19-10-11 (Ana Jerozolimski)
Frimet Roth (57), está angustiada. Al dolor de haber perdido hace diez años a su hija Malki de 15 años, en el atentado suicida en la pizzería “Sbarro” de Jerusalem, se agrega ahora el estremecimiento que le provoca saber que dos de sus principales responsables, Ahlam Tamimi y Muhammad Daglas, son puestos en libertad por Israel.
“Esto me duele profundamente, me lastima el corazón”, nos dice. “Me alegra muchísimo que Guilad Shalit vuelva a su casa, pero me enoja que Israel no haya encontrado otra forma de lograrlo, y que se haya abocado sólo a esta opción: la liberación de tantos asesinos”.
El 9 de agosto del 2001,la joven palestina Ahlam Tamimi, llevó en un taxi la carga explosiva a Jerusalem. En la ciudad la entregó a quien sería el suicida, caminó con él hasta el blanco elegido para la explosión, le dio las últimas indicaciones y le dijo que espere 15 minutos para que ella tenga tiempo de alejarse. Antes ya había estudiado detenidamente el lugar, los horarios, el movimiento. Era un mediodía de vacaciones de verano. Al Tamimi sabia que el lugar estaría repleto.
Y así fue. “Sbarro” estaba atiborrado de gente cuando la explosión destrozó el lugar, causando la muerte de 15 civiles y dejando a por lo menos 130 heridos. Entre los muertos estaban Malki Roth y su amiga Mijal Raziel. Están sepultadas juntas.
“Si yo quisiera venganza, pediría asesinar a Ahlam Tamimi”, dice Frimet Roth.”Pero lo que yo quiero no es venganza, sino justicia.Y no se hace justicia si esa mujer queda en libertad”. Le preguntamos si tendría algo para decirle si pudiera verla. Frimet se horroriza ante la sola idea de acercarse a la terrorista. “Esa mujer es un monstruo. No tengo nada que decirle. Cuando preguntó cuántos niños había entre los muertos y le dieron que ocho, se sonrió. Ella misma confesó todo y se dijo orgullosa. No tengo para qué verla.Sólo quiero que permanezca en prisión”.
Frimet y Arnold, su esposo, siguen diciendo que tienen siete hijos. La muerte de Malki no cambió el número, aunque sí la vida. Preguntamos cómo era Malki y Frimet combina un suspiro con una dolorida sonrisa tras la cual adivinamos la garganta entrecortada por las lágrimas. “Era un ángel, siempre tomando en cuenta a los demás, considerada, buena hija, buena amiga, buena hermana”, responde de inmediato. Cuenta que era una jovencita talentosa, que tocaba hermosamente la flauta, era activa en una institución juvenil y que la ayudaba mucho a cuidar a una de sus hermanas menores, en aquel momento de 6 años, que nació con serios retardos y problemas de salud que requerían atención especial.
“Sé que somos demasiado pequeños para frenar el intercambio”, dice .”Lo que intentamos es sacar los nombres de los responsables del atentado en el que murió Malki , de la lista de los que serán liberados. Enviamos al Primer Ministro hace ya unos meses una carta exigiendo y suplicando que si hay un intercambio de presos, no aparezca el nombre de Ahlam Tamimi en la lista. Pero nadie en su oficina respondió”.
“Yo no quiero venganza, pero sí justicia”
25/Oct/2011
Semanario Hebreo, Ana Jerozolimski