El legado perdido de Pavel Frenkel, héroe del Gueto de Varsovia

12/Nov/2025

Ynet Español- por Itamar Eichner

Un comandante judío lideró una revuelta olvidada. Esta es la historia de su lucha, su identidad reconstruida y el reclamo por memoria y justicia. Pavel Frenkel, sus combatientes y las mujeres que desafiaron el olvido. Crédito foto: Begin Heritage Center

9:30 de la mañana, calle Muranowska 7, Varsovia. El aire es frío, el sol pálido, y el grupo se detiene frente a un edificio gris, anodino, de estilo soviético. Hace 82 años, en este mismo lugar se alzaba el edificio que albergaba el cuartel general de la Organización Militar Judía, la ŻZW. Aquí mismo se plantó Pavel Frenkel, con un arma en la mano, frente a las fuerzas alemanas y sus colaboradores ucranianos.

En este sitio ondearon juntos una bandera azul y blanca y la bandera polaca —la misma blanca y roja que entonces se veía en todos los rincones de Varsovia—, logrando desconcertar a los alemanes. Las banderas permanecieron izadas durante tres o cuatro días, hasta que Heinrich Himmler llamó fuera de sí y exigió: “¡Quítenlas a toda costa!”

Hoy, en algunos muros del centro de Varsovia, donde tuvo lugar el Levantamiento del Gueto, pueden verse grafitis con banderas palestinas y la consigna “Free Palestine”.

Los integrantes del grupo al que me uní forman parte de un seminario del Centro de Patrimonio Menachem Begin, que recorre los senderos de la valentía de los insurgentes. Cerca de cien guías turísticos, investigadores y periodistas ya han caminado por las calles del antiguo gueto —donde estaban las casas, donde se luchó, donde se murió. No siguen el “camino tradicional de la valentía”. Lo viven. En cada esquina, un hallazgo nuevo. En cada muro, una batalla por la memoria.

El enigma que se volvió héroe

Hasta hace pocos años, Pavel Frenkel era un misterio. Su nombre se mencionaba como comandante de la ŻZW, pero nada más. Ni siquiera había una fotografía. Las conjeturas sobre su aspecto se basaban en un retrato hablado realizado en 2009 por Gil Gibli, dibujante de la Policía de Israel, a partir del testimonio de tres sobrevivientes.

“No había dudas de que Pavel Frenkel era el comandante —la figura más importante de la ŻZW—, pero casi nada se sabía sobre su identidad”, explica el doctor Laurence Weinbaum, coautor del libro más autorizado sobre la organización. “Aunque logramos demostrar sin lugar a dudas que el hombre que se decía su equivalente, David Mieczysław Applebaum, era completamente ficticio, en el caso de Frenkel nos topamos con un callejón sin salida”, añadió.

Yossi Swied, investigador del Centro Begin que escribe su tesis doctoral sobre la resistencia betarista en el gueto de Varsovia, agrega: “No estaba claro cuál era su nombre real, pero sí que ‘Pavel’ era un alias. Nadie sabía dónde había nacido, cuál era su nivel educativo ni de dónde venía. A diferencia de otros protagonistas del levantamiento, él era una especie de enigma”.

La foto de la escuela naval

El gran avance llegó recién en 2023. Dror Bar Yosef, otro investigador del centro, se topó con el artículo “El éxodo de Varsovia”, escrito en 1961 por Yirmiyahu Halpern —responsable de la formación militar de Betar antes de la guerra y fundador de la academia naval de Betar en Italia, que preparaba a jóvenes como capitanes, buzos y marineros, base de lo que luego sería la Marina israelí.

El artículo fue redactado tras un encuentro con David Wdowiński, líder de la ŻZW, psiquiatra que sobrevivió al Holocausto y emigró a Nueva York. Wdowiński llegó a Israel en 1961 para testificar en el juicio a Eichmann, y entre otras actividades, se reunió con miembros de Betar y les habló sobre la ŻZW.

Más tarde se hallaron varias cartas de Wdowiński en las que elogiaba a Frenkel: “El comandante militar de la ŻZW era un tal Pavel Frenkel. Un líder nato, apuesto, carismático. Un verdadero héroe. Un hombre con porte betarista”.

Cuando Wdowiński se reunió con Halpern y le contó su historia, Halpern tuvo una revelación: “Recuerdo a ese Frenkel. Fue alumno mío en la escuela naval, un joven llamado Yaakov Frenkel, de Polonia. Sin duda es el mismo”.

Halpern conservaba fotos suyas —publicadas en su libro de 1961— pero nadie sabía que se trataba del mismo Frenkel.

Halpern relató que Frenkel había estado a bordo del “Sara A”, un barco que zarpó a fines de 1937 desde Italia hacia Israel. Era una embarcación de entrenamiento de la escuela naval de Betar. A partir del hallazgo del artículo, Bar Yosef, Swied y Weinbaum comenzaron a investigar toda la historia, incluyendo quiénes estaban a bordo del “Sara A” en ese viaje.

