La comunidad judía de Punta del Este se concentró el martes pasado a dos años del ataque de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023, que marcó el inicio del conflicto en Gaza. En la convocatoria, realizada bajo la consigna “Por la liberación de los rehenes y por la paz”, los concurrentes expresaron su apoyo a las víctimas y su solidaridad con el pueblo judío. Estuvo presente Roby Schindler, Presidente del CCIU, y el orador principal fue el conocido comunicador Sergio Puglia, de quien reproducimos sus expresiones. Crédito foto: FM Cadena del Mar
Muy buenas tardes. Señoras y señores, autoridades nacionales, representantes diplomáticos, miembros de la colectividad judía, amigos todos:
Créanme que no es fácil hablar en una tarde como esta.
Porque cuando uno se enfrenta al dolor, las palabras se vuelven absolutamente NADA.
El 7 de octubre de 2023 fue un día que cambió la historia.
No importa dónde estuviéramos ni cuál fuera nuestra fe: todos recordamos ese amanecer con la misma sensación de incredulidad, de dolor, de impotencia, y de vacío.
Y eso no lo recuerda sólo una comunidad; hay hechos que pertenecen a la humanidad entera, porque dividen el tiempo y generan un antes y un después.
Hoy, dos años más tarde, nos volvemos a reunir no para hablar de números de fallecidos, sino para recordar que detrás de cada fallecido hubo una vida, una historia, una familia que quedó marcada para siempre. Venimos a reafirmar algo esencial: que la memoria no es un acto del pasado, sino un compromiso con el presente.
Uruguay conoce el valor de la memoria.
Sabemos que recordar no es abrir heridas, sino evitar que se repitan. Y sabemos también que no hay libertad posible sin verdad, sin justicia y sin empatía.
La colectividad judía ha sido, desde hace más de un siglo, una parte viva de nuestra identidad nacional y es desde aquí que reivindicamos la certeza de que ningún pueblo, bajo ninguna bandera, puede justificar la crueldad; y el deber de alzar la voz cada vez que la barbarie intenta imponerse al respeto y a la dignidad humana.
Hoy, desde Uruguay recordamos ese 7 de octubre de 2023 no para quedarnos en el dolor, sino para reafirmar un compromiso.
Si de algo hemos de ser testigos, que sea de la paz. Si de algo hemos de ser protagonistas, que sea del encuentro entre los pueblos.
Yo no estuve allí. Pero sentí el dolor como si fuera propio. Porque conozco, quiero y respeto profundamente a esta comunidad, a su historia, a su fe y a su manera de levantarse una y otra vez. Cada vez que una injusticia golpea al pueblo judío, siento que golpea también a quienes creemos en la libertad y en la vida como valores innegociables.
Mi vínculo con la colectividad judía nació hace muchos años, en mi adolescencia, en mi casa. En torno a una mesa donde la amistad no tenía etiquetas, y donde la cultura judía formaba parte de las conversaciones, de los sabores, de las historias familiares. Mi madre —mujer sensible y curiosa— admiraba profundamente al pueblo judío. En nuestra casa, sus tradiciones, festividades, la música y hasta las recetas quedaron como un legado de respeto y cariño.
Ella soñó toda su vida con conocer Israel. Tenía su pasaje en mano… pero partió antes de la fecha. Ese viaje no lo hizo ella, pero lo heredé yo. Y con él heredé también su curiosidad, su amor por ese pueblo resiliente y luminoso. Quizás por eso la vida me llevó, años más tarde, a profundizar ese vínculo, hasta recibir con emoción el Premio Jerusalem, un reconocimiento que sentí como un puente entre lo personal y lo colectivo.
A partir de ese momento, vinieron los viajes, los encuentros, las conversaciones. Fui muchas veces a Israel y en cada viaje descubrí algo nuevo: la fuerza de un pueblo que transforma la adversidad en educación, en cultura, en innovación.
La capacidad de convivir entre el dolor y la esperanza. Y la certeza de que, detrás de cada conflicto, hay personas, familias, sueños que se parecen mucho a los nuestros.
Allí confirmé algo que siempre supe: que el pueblo judío lleva en su ADN una fuerza vital capaz de vencer a la tragedia. Que la memoria no los ata al pasado, sino que los impulsa hacia adelante. Que cada generación, al recordar, vuelve a elegir la vida.
Por eso hoy no hablo desde la distancia ni desde la empatía ajena. Hablo desde el afecto profundo, desde la gratitud y desde la admiración por una comunidad que ha sabido mantenerse unida incluso cuando el mundo se rompía a su alrededor.
Dos años después de aquella jornada oscura, el mundo sigue buscando un camino que detenga el horror, que devuelva la paz.
Creo —y lo digo con la convicción de quien ha escuchado y aprendido— que el derecho de Israel a existir y vivir en paz no admite discusión.
Pero también creo que toda vida inocente, sin importar su origen o su religión, tiene el mismo valor.
No hay un dolor legítimo y otro descartable.
No hay muertos que “sirvan” a una causa y otros que no. La humanidad no se divide entre banderas.
Por eso hoy decimos con claridad: los rehenes deben ser liberados ya, sin condiciones. Los ataques a civiles, vengan de donde vengan, deben ser condenados con igual firmeza. No hay excusas posibles para la crueldad.
Cuando decimos “Nunca más”, no hablamos solo del pasado. Hablamos del presente y del futuro.
“Nunca más” justificar el terrorismo.
“Nunca más” permitir que el antisemitismo se infiltre en las redes, en las calles, en los discursos disfrazados de corrección política.
“Nunca más” mirar hacia otro lado.
Hoy, ante ustedes, ante los que sufren, ante la memoria de quienes ya no están, quiero compartir también el profundo deseo que las partes se comprometan a la reconstrucción y a la convivencia.
Que Uruguay —como Estado y como sociedad civil— mantenga su vocación de diálogo, de mediación y de apoyo humanitario.
Que todas las religiones del mundo redoblemos el llamado al perdón activo, a la reconciliación, a romper la cadena del odio que tantas veces se disfraza de justicia.
Porque la paz no se impone: se construye.
Y se construye con gestos, con palabras, con educación, y con respeto.
Y se construye, sobre todo, con memoria.
Cuando termine este acto, les pido que nos llevemos un deber: que esta conmemoración no quede acá.
Que recordemos que los vínculos genuinos no exigen credos idénticos, sólo así se construyen caminos más sólidos que cualquier frontera.
Hoy, 7 de octubre de 2025, volvemos a reunirnos en torno a una fecha que marcó el curso de la historia contemporánea.
A dos años de aquel amanecer trágico que todavía duele, no podemos permitir que además duela la injusticia, duela la distancia que separa los discursos de paz de la realidad cotidiana.
Permítanme decir algo con claridad y con esperanza:
HOY ALZAMOS LA VOZ Y PEDIMOS QUE ÉSTE NO SEA SÓLO UN ACTO DE MEMORIA;
QUE ÉSTA TREGUA NO SEA UN ALTO PARA REORGANIZAR LA GUERRA, SINO EL PRIMER PASO PARA SALIR DE LA GUERRA.
Desde esta comunidad uruguaya, desde este acto, reivindicamos sin titubeos:
- Los derechos humanos son universales: nadie puede ser sacrificado en nombre de un supuesto bien mayor.
- La liberación de todos los rehenes debe ser inmediata e incondicional.
- La violencia contra la población civil es inadmisible, venga de donde venga.
- La paz debe construirse con justicia
EL ODIO NO PUEDE TENER LA ÚLTIMA PALABRA.
MUCHAS GRACIAS!!