La justicia iraní confirmó pena de seis años para Jafar Panahi

17/Oct/2011

El País

La justicia iraní confirmó pena de seis años para Jafar Panahi

Sentencia. El tribunal le prohibió también filmar durante veinte años
17-11-2011
GUILLERMO ZAPIOLA
Son malos tiempos para el cine iraní. Hace unos días se informó el encarcelamiento de una actriz y varios realizadores. Ahora se confirmó la sentencia contra el notable director Jafar Panahi.
Un tribunal de apelaciones iraní confirmó la condena contra Panahi (El globo blanco, El espejo, El círculo, Offside) a seis años de cárcel y 20 años durante los cuales se le prohibirá realizar películas, viajar o dar entrevistas. Un familiar dio a conocer la sentencia contra el cineasta a la prensa internacional.
Panahi, quien al parecer seguía aún en libertad el pasado sábado, había sido condenado en diciembre de 2010 por «actividades contra la seguridad nacional y propaganda contra el régimen», después de haber iniciado la filmación de una película sobre los disturbios que siguieron a la polémica reelección del presidente Mahmud Ahmadinejad en junio de 2009.
El veredicto fue emitido hace dos semanas, pero todavía no ha sido aplicado y Panahi sigue libre por el momento, según explicó el mismo familiar. Por su parte, la abogada del cineasta, Faridé Gairat, señaló por su parte que aún no había recibido ninguna notificación del fallo. El arresto de Panahi en marzo de 2010, su detención durante tres meses y luego su condena en diciembre pasado provocaron el rechazo de los medios artísticos y políticos occidentales, que se movilizaron para pedir que se abandonasen los cargos contra este cineasta.
Los festivales más prestigiosos, incluyendo a Cannes, la Mostra de Venecia y la Berlinale, eligieron a Panahi como su invitado de honor, dedicándole una silla vacía y organizando homenajes y retrospectivas de apoyo. Puntualmente, la Cinemateca Uruguaya presentó una retrospectiva de Panahi como una forma de apoyo moral.
Numerosos gobiernos occidentales denunciaron el arresto y la condena del cineasta. La jefa de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Catherine Ashton, llegó a declarar que la condena de Jafar Panahi era un acto «incompatible con los compromisos internacionales asumidos por Irán en el tema de los derechos humanos».
Curiosamente (o no) el veredicto de diciembre fue criticado a media voz por el propio poder ejecutivo iraní, que desde hace varios meses está enfrentado a las autoridades judiciales del país, dominadas por la línea más dura del régimen.
«El gobierno y el presidente no aprueban la condena» de Panahi, declaró en enero el director del gabinete de Ahmadinejad, Rahim Esfandiar Ma- shaie. Visto desde la distancia es difícil percibir a Ahmadinejad como un moderado, pero así están las cosas. Acaso para proporcionar un perfil de moderación se ha informado que el tribunal redujo a un año de cárcel, contra los seis iniciales, la pena de Mohamad Rasulof, correalizador con Panahi del proyecto de film por el cual fueron condenados juntos en diciembre de 2010. La confirmación de la condena de Panahi es otra mala noticia en medio de un panorama bastante complicado. Como se recordará, hace algunos días la actriz iraní Marzieh Vafamehr fue sentenciada a un año en prisión y a recibir noventa latigazos por aparecer en la película Mi Teherán a la venta. El motivo (o el pretexto) habrían sido las escenas donde Vafamehr aparece sin el hiyab (el velo islámico), aunque la verdadera causa estaría más bien en el perfil crítico de ese film del australiano-iraní Granaz Moussavi hacia las políticas oficiales.
El cine de Panahi resulta, al parecer, particularmente molesto para las autoridades, quizás porque ha insistido sobre de la situación de inferioridad de la mujer bajo las leyes shiitas. No en vano su última película conocida en Uruguay, Offside, se ocupaba de un grupo de mujeres que intentaba «colarse» en un estadio para ver un partido de fútbol (lo que les está prohibido). Jugando con el doble sentido de su título, la película señalaba que en más de una forma esas damas estaban en «offside».
El frustrado viaje de Panahi al Uruguay
Hay una cuota de desesperada ironía en la peripecia vital del director Jafar Panahi. En marzo de 2001, el cineasta iraní debió viajar a Buenos Aires y Montevideo para presentar su formidable película El círculo, una historia muy crítica sobre la situación de la mujer en su país. Cuando su avión llegó a Nueva York, sin embargo, las autoridades de inmigración lo detuvieron tras ver su pasaporte, sospechando que podía tratarse de un peligroso terrorista islámico. Panahi estuvo detenido varias horas en el aeropuerto, fue maltratado verbalmente, y no se le permitió proseguir viaje. En su lugar fue reenviado de vuelta a Irán, en un vuelo con escala en Hong Kong. Nunca llegó al Río de la Plata.
Sería gracioso, si no resultara doloroso, que Panahi haya sido tomado por un extremista islámico en los Estados Unidos, mientras en su país los extremistas islámicos lo consideran en cambio un peligroso subversivo. La reflexión más obvia es que en todos lados hay idiotas, y los que no lo son pagan las consecuencias.