Kazajistán acaba de anunciar su decisión de integrarse a los Acuerdos de Abraham, y con ello se da un paso decisivo en la expansión territorial del pacto que va a transformar al Medio Oriente, y probablemente al mundo entero.
Cuando Jared Kushner y su equipo de asistentes diseñaron las bases de lo que vino a llamarse Acuerdos de Abraham, todavía durante el primer mandato del Presidente Trump, parecía que sólo se trataba de un marco legal para pacificar la región. Un pacto entre Israel y las naciones árabes que pudiera ponerle fin a varias décadas de conflicto en la región.
Originalmente, el anuncio de esa firma sólo incluía a Israel y los Emiratos Árabes Unidos, pero aun desde ese momento eran evidentes dos cosas.
Una, que no sólo se trataba de un acuerdo de paz, sino que iba a ser un laboratorio para explorar las posibilidades comerciales entre el estado judío —máxima potencia en innovación tecnológica en la región— y uno de los reinos sunitas con mayor potencial económico.
Y dos, que por parte del mundo árabe era Arabia Saudita quien estaba moviendo los hilos. No era una iniciativa emiratí tomada de manera unilateral, sino el inicio de la preparación de una ruta que llevara a la reconciliación definitiva entre árabes y judíos en el Medio Oriente, lo cual sólo podría alcanzarse cuando el gobierno de Ryad, cabeza máxima del mundo sunita, se integrara al Acuerdo.
Ya se sabía que faltaba mucho para eso. Antes que nada, solucionar de común acuerdo la situación con los palestinos; y, por supuesto, no se sabía que más adelante vendría el artero atentado terrorista del 7 de octubre de 2023 que provocaría cambios radicales en la región.
Lo primero ha sido un éxito. Desde la firma de los Acuerdos en 2020, el intercambio comercial entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos ya supera los 6 mil millones de dólares, y las áreas más activas han sido los diamantes y joyería, agricultura, tecnología, energía y sistemas de defensa. Se calcula que hacia finales de esta década, el intercambio comercial podría llegar a los 10 mil millones de dólares anuales.
Lo segundo se complicó por la guerra en Gaza, pero ahora que ese es un asunto decidido —aunque todavía no terminado—, está claro que hay un fuerte impulso para echar hacia adelante los Acuerdos de Abraham.
El atractivo era evidente desde el principio. El Acuerdo original lo firmaron Israel y los Emiratos el 13 de agosto de 2020, pero Baréin de inmediato se quejó porque no había sido invitado, así que se integró a lo que pasó a llamarse (en plural, lógicamente) los Acuerdos el 11 de septiembre. Una semana antes habían sido firmados por Kosovo, y luego siguieron las firmas de Sudán (23 de octubre) y Marruecos (10 de diciembre).
Así que desde ese inicio ya se notaba algo: Este asunto iba a trascender las fronteras del Medio Oriente. De hecho, en estricto, sólo tres países (la mitad) son de la región (Israel, Emiratos y Baréin). Kosovo es europeo, y Sudán y Marruecos son africanos.
Hoy se sabe que Arabia Saudita ya está decidida a integrarse tan pronto ciertas condiciones políticas sean favorables (hay que esperar para evitar disturbios posibles), y lo mismo pasa con Omán. Con eso estaría completo el proyecto básico que integraría a Israel con las monarquías sunitas de la región. Sin embargo, ya también hay avances importantes para empujar a Siria —evidentemente el caso más complicado— y al Líbano —uno de los países que más se beneficiarán cuando estos Acuerdos estén funcionando al máximo—.
Pero, como ya señalé, el asunto ya trascendió al Medio Oriente, y Armenia y Azerbaján —dos países del Cáucaso— ya manifestaron sus intenciones de integrarse. Eso incluso los ayudaría a pacificar sus tensas relaciones, que en los últimos años han provocado amargos conflictos en los que Armenia ha perdido territorio.
La inclusión de Kazajistán le da una nueva dimensión al panorama. Con este país, el territorio de los Acuerdos de Abraham se incrementa notablemente, ya que Kazajistán es el noveno país más grande del mundo, y el de mayor tamaño en su región, superando incluso a Irán.
Pero no sólo es la extensión geográfica. Su inclusión en los Acuerdos de Abraham provocaría que a Irán le pasara justo lo que siempre quiso hacer con Israel: Quedaría rodeado.
Los ayatolas de Teherán siempre soñaron con crear una pinza para rodear y asfixiar a Israel y a Arabia Saudita. Por el norte, esta tenía que incluir al Líbano, Siria, Irak, y culminar en el propio Irán. Y por el sur, el Yemen, Sudán, y Gaza.
De sobra es sabido que no se logró. En el marco de la guerra entre Israel y Gaza, todo el eje iraní quedó destartalado. Hezbollá perdió el control del Líbano, Bashar Al-Assad fue derrocado, y los houthíes nunca pudieron apoderarse de todo el Yemen.
En cambio, un proyecto de cooperación económica y política (y eso va a incluir la defensa militar, obviamente) dirigido por los Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita —los enemigos jurados de los ayatolas— va a integrar no sólo una pinza, sino casi un círculo completo alrededor de Irán, Afganistán y Pakistán, cuya única salida sería Turquía por el occidente. Por el oriente quedarían bloqueados por la India que, aunque no se integre a los Acuerdos (o quién sabe, porque a como van las cosas, podría pasar), se sabe bien que es un aliado estratégico de Israel. El panorama no es halagüeño para los ayatolas: Kazajistán en el norte, la India en el oriente, Armenia y Azerbaján en el Cáucaso, e Israel, Jordania, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Baréin en el sur.
¿Será que este movimiento podría impulsar a Turkmenistán, Tayikistán, Kirguistán y Uzbekistán a integrarse también? El cerco sobre Irán sería total.
Por cierto: El más feliz con esta situación sería China, que comparte una enorme frontera con Tayikistán, Kirguistán y Kazajistán. Estaría en condiciones de comerciar de manera directa y sin barreras con la nueva área de cooperación económica del Medio Oriente. Ni qué decir de Rusia, aunque para sacar provecho de esta nueva realidad primero necesita detener su absurda y desgastante guerra en Ucrania. Georgia está igual que Rusia, con la ventaja de no tiene impedimentos para unirse a los Acuerdos si así lo desea, siguiendo los pasos de sus vecinos Armenia y Azerbaján.
Se está dibujando un mundo completamente nuevo frente a nuestras narices. No va a ser un proceso rápido, pero hoy más que nunca es evidente que los esfuerzos políticos y diplomáticos de muchos países —sobre todo, de los Estados Unidos— se dirigen hacia allá.
Y qué curioso: La médula de los Acuerdos de Abraham es un concepto muy concreto, que no es otro sino hacer la paz con Israel.
Como lo dijo el profeta:
“Así ha dicho el Señor de los Ejércitos:
Aún vendrán pueblos y habitantes de muchas ciudades; y los habitantes de una irán a la otra, diciendo: Vamos a implorar el favor del Señor, y a buscar al Señor de los Ejércitos. ¡Yo también iré! Sí, vendrán muchos pueblos y fuertes nacionas a buscar al Señor de los Ejércitos en Jerusalén, y a implorar el favor del Señor” (Zacarías 8:20-23).