Somalia: pulso yihadista y desestabilización regional

30/Oct/2011

GEES, Carlos Echeverría Jesús

Somalia: pulso yihadista y desestabilización regional

Somalia: pulso yihadista y desestabilización regionalpor Carlos Echeverría Jesús , 27 de Octubre de 2011En menos de un mes cuatro mujeres occidentales, dos de ellas españolas, han sido capturadas en suelo keniata situado en la vecindad inmediata con el Estado fallido y santuario yihadista salafista en que se ha convertido Somalia. Las españolas, dos trabajadoras humanitarias de la organización no gubernamental ‘Médicos sin Fronteras’ (MSF), eran capturadas el 13 de octubre, con posterioridad al secuestro de una británica y de una francesa. Esta última ha muerto en manos de sus captores y así lo hacía público el Ministro francés de Asuntos Exteriores, Alain Juppé, el 19 de octubre: vivía con normalidad en Kenia desde hacía dos décadas y, aunque ligada a una silla de ruedas y necesitada de compleja medicación, los terroristas no dudaron en llevársela condenándola así a una muerte segura.Estos actos de barbarie, que también tienen como objetivos cotidianos a muchos ciudadanos keniatas, han llevado en los últimos días a tropas de Kenia a penetrar en territorio somalí, en una operación iniciada el 16 de octubre y que despliega medios pesados (carros y artillería) y unidades aéreas (cazas y helicópteros), y ello para crear al menos un colchón de seguridad que aísle a su país de semejante erial. Críticas a esta acción las ha habido, como no podía ser menos, pero no demasiado fuertes ya que la sociedad internacional en su conjunto tiene mucho de qué avergonzarse por haber permitido que Somalia se haya convertido en lo que es hoy. Es esclarecedor observar también que el probablemente aliviado Gobierno Federal de Transición (GFT) somalí, incapaz de imponer su autoridad en el centro y sur del país donde campan a sus anchas los terroristas yihadistas, hizo en un primer momento como si no se enterara de que se había producido una violación de su territorio por efectivos militares de un país extranjero. Días después, el GFT se mostraba incluso partidario de la operación al recibir, en Mogadiscio el 18 de octubre, a los Ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa de Kenia.Al Shabab castiga Somalia especialmente desde 2009 mientras que su activismo se solapa con el de los también terroristas del Hizbul Islam del Sheikh Aweys, que recibe financiación de Eritrea para mantener activo un instrumento que pueda utilizar contra la cristiana Etiopía. Al final, haciendo memoria, tanto Al Shabab como Hizbul Islam, e incluso los fieles del Presidente del GFT, Sheikh Sharif Ahmed, son ramas del mismo tronco, la Unión de Tribunales Islámicos (UTI) que en 2006 llegaron a hacerse con el control de Mogadiscio permitiendo a algunos vislumbrar un escenario parecido al que crearon los Talibán cuando se hicieron con Kabul en 1996: orden disciplinario islámico – para algunos ingenuos, paz y estabilidad – pero al precio de imponer el radicalismo en el país y en el vecindario inmediato. Desde 2006 y hasta hoy, con una aceleración en la letalidad desde 2009, Somalia y toda la región del Cuerno de África es víctima del islamismo radical, ejercido a través de las distintas escisiones nacidas de la UTI.El General Yusuf Ahmed Dhumal, mando militar somalí en la región fronteriza con Kenia, aseguraba el 18 de octubre que las dos cooperantes españolas se encontraban ya en la ciudad portuaria somalí de Kismayo, algo que de ser cierto no haría sino confirmar la autoría de Al Shabab a pesar de los desmentidos terroristas, y las acercaría además a los escenarios en los que se mueven los piratas, mucho más fogueados que Al Shabab en la negociación de rescates con los países occidentales. Si Al Shabab se aprovecha o interactúa con la piratería es algo que está aún por dilucidar, pero lo que sí está claro es que esta filial de Al Qaida, hoy dirigida por el sanguinario Ibrahim Hadj Jama Mee’aad, maneja fondos considerables (unos 70 millones de dólares al año, según un reciente informe de la ONU) y tiene múltiples posibilidades de aprovecharse de todo tipo de actividades ilícitas como hacen sus hermanos de AQPA, AQMI o incluso de Al Qaida central y los Talibán, estos últimos con la muy rentable producción de estupefacientes en Afganistán. La ofensiva keniata permitía tomar en una primera fase localidades somalíes como Qoqani y Dohbley y se dirigía a Afmadow llevando a Al Shabab a amenazar los rascacielos de Nairobi “para devolver el daño” que se estaría produciendo en el sur somalí. Todos conocemos las capacidades letales de Al Shabab pues las demuestran a diario, sobre todo en Somalia pero también lo han hecho fuera de sus fronteras (dos atentados suicidas simultáneos en Kampala, capital de Uganda, producidos en julio de 2010 y que provocaron 74 muertos y cientos de heridos). El camión bomba que mató a 70 personas, muchos de ellos estudiantes, en Mogadiscio el pasado 4 de octubre, atestigua dónde está el mal, quién es el enemigo, y bueno es que eso no se pierda nunca de vista para no confundir a la opinión pública. Para evitar injerencias de países terceros y alejar el riesgo de escalada que pueda desembocar en una guerra regional es necesario hacer un gran esfuerzo contra el terrorismo, definiendo y denunciando primero como lo que es a Al Shabab, y esforzándose a continuación en cortarle las alas en todos los frentes para derrotarlo y erradicarlo del mapa de Somalia y del Cuerno de África, donde tanto daño ha hecho ya hasta ahora. Según una alerta lanzada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en agosto, hasta 12,4 millones de personas podrían morir de hambre en el Cuerno de África en los próximos meses: aunque el terrorismo no es la causa última de esta situación, su presencia cada vez más visible en la zona puede tanto ralentizar los esfuerzos que se hacen necesarios para alejar tan dantesco escenario, como impedir que se creen las condiciones para facilitar el normal desarrollo de las comunidades políticas y la subsiguiente salida del subdesarrollo.