La investigación reveló un dato asombroso: Frenkel estaba en el barco, bajo su nombre verdadero, Yaakov Frenkel. Visitó Israel durante algunos meses y se encontró incluso un fragmento de noticiero Carmel donde aparece unos segundos.

“Realmente recorrió Israel. Estuvieron en Tel Aviv, Jerusalem y Haifa”, cuenta Swied, quien vive intensamente el levantamiento del gueto y admite que a veces incluso sueña con él. “El ‘Sara A’ regresó a Italia, pero encalló en las costas de Córcega y se hundió. La tripulación fue rescatada por un barco de salvamento. Poco después, la escuela cerró debido a las leyes antisemitas del régimen de Mussolini”.

De Białystok a Estrasburgo y Varsovia

Las investigaciones de los tres académicos, publicadas en la revista de estudios sobre el Holocausto de la Universidad de Haifa, revelan que Frenkel nació en 1911 en Białystok, Polonia, en el seno de una familia acomodada. Su madre se llamaba Beila y su padre, Shmerl. Tenía dos hermanas: Sofía y Rosi. Se sabe que Sofía estudió ciencias en la Universidad de Estrasburgo.

Frenkel fue enviado a esa misma universidad para estudiar medicina, debido a las restricciones impuestas a los judíos en las universidades polacas. Cursó solo tres semestres y abandonó. Tal vez decidió que la medicina no era lo suyo, o quizás por razones económicas.

En 1931, tras regresar de Estrasburgo, se alistó en el ejército polaco como teniente. Sirvió en infantería. En 1939 combatió contra la invasión nazi. Los investigadores hallaron su expediente militar en el archivo del ejército polaco, donde también encontraron su fotografía.

Quiso continuar en la academia militar polaca, pero no logró avanzar debido al antisemitismo institucional. En 1934, Halpern lo nombró comandante de la “Alianza del Soldado” en el distrito de Białystok.

La Alianza del Soldado era una organización bajo el paraguas del revisionismo, destinada a veteranos del ejército. Frenkel dirigía el grupo que entrenaba a jóvenes betaristas en tácticas militares, con el objetivo de que emigraran a Israel y participaran en la lucha contra el dominio británico. Se preparaban para combatir a los británicos, pero en la práctica lucharon contra los nazis. El ambicioso plan de Betar era formar a 40 mil judíos polacos para que emigraran a Israel.

Una anécdota sobre Frenkel surgió en la investigación, basada en el testimonio de Zvi Kenan, quien luego sería oficial de estilo en la Marina israelí: “En el ‘Sara A’ hacían entrenamientos de boxeo como parte de la formación en defensa personal, y Frenkel siempre era el árbitro”.

“Sabemos que Frenkel era soltero”, dice Swied. “Todos los testimonios coinciden en que era un joven muy atractivo e imponente. Logramos encontrar registros suyos en la escuela naval. Es probable que, de haber sobrevivido al levantamiento y emigrado a Israel, se hubiera convertido en un alto oficial de la Marina”.

Frenkel tenía apenas 32 años al morir. Él y sus compañeros no planeaban morir. Planeaban seguir luchando —salir al bosque, formar unidades partisanas. Pero un mes después del levantamiento, en la calle Grzybowska 13-11, Frenkel fue asesinado en el escondite de la ŻZW al que habían huido. Al parecer alguien los delató y una fuerza alemana irrumpió en el lugar. En el operativo murieron varios combatientes de la ŻZW y también algunos soldados nazis.

Ochenta años de silencio

 Uno de los ejes centrales del seminario para guías del Centro Begin es la reparación de una injusticia histórica: la idea dominante de que los protagonistas del Levantamiento del Gueto de Varsovia fueron exclusivamente los combatientes de la ŻOB —la Organización Judía de Combate.

“¿Quién escribió la historia del levantamiento? Los insurgentes”, señala Weinbaum. “Lo que sabemos sobre el levantamiento del gueto proviene sobre todo de los combatientes que sobrevivieron —y ellos no tenían interés en contar que hubo otra resistencia”.

Así se consolidó el relato: la ŻOB lideró el levantamiento. La participación de los revisionistas en el gueto fue marginal. Se la trató como algo menor, una anécdota, un detalle curioso.

“Ya durante el levantamiento, eran conscientes de la glorificación que se estaba gestando. Desde la Varsovia aria transmitían por radio mensajes anunciando que los combatientes de la ŻOB estaban luchando en el gueto”, explica Swied. “Con el tiempo, se impuso la figura de Mordejái Anielewicz como comandante del levantamiento. Tras la revuelta, Betar comenzó a disputar ese relato y a contar la historia de la segunda resistencia —la ŻZW, las banderas que sus combatientes izaron sobre la plaza Muranowska y el coraje que demostraron”.

La batalla por el reconocimiento comenzó ya en 1946. En 1963, al cumplirse veinte años del levantamiento, el partisano de Vilna y miembro de Betar, Haim Lazar, publicó el libro La Masada de Varsovia, aunque se basó en parte en testimonios polacos poco confiables que no superaron el escrutinio académico.

El giro decisivo llegó cuando el profesor Moshe Arens, quien más tarde sería ministro de Defensa, se involucró. “Era algo que lo inquietaba profundamente, creía que el papel de la ŻZW había sido injustamente minimizado”, cuenta Weinbaum. “Quería asegurarse de que los héroes de la ŻZW fueran incluidos en el panteón de los combatientes del gueto, y aprovechó su influencia pública para impulsar esa causa”.

Como historiador aficionado pero tenaz, Arens decidió dedicar sus esfuerzos a investigar y corregir la injusticia histórica. Publicó varios artículos y en 2009 lanzó el libro Banderas sobre el gueto, que colocó a la ŻZW en el centro de la conciencia pública.

Los investigadores Swied y Weinbaum sostienen que la injusticia histórica se debió, ante todo, a que mientras en la ŻOB algunos comandantes sobrevivieron, en la ŻZW todos los líderes murieron —y por lo tanto hubo menos testimonios directos.

La investigación también refuta una tesis repetida en numerosos libros: que la ŻZW fue creada por iniciativa de polacos no judíos.

“El estudio demuestra que eso es completamente falso. Fue una iniciativa interna, judía y betarista”, afirma Weinbaum. “Existía un relato ficticio según el cual la ŻZW surgió tras un encuentro entre un tal David Applebaum, supuesto subcomandante de la organización, y un miembro de la resistencia polaca. Pero hoy sabemos que Applebaum es un personaje totalmente inventado. Nunca existió”.

El nombre de Applebaum fue introducido por un grupo de impostores polacos. Uno de ellos, junto con su esposa, fue de los primeros en ser reconocidos por Yad Vashem como Justos entre las Naciones.

“Afirmaban que Applebaum era oficial del ejército polaco, y eso se incorporó a la historia oficial y al canon, al punto de que su nombre figuraba en placas conmemorativas en las calles de Varsovia. Incluso, por iniciativa del expresidente polaco Lech Kaczyński, se nombró una plaza en su honor. Pero tras demostrar que no existió, se retiró su nombre y se reemplazó por el de Rachela Auerbach —quien trabajó junto a un grupo de historiadores bajo la dirección de Emanuel Ringelblum, el historiador del gueto de Varsovia, para recopilar información histórica sobre el gueto”.

La batalla por la plaza Muranowska

El Levantamiento del Gueto de Varsovia comenzó el 19 de abril de 1943 y concluyó el 16 de mayo. El general alemán Jürgen Stroop declaró el fin de la revuelta tras volar la Gran Sinagoga de Varsovia. Sin embargo, los miembros de la ŻZW sostienen que el levantamiento continuó durante un mes más.

En el gueto quedaban 50 mil personas —de las aproximadamente 450 mil que vivieron allí desde el inicio. 300 mil fueron deportadas hacia la muerte y unas 100 mil fallecieron por enfermedades y hambre, como parte de la política de exterminio nazi.

En el levantamiento participaron unos 300 combatientes de la ŻOB y cerca de 260 de la ŻZW.

El combate por las banderas

Los investigadores explican que el número reducido de combatientes se debió a la escasez de armas. Sólo unas 600 personas estaban armadas. El estudio revela que la ŻZW contaba con más armamento que la ŻOB —especialmente armas largas como fusiles y ametralladoras— mientras que los combatientes de la ŻOB disponían principalmente de pistolas.

La razón está en el origen: Betar entrenaba y armaba a sus miembros para prepararlos para emigrar a Israel y rebelarse contra el dominio británico. El movimiento juvenil Betar fue fundado en 1923, y su rasgo distintivo era la formación en disciplina militar y defensa personal. Se hacía énfasis en el orden, la jerarquía, el uniforme. La ŻZW surgió directamente de esa estructura juvenil.

Los combatientes de la ŻZW, bajo el mando de Frenkel, empleaban tácticas de comando y en ocasiones se disfrazaban de oficiales de las SS para atraer a los alemanes a emboscadas.

“Jürgen Stroop señala que la batalla más importante y decisiva fue en la plaza Muranowska”, explican Swied y Weinbaum. “Un oficial alemán llamado Otto Demke fue abatido al intentar subir al techo para retirar las banderas. Stroop describió ese enfrentamiento como el más significativo de toda la revuelta”.

La noticia de las banderas llegó hasta Heinrich Himmler, jefe de las SS, quien ordenó que fueran retiradas a toda costa.

“Tras cruzar testimonios, llegamos a la conclusión de que las banderas fueron izadas sobre el edificio de la calle Muranowska 7 —encima del cuartel de la ŻZW, ubicado en el primer piso”, continúan los investigadores. “Ese edificio era el más alto de la zona, y la plaza se utilizó como zona de exterminio contra los alemanes. Apenas entraban, se les disparaba. La ŻZW logró abatir a soldados nazis. Los alemanes no encontraron otra solución que incendiar el gueto. Tras la batalla en Muranowska, hay una foto del general Stroop donde se indica que se están discutiendo los planes para quemar el gueto”.

El izamiento de las banderas —una azul y blanca sionista junto a la polaca— sobre el gueto demostró que el pueblo judío no se rendía y luchaba por su dignidad y libertad.

Uno de los testimonios relata el acto heroico de Leon Aryeh Rodal, subcomandante de la ŻZW. Rodal se disfrazó con uniforme de las SS y atrajo a los alemanes hacia las banderas. “Les dijo: miren esas banderas, ¿cuánto tiempo más las dejaremos ondear? En ese momento pidió que esperaran, subió a una colina y desde allí lanzó granadas y abrió fuego contra los alemanes. Según el testimonio de Stroop, el episodio enloqueció a los nazis, que temían que eso incitara a los polacos a rebelarse.”

Las mujeres combatientes

El seminario pone especial énfasis en el papel de las mujeres combatientes durante el levantamiento del gueto.

“Según mi investigación, en la ŻOB había un 34% de mujeres y en la ŻZW un 20%”, señala Swied. “En la ŻOB había comandantas. En la ŻZW no. Muchas mujeres eran combatientes que también actuaban como enlaces y contrabandistas de armas. El término ‘enlace’ las minimiza. Stroop contó que las mujeres salían con pistolas y granadas escondidas en la ropa interior y disparaban. Su tasa de supervivencia fue más alta porque algunas lograban hacerse pasar por arias. Algunas fueron capturadas, declararon no ser judías y llegaron a Auschwitz como prisioneras polacas. Algunas sobrevivieron, otras no”.

Entre las figuras destacadas se menciona a Żuta Hartman, la última combatiente viva de la ŻZW. Tras la guerra, el Museo de los Combatientes del Gueto la mencionó erróneamente en un libro como fallecida durante el levantamiento —aunque sobrevivió y formó una familia en Israel.

Żuta fue reclutada como enlace, pero actuó como una valiente combatiente. Contrabandeó alimentos, medicinas, mensajes y armas hacia el gueto. Durante el levantamiento, participó en los combates y atendió a heridos en un búnker de la calle Świętojerska.

Al seminario en Varsovia asistió inesperadamente su hijo, Haim Hartman, quien relató cómo su madre increpó a Moshe Arens: “¿Por qué no conmemoran a Pavel Frenkel y a la ŻZW, si ustedes están en el poder?”

Haim contó que Arens se mostró incómodo y admitió que había otras prioridades. “Mi madre dijo que no estaba enojada con Mapai, sino más con su propio movimiento, porque creía que tras la llegada de Begin al poder en 1977, se iba a conmemorar a la ŻZW”. Żuta falleció en 2015, a los 92 años.

Vida en el gueto en llamas

Durante el seminario, los participantes accedieron a nuevas imágenes descubiertas en los últimos años sobre la vida judía en el gueto. En una se ve un gran gramófono tocando música en la calle, rodeado de judíos que escuchan. En otra, aparece un puesto de venta de manzanas.

Otras fotos del levantamiento muestran a polacos no judíos observando el gueto en llamas mientras sus vidas seguían con normalidad —algunos incluso sentados en cafés y restaurantes, mientras los judíos luchaban por sobrevivir frente a la maquinaria de guerra nazi.

Ahora, los investigadores del Centro de Patrimonio Begin buscan reparar la injusticia histórica cometida contra Frenkel y los combatientes de la ŻZW.

“Fíjate, por ejemplo, en la conmemoración de Mordejái Anielewicz, el equivalente de Frenkel”, dicen los investigadores. “Ambos comandaron organizaciones de resistencia en el gueto, ambos lucharon en zonas muy cercanas. Anielewicz tiene un kibutz con su nombre —Yad Mordejái—, 16 calles en Israel llevan su nombre. En Polonia hay muchas plazas conmemorativas, incluso en Varsovia. Y a Frenkel recién después del libro de Arens se le dedicó una plaza junto a la Bolsa de Ramat Gan y un puñado de calles en el país.

“Ya es hora de que el Estado de Israel reconozca a los principales combatientes del gueto de Varsovia y les otorgue medallas al valor —tanto a la ŻZW como a la ŻOB”.