«Yo fui testigo».
Así comienza un testimonio escrito de mi padre (Z»L) sobre la Noche de los Cristales Rotos, de la cual él fue testigo presencial.
Se la conoce como la Noche de los Cristales Rotos, por la gran cantidad de vidrios rotos de tiendas y negocios judíos.
Sin embargo, este nombre no es lo suficientemente explícito: no está de más recordar y enfatizar que la tragedia principal fue la destrucción parcial o total de la mayoría de las sinagogas de Alemania y Austria.
Si: también de Austria, porque en marzo de 1938 tuvo lugar el Anschluss, la anexión de Austria por parte de la Alemania nazi, por lo cual en dicho país los nazis aplicaron la misma política antisemita que en Alemania.
El horror tuvo lugar en la Noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, utilizando los nazis alemanes con mucha astucia y malicia el pretexto del atentado que tuvo lugar pocos días antes en la Embajada alemana en Francia contra su consejero Von Rath, por parte del joven y desesperado Herschel Grynspan.
Evidentemente, semejante pogrom como el que tuvo lugar fue planificado con antelación y solo hacía falta un detonante, un pretexto para llevarlo a cabo.
El antisemitismo nazi venia in crescendo a partir del ascenso de Hitler al poder en 1933, pero es recién con la Noche de los Cristales que el judaísmo alemán parece derrumbarse definitivamente.
Casi la mitad del judaísmo alemán ya había emigrado, pero luego del pogrom miles y miles de judíos que aún no se habían decidido a emigrar -no querían o no podían- deciden finalmente dar el paso decisivo y salvador de la emigración. Entre esos judíos estaba…mi padre.
Cuando de la Alemania nazi y de otros países aún se podía salir -con muchísimas dificultades pero se podía- buena parte de los países cerraron o semicerraron las puertas a los judíos. Estos quedaron finalmente encerrados en el infierno, por lo cual los países que clausuraron sus puertas son, en buena medida, también responsables de lo que le pasó a los judíos alemanes en particular y europeos en general.
En el pogrom también murieron judíos y miles fueron arrestados y llevados a los incipientes campos de concentración, como por ejemplo Buchenwald.
Vandalismo: contra hogares, cementerios, hospitales y escuelas judías.
Pero lo que simboliza esta noche es la destrucción de las sinagogas.
No solo el edificio sinagogal: los rollos de la Toráh, los libros de rezos (Sidurim), otros objetos sagrados…
Todo el desastre, todo, significó un trauma para los judíos alemanes y austriacos. Y parecía que el judaísmo alemán había llegado a su fin.
Increíblemente, varias décadas después resurgió, literalemente, de entre las cenizas.
Ya sea como antecedente de la Shoáh o como parte de la Shoáh, la Noche de los Cristales Rotos debemos recordarla. Siempre.
Pasaron varias décadas y la violencia, de tanto en tanto, se ensaña contra los templos. De distintas religiones.
Siguen habiendo «cristales rotos». La violencia, del tipo que sea y contra quien sea es muy mala.
Incluyendo la violencia contra los templos. No hay nada que la justifique. Nada.
Y como cada año cuando llega esta fecha tan triste, vuelvo a leer el testimonio de mi padre -que estuvo allí- y que comienza con las palabras «Yo fui testigo…»
La noche de las sinagogas destruidas
09/Nov/2020
Por Lic. Rafael Winter (Rufo), para CCIU