La vida de Gadafi, una paradoja

23/Ago/2011

El Observador

La vida de Gadafi, una paradoja

23-8-2011
REVOLUCIÓN EN LIBIA El líder. El mandato del dictador, que estuvo 42 años en el poder, fue marcado por sus extravagancias
Sirte, Libia, junio de 1942. Muammar Gadafi nace en el seno de un campamento beduino en pleno desierto de la entonces Noráfrica Italiana. Niño odiado por sus compañeros de clase, vive una adolescencia peculiar, pasando sus ratos libres manifestándose en contra de Israel durante la crisis de Suez. A los 21 años, ya licenciado en Derecho, recibe entrenamiento militar en el Reino Unido. Con el egipcio Gamal Andel Nasser, el argentino Che Guevara y el chino Mao como grandes ídolos, a los 27 Gadafi ya controla el país.
Sirte, Libia, agosto de 2011. Tras dos días de un enorme y sorpresivo avance rebelde, que domina casi totalmente la otrora Libia del coronel, varias hipótesis apuntan a una supuesta huida del feroz dictador a su ciudad natal. Las fuerzas de la OTAN, presentes en tierras libias desde marzo de este año, interceptaron ayer un misil lanzado, al parecer, por las tropas leales al dictador desde la ciudad de Sirte.
El líder libio, conocido por sus excentricidades y frivolidades sin fin, sus enfrentamientos con Occidente, y por ser el más longevo de los dictadores en África, está actualmente cercado tras una rebelión que ha desangrado el país durante meses.
Y los rebeldes festejan hoy el fin de la «era Gadafi». Cuando, el mismísimo promotor de esta etapa, iniciada con un golpe de Estado que derrocó al rey Idris el 1º de setiembre de 1969, se encuentra en paradero desconocido.
Otros tiempos
Lejos quedaron los días en que, vestido con una túnica café a la usanza beduina y una boina negra, el dictador tomó su lugar en el estrado de la ONU y pronunció un sermón airado, errático y a veces incoherente contra todo lo que detestaba.
En su primer y único discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2009, Muammar Gadafi divagó sobre el cansancio de viajar en avión, la gripe porcina, el asesinato de John F. Kennedy y de mudar la sede de la ONU a Libia, la vasta nación desértica que había gobernado con puño de hierro durante cuatro décadas. Mientras los delegados se retiraban consternados del amplio recinto en aquella jornada, un Gadafi iracundo declaró que el Consejo de Seguridad «debería llamarse ´el Consejo del Terror´´´. Acto seguido hizo pedazos una copia de la carta de la ONU.
Aquel despotrique estrafalario de 96 minutos por parte del «líder hermano y guía de la revolución» de Libia podría presentarse ahora como el desenlace adecuado a una vida extravagante, pronunciado menos de dos años antes de la sublevación de su pueblo y antes de los ataques a Libia de los aviones de los delegados de algunos países que asistieron a aquella audiencia.
Líder contradictorio
Posiblemente más que cualquier otro de los gobernantes autocráticos de la región, Gadafi era un hombre de contrastes.
Era un patrocinador del terrorismo que condenó los ataques del 11 de setiembre de 2001. Era un dictador brutal que derribó un muro de una prisión para liberar a prisioneros políticos. Era un nacionalista árabe que se mofaba de la Liga Árabe. Y en la cúspide de la paradoja, pregonaba el poder del pueblo, que salió en protesta a las calles y se alzó en armas.
Para una vida marcada mucho tiempo por la convulsión, las excentricidades y períodos de violencia, las únicas constantes de Gadafi fueron el control que tenía del poder -en el que jamás se le desafió hasta los últimos meses de su gobierno- y su hostilidad hacia Occidente, que lo calificaba de terrorista mucho antes del surgimiento de Osama bin Laden.
El secreto de su otrora permanencia eficaz y longeva en el poder derivó de las enormes reservas petroleras que tiene en el subsuelo su república en el desierto del norte de África, y su capacidad para emprender cambios de rumbo drásticos cuando las circunstancias lo exigieran.
A finales de 2003, Gadafi escenificó diversos virajes espectaculares. Tras pasar años negándolo, Libia reconoció su responsabilidad en el atentado que en 1988 destruyó un jumbo jet de la aerolínea Pan Am que volaba sobre Lockerbie, Escocia, donde murieron 270 personas. Trípoli aceptó indemnizar con US$ 10 millones a los parientes de cada una de las víctimas y anunció que desmantelaría todas sus armas de destrucción masiva.
Las recompensas no se hicieron esperar. En unos cuantos meses, EEUU levantó las sanciones económicas contra el país y reanudó vínculos diplomáticos de bajo nivel con Libia. La UE recibió a Gadafi en Bruselas. El primer ministro británico Tony Blair lo visitó en Trípoli.
Pero esos días quedaron ahora muy atrás. Y Gadafi está, según otras varias hipótesis, atrincherado en su cuartel general de Trípoli, con la comunidad internacional reclamando su renuncia. (Con base en agencias)