En el día de ayer, la Cátedra de Judaísmo Nisso Acher de la Universidad Católica del Uruguay, que es apoyada por el Comité Central Israelita, presentó el libro “Retorno a Jedwabne” del escritor español David Serrano Blanquer, quien estuvo presente en el evento. Les brindamos las palabras que pronunció el Presidente del CCIU Roby Schindler.
Estimadas autoridades de la Universidad Católica del Uruguay, estimada Silvia Facal, Directora de la Cátedra de Judaísmo Nisso Acher, estimado David Serrano Blanquer, integrantes del Centro Recordatorio del Holocausto, queridas amigas y amigos,
Antes que nada quiero aclarar que no soy crítico literario, y es la primera vez que se me pide que haga uso de la palabra en ocasión de la presentación de un libro.
He dicho en reiteradas oportunidades, cuando presidía la Nueva Congregación Israelita, que no sé cul placer es mayor; si estudiar sobre un tema y enriquecerme con el conocimiento aprendido, o si compartir esas enseñanzas con el auditorio.
Y fue exactamente con ese espíritu que me metí de lleno en el “Retorno a Jedwabne”.
Desde el punto de vista de la historia que cuenta, entiendo que adquiere una relevancia superlativa, el hecho de haber podido rastrear, investigar, entrevistar a diferentes personas y cruzar información para verificar datos y no caer en errores que luego puedan poner un manto de duda, a uno de los hechos menos conocidos y más terribles que la Shoá nos haya dejado.
Jedwabne es un pequeño pueblo rural en Polonia, situado a unos 170 kms. de Varsovia, en donde vivían entre 1.600 y 3.000 personas. Aproximadamente la mitad de los habitantes de Jedwabne eran judíos, y llevaban conviviendo en ese pueblo unos 300 años.
Imagínense, se conocían entre todos.
Eran vecinos, amigos, compañeros de estudios, clientes, proveedores, empleados y patrones, conviviendo afablemente, aunque el antisemitismo estuviera flotando en el aire en forma permanente.
Luego que Alemania invade Polonia, el 1º de setiembre de 1939, se la divide con Rusia, de manera que desde 1939 hasta 1941, Jedwabne estuvo dominado por los rusos, y a partir del 21 de junio de 1941, cuando estalla la guerra entre alemanes y rusos, Alemania ocupará muchas de esas tierras, incluida Jedwabne.
Un joven nazi, Hermann Shaper, es designado para liderar la limpieza étnica de los judíos en esa parte de Polonia, y así se lo transmite y exige a las nuevas autoridades del pueblo.
Finalmente, el día 10 de julio de 1941, se lleva a cabo uno de los peores pogromos de los que tengamos conocimiento.
Este hecho terrible, inimaginable, ocurrió hace ya 83 años! Y debe ser uno de los secretos mejor guardados.
Les voy a decir algo: con todo respeto, a medida que iba leyendo la primera parte del libro, no podía creer lo que leía.
En un momento me pregunté cuando fue escrito el libro, porque cuando lo lean, van a coincidir conmigo, que parecía que yo estaba leyendo crónicas de lo que ocurrió el pasado 7 de octubre, cuando el ataque terrorista de Hamás a la población civil israelí.
Actos barbáricos perpetrados por los propios vecinos civiles, con palos, cachiporras de goma, cuchillos, hachas, palas, etc.
No fueron soldados nazis, fueron compañeros de clase, amigos, colaboradores, gente que se conocían de toda una vida. Primero los llevaron a la plaza a central a palos y golpes.
Una vez en la plaza les hicieron retirar una estatua de Lenin y se la hicieron cargar a unas decenas de judíos jóvenes, hasta el granero de un tal Sleszynski, siempre en medio de un caos generalizado.
Una vez ahí, se da cuenta que no menos de 400 personas, incluso hay terstimonios de que casi 1.000 personas son introducidas en el granero, trancados y prendidos fuego.
Como no todos los judíos habían sido alcanzados en primera instancia, durante las siguientes horas, siguen llegando más judíos detenidos, golpeados y vejados, mientras continuaba ardiendo el granero.
El mundo está viviendo desde hace un buen rato, momentos muy cnvulsio9nados. Líderes políticos que van mucho más allá de sus atribuciones, discursos de odio que envalentonan a las masas, quienes se sienten protegidos por la virulencia con la que son motivados e incitan a la violencia.
Pero esos recién llegados, debían cavar una fosa enorme para enterrar la imagen de Lenin, toda destruida a esta altura, y por supuesto esos judíos que fueron llevados hasta ahí por la fuerza, también son asesinados y empujados a esa fosa común.
Vecinos que se conocían de toda una vida, quemaron vivos a sus vecinos. ¿Por qué? Porque eran judíos.
A los más chiquitos los tiraban como pelotas, directamente a la inmensa hoguera, violaciones de mujeres en masa, decapitaciones.
¿No les suena parecido a algo?
La única gran diferencia es que los terroristas de Hamás grabaron y filmaron todo con el mayor orgullo.
En cambio, la población de Jedwabne nunca habló del tema. Barrieron para debajo de la alfombra.
Por eso, rescato el trabajo de David Serrano Blanquer, por haber tenido la osadía de ir atrás de una historia, cuya sola investigación debió haber demandado no solo muchas horas de trabajo, sino también, y es lo que quiero ponderar especialmente pararse con valentía a sacar a luz una historia de gente que se dice creyente, que no solo quemó vivos a sus vecinos judíos, sino que además, amedrentó, amenazó y expulsó a quienes no siendo judíos, pretendieron pedir perdón.
El mundo está viviendo desde hace un buen rato momentos muy convulsionados.
Líderes políticos que se manifiestan con discursos de odio que incitan a la violencia.
Ongs que venden la idea de defender los derechos humanos de colectivos vulnerables, siempre y cuando no haya víctimas judías.
Ya lo decía Martin Luther King, el mundo no está mal por los pocos malos que hay, sino por los muchos buenos que se quedan de brazos cruzados al costado del camino sin hacer nada.
Y también Nelson Mandela nos enseñó que el ser humano no nace odiando, aprende a odiar.
¿Entonces por qué no dedicarnos a enseñar a amar?
El pueblo judío tiene muy ejercitado el músculo de la memoria.
Miles de años de historia padeciendo persecuciones, matanzas, han hecho que el calendario judío tenga muchas fechas de recordación.
¿Y por qué traigo esto a colación?
La palabra “Recordar” viene del latín “Recordari”, formado por el prefijo RE, que denota “Repetición, de nuevo”, y Cordis, que quiere decir “Corazón”. Recordar es mucho más que tener presente en la memoria.
Recordar, tal como lo concibo yo, es volver a pasar un evento por el corazón.
Cuando recordamos no evocamos apenas un hecho, sino que lo resignificamos con la secreta y anhelada pretensión de que ese “recuerdo”, nos atraviese el corazón y nos enseñe a amar al prójimo como a nosotros mismos.
Que dios los bendiga
Muchas gracias.