«En nuestra civilización, la conquista no es ocupación ni saqueo. Es establecer el dominio de la justicia que Alá ordenó en la región… Por eso nuestra civilización es de conquista.» – Presidente turco Recep Tayyip Erdogan, MEMRI.org, 26 de agosto de 2020.
«Turquía tomará lo que le corresponde en el Mar Mediterráneo, en el Mar Egeo y en el Mar Negro…. Por eso estamos decididos a hacer lo que sea necesario política, económica o militarmente. Nos dirigimos a nuestros interlocutores para prevenirlos y estar atentos ante situaciones que los lleven a su propia destrucción. – Presidente turco Recep Tayyip Erdogan, MEMRI.org, 26 de agosto de 2020.
«El trato más salvaje siempre estuvo reservado a aquellos que proclamaban visiblemente su cristianismo: el clero y los monjes, quienes fueron asesinados en hogueras y otros fueron desollados vivos de la cabeza a los pies'». – Raymond Ibrahim, historiador, Revista Frontpage, 7 de agosto de 2019.
En 2018, el presidente del parlamento turco, İsmail Kahraman, describió la ofensiva militar de Turquía contra el norte de Siria como «jihad». «Sin jihad», añadió, «no habrá progreso». Durante la misma ofensiva, la Dirección de Asuntos Religiosos de Turquía (Diyanet) también invocó a la jihad, y declaró en un sermón semanal que «la lucha armada es el nivel más alto de la jihad».
El gobierno turco ha intensificado en los últimos años su retórica de neo-otomanismo y conquista.
El 26 de agosto, por ejemplo, el presidente Recep Tayyip Erdoğan pronunció un discurso en un acto de celebración del 949º aniversario de la batalla de Manzikert. Esta batalla tuvo como resultado que los turcos de Asia Central invadieran y capturaran la entonces mayoritaria ciudad armenia de Manzikert, dentro de las fronteras del Imperio Bizantino.
Partes de su discurso
«En nuestra civilización, la conquista no es ocupación ni saqueo. Es establecer el dominio de la justicia que Alá ordenó en la región [conquistada].
«En primer lugar, nuestra nación eliminó la opresión de las áreas que conquistó. Estableció la justicia. Por eso nuestra civilización es de conquista.
«Turquía tomará lo que le corresponde en el Mar Mediterráneo, en el Mar Egeo y en el Mar Negro. Así como no estamos mirando el suelo, la soberanía o los intereses de nadie más, nunca daremos ninguna concesión de los nuestros. Por eso estamos decididos a hacer lo que sea necesario política, económica o militarmente. Invitamos a nuestros interlocutores a que se pongan en orden y se alejen de los errores que les abran el camino para ser destruidos.
«Queremos que todo el mundo vea que Turquía ya no es un país cuya paciencia hay que poner a prueba o cuya determinación, capacidad y coraje hay que poner a prueba. Si decimos que lo haremos, entonces lo haremos. Y nos harems cargo.
«Si hay alguien que quiera enfrentarse a nosotros y pagar el precio, que venga. Si no, que se aparten de nuestro camino, y nosotros nos ocuparemos de nuestros asuntos.
«¿Y qué dijo [el poeta turco] Yahya Kemal? En el espíritu de los ejércitos de aquí: «Esta tormenta que está estallando es el ejército turco, ¡oh Señor! El ejército que muere por ti es éste, ¡oh Señor! ¡Que tu renombrado y fortalecido nombre se eleve con las llamadas a la oración! Haznos vencedores, porque este es el último ejército del Islam!'»
En otro discurso en mayo, Erdogan volvió a comentar las conquistas, refiriéndose a la invasión de 1453 de Constantinopla por los turcos otomanos:
«Nuestros antepasados vieron la conquista no sólo como la toma de tierras, sino como la conquista de corazones. Recientemente, algunos presuntuosos han tratado de definir la conquista como ocupación. Créame que son completamente ignorantes. Pregúntenles qué significa la conquista y no lo sabrán. La conquista es apertura. La conquista es especialmente para ganar corazones, pero ellos no lo saben. Nuestros antepasados, milenarios, trabajaron cada parte de Anatolia, Tracia y los Balcanes a través de los alperenos [combatientes], derviches, veteranos…. Cuando el Conquistador [Sultán Otomano Mehmed II] entró a través de los muros de Estambul, las damas griegas dijeron, «Queremos ver un turbante otomano en lugar de ver el cono cardinal en nuestras cabezas».
Uno de los principales problemas de Turquía es el revisionismo histórico sistemático promovido por el gobierno y todas las demás instituciones del país, incluidos los medios de comunicación. Hay importantes falsedades en este revisionismo, en particular sobre la invasión de Manzikert (Malazgirt) y de Constantinopla (Estambul).
>Cuando los turcos, liderados por el Sultán Alp Arslan (nombre real: Muhammad bin Dawud), llegaron a Manzikert en el siglo XI para invadir la región, no «ganaron corazones». En su lugar, cometieron masacres. Manzikert era entonces una ciudad predominantemente armenia. La masacre «comenzó en 1019, hace exactamente mil años», escribe el historiador Raymond Ibrahim, «cuando los turcos comenzaron a transformar Armenia, en aquél entonces mucho más grande de lo que es hoy, la parte actual de Turquía oriental.
Como describe Ibrahim, las conquistas no se lograron «ganando corazones». Fueron acompañadas por brutales matanzas de nativos cristianos, cautiverio de mujeres, niñas y niños y destrucción de iglesias.
«El trato más salvaje siempre se reservaba para aquellos que profesaban visiblemente su cristianismo: el clero y los monjes ‘eran quemados hasta morir, mientras que otros eran desollados vivos de la cabeza a los pies’. Antes, Ani era conocida como «la Ciudad de las 1001 Iglesias», pero a partir de esto, monasterios e iglesias fueron saqueados, profanados e incendiados. Un jihadista subió a la catedral principal de la ciudad y derribó la pesada cruz que estaba en la cúpula, tirándola al suelo. Luego ingresó y la profanó.
«Varias fuentes cristianas documentan el saqueo de la capital de Armenia, y se señala que Mahoma ‘convirtió a Ani en un desierto por medio de masacres y fuego’. También lo hacen las fuentes musulmanas, a menudo en términos apocalípticos: «Quería entrