamista: la “creación de un estado islámico en Palestina, en lugar de Israel y los Territorios Palestinos y la disolución de Israel” y en su artículo 28 utiliza la base del antisemitismo más rancio cuando se refiere a una conspiración “de Israel, el judaísmo y el judío”.
Hay que llamar a las cosas por su nombre y lo de Australia fue un hecho antisemita.
Agustín Romero es Doctor en Ciencia Política y director del posgrado en Asuntos Argentinos facultad de Derecho UBA