¿Qué celebramos en Shavuot? Tres fiestas juntas. Una es la entrega de la Torá (Pentateuco) al pueblo Hebreo en el Monte Sinaí. Otras dos son celebraciones agrícolas desde tiempos inmemoriales en el Medio Oriente, que la Biblia mantiene como fiestas de agradecimiento al Señor por las primicias de las frutas (en hebreo, Bikurim) y la cosecha de los cereales (en hebreo, Jag a katsir).
Una visión de esta última celebración en tiempos antiguos se ve en la Biblia en el Libro de Ruth, que describe la cosecha de la cebada y cuenta cómo Boaz, el terrateniente, vive y duerme en una tienda dentro del campo durante los días de la cosecha. Vemos aquí que los segadores que contrata Boaz no rebuscan entre la paja y el cereal ni recogen prolijamente los rincones de las parcelas, todo eso lo dejan en la tierra a propósito para que lo puedan recoger con dignidad quienes no tienen campos propios para cosechar.
Ruth busca la tienda de Boaz para tener la protección del pariente de su difunto marido, se acuesta a sus pies y el comentario rabínico dice que Boaz se asusta pensando que una diabla está bajo su manto, porque le parece sentir las piernas peludas de los diablos. Un examen más detenido posiblemente dejó tranquilo a Boaz, porque la pareja se casa, Boaz redime es decir adquiere en un solo paquete, a la viuda y la tierra del difunto, que así quedan ambos, dentro de la misma tribu en la que estaban.
La tercera es una fiesta original de la Biblia, “Zman matan torateinu” (Tiempo de entrega de nuestra Ley). La Biblia establece también un lugar para este episodio, el Monte Sinaí. Dónde está el Sinaí y cuándo sucedió la Revelación de la Ley ha motivado cientos de libros y búsquedas arqueológicas, pero ese es otro tema. Cierto o no el episodio en la Historia, el texto de la Ley bíblica dice que en el Sinaí todo el pueblo presente recibe los 10 Mandamientos, una tradición que judíos y cristianos seguimos celebrando al día de hoy. En los 40 días siguientes y en la cima del Monte, según la tradición, Moisés recibió del Señor toda la Ley, es decir todo el texto de la Torá más la explicación verbal de cada uno de sus mandamientos.
El Talmud (recopilación de la jurisprudencia hebrea) dice que si bien en el Monte Sinaí recibió Moisés del Eterno toda la Ley, la Torá existió antes que Moisés, aún antes que el mundo; el Señor la pensó y la habría utilizado como los planos para Su Creación. En la interpretación rabínica, el Señor creó primero el Pentateuco. Después hizo al mundo y al ser humano, para llevar Su ley a obra sobre la tierra.
En todo caso, en el Sinaí no se entregan muchas leyes novedosas para su región y su época. ¿Prohibir el asesinato, el robo, adulterio y el falso testimonio, exigir justicia, proteger a la viuda y al huérfano? Eso ya era conocido, con algunas variantes, en el Cercano Oriente, en las leyes escritas de Sumer (siglo XXV a.e.c.) y las de Hammurabi. (Siglo XVIII a.e.c.)
Yehezkel Kaufman en su libro “The religion of Israel”1 explica que la legislación mosaica no puede entenderse como una evolución de las normas legales existentes en Cercano Oriente, sino como una revolución en la forma de pensar. La Biblia renueva las normas y celebraciones en uso en Cercano Oriente, dando a todo el régimen de Ley, un nuevo significado. Ese nuevo sentido arranca del monoteísmo ético en que se basa la Biblia. El Señor del Universo del Sinaí es un ser Uno y Unico que simplemente “Existe”, sin representación física.
Quizás algunos sucesos del Exodo y de la entrega de la Ley puedan o podrán en el futuro comprobarse y fecharse con la arqueología. Tal vez varias explicaciones son simplemente ejemplos que se han enseñado desde muy antiguos tiempos para entender lo que significa la Ley bíblica. Tengamos presente que la Biblia no se define a sí misma como Libro de Historia sino como Libro de la Ley. En el concepto bíblico, la historia son sucesos que pasan, la Ley permanece. La Biblia ha sido el libro más editado, traducido y conocido en toda la civilización occidental. Los valores que presenta han moldeado nuestra forma de vida y las legislaciones de los países de nuestro mundo occidental, incluyendo los de la Constitución uruguaya.
Los rabíes hebreos no pueden explicar esta frase de Deuteronomio: “Y vuestros niños, de quienes dijisteis iban a ser la prenda, y vuestros hijos que no conocen en el día de hoy ni bien ni mal, ellos entrarán en la Tierra”.2 Buscan: ¿dónde dice la Biblia que los hebreos ofrecieron al Señor sus hijos como prenda y garantía de la observancia de la Ley bíblica? No lo encuentran por ninguna parte pero elaboran un “midrash”, un ejemplo real o imaginado, que sirva para entender el texto bíblico. Dice así: antes de entregar la Ley en el Monte Sinaí, el Señor pidió al pueblo hebreo garantías de su cumplimiento. ¿Qué podía tener ese pueblo recién liberado de la esclavitud para entregar en prenda? Ofrecieron como garantía a sus patriarcas y matriarcas. El Señor contestó:
-Están muertos. No los pueden usar como garantía. El pueblo ofreció entonces a sus Profetas, y el Señor contestó:
-Ustedes no son dueños de los profetas. Ellos son Mis enviados.
Entonces el pueblo ofreció a sus descendientes. A “nosotros” en todas las generaciones. En tiempos antiguos, cada padre era dueño de sus hijos, podían venderlos y darlos en garantía. Podemos discutir si esa herencia que recibimos nos obliga o simplemente nos da la capacidad para seguir adelante con esa Ley heredada. ¿Siguen siendo los 10 Mandamientos guía válida para nuestra vida? La respuesta depende de cada uno de nosotros. Es interesante que en la discusión de la Declaración Universal de los Derechos Humanos realizada en 1948 en la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Dr. René Cassin (premio Nobel de la Paz 1968) expusiera cómo la civilización occidental tiene en los 10 Mandamientos el primer reconocimiento legal de los Derechos Humanos.
Un dato interesante. Todas las leyes bíblicas se dirigen a los individuos, pero en algunas de ellas el sujeto obligado y el que detenta los derechos es el Pueblo, el conjunto de la comunidad y sólo se pueden ejercer en comunidad. “Todo el Pueblo estuvo presente en el Sinaí”, se ha interpretado: no solo por los presentes en aquel momento sino también sus descendientes aún no nacidos. “Cada uno de nosotros ha estado presente en el Sinaí”, nos recuerda la Hagadá (relato) de Pesaj-Pascua. Los derechos y obligaciones que surgen del Pacto de la Ley serán ejercidos por quienes vivan en cada generación. Mientras la ley de Cercano Oriente antes de Moisés, era obligación individual, familiar y aún tribal, la Ley de Sinaí impone por sobre esa obligación individual, la nueva obligación nacional. La responsabilidad y la penalidad por la falta de cumplimiento de algunas leyes, resultan así, colectivas.
Israel tiene desde el Sinaí, Ley Nacional, aunque le faltan varios siglos para tener organización política nacional. Antes de recibir la Ley, los personajes del Exodo de Egipto son un grupo de ex esclavos, sin más ordenamiento que el de seguir a un líder. La Ley es la que hace la diferencia. Podemos decir que la aceptación de los Mandamientos nos transforma en Pueblo. El Pentateuco le da al Pueblo su carta de identidad nacional.
El Pacto entre el pueblo hebreo y Su Legislador se mantiene a través del tiempo; sus Leyes no cambian. Pero, y aquí está el quid de la cuestión, esas leyes se pueden interpretar y se deben interpretar por quienes tienen que aplicarla en cada tiempo. En la discusión de cómo se aplica la Ley bíblica, radica el desarrollo de la Ley hebrea. El Talmud, justamente, es el cuerpo legal que redacta por escrito esa interpretación milenaria.
En Shavuot la tradición es comer comidas lácteas ¿qué simboliza? Un midrash dice que todo el pueblo estuvo presente cuando el Señor les habló desde los cielos, “hombres, mujeres, niños y el extranjero que está con vosotros”. Nadie se quedó a preparar la comida… así que cuando volvieron a sus tiendas, rápidamente tomaron leche cuajada y queso blanco para comer. Otro midrash apunta a las leyes sobre la comida kasher (pura según la Ley hebrea) recién aprendidas en Sinaí. Los hebreos comprendieron que la carne (de cabras o corderos, posiblemente) no había sido faenada tal como indica la Ley hebrea, por lo que la descartaron y comieron alimentos lácteos.
En el alfabeto hebreo, cada letra tiene valor numérico. Nuestros rabíes de ilustre memoria, buscan símbolos en el valor aritmético de las letras de cada palabra. Es una ciencia de “dibujo geométrico”, que llamaron Guematria. (Del griego, Geometría). Leche, en hebreo jalab, se escribe sin vocales, JLB, con las letras “Jet” = 8, “Lamed” = 30 y Bet = 2. El total es 40 y entienden que simbolizan los 40 días que Moisés estuvo en la cima del Monte Sinaí para recibir la Ley.
¿Qué otro símbolo hay en esas hojuelas de masa rellenas de queso blanco? La Ley ha llegado de los cielos, es el regalo del Señor a Su Pueblo. ¿Qué comida llegó de los cielos al pueblo hebreo? En el texto bíblico, es el maná.3 El Libro de Exodo describe al maná. “como simiente de cilantro, de color blanco”. En el siglo X e.c. Rabí Salomón ben Isaac, más conocido como Rashi, explica: “es una hierba llamada en idioma extranjero (en francés del Noroeste de Francia, la zona donde vivía y enseñaba Rashi) coriandre. Tiene la simiente redonda“.
“Y su sabor, como pasteles con miel”, agrega el texto de Éxodo. Rashi explica: “Es una masa que se fríe, con miel”. Una masa frita, algo así como un crêpe francés o un blintze de Europa Central, con relleno dulce y blanco. ¿Qué relleno puede ser? Algo que se consiga barato y en abundancia. Cuando no había heladeras, todos los días la leche fresca se transformaba en leche cuajada y crema ácida.
La tradición de los crêpes o panqueques arrollados rellenos de queso blanco, rociados con crema, se puede encontrar en Europa Oriental desde tiempos muy antiguos. Se los llama “blinis” y se comen hoy en día en U.S.A, Canada, Estados Unidos, Buenos Aires y cualquier país en que haya restaurantes de comida rusa. En Vilna y Kovno hay bares que se dedican a servir sólo blinis, enormes hojas redondas y fritas de papa rallada o masa de leche y harina, con los rellenos más diversos. Allí los llaman “lietinis” para envolverlos además de con crema, con la ilusión de pertenecer a la tradición original lituana.
Mi mamá los llamaba “blintzes” y mi padre daba una interpretación que no he encontrado en ninguna fuente, aunque es muy posible que llegue de mis abuelas, quién sabe por cuántas generaciones. “se sirven dos blintzes juntos arrollados en un plato para recordarnos los Rollos de la Ley”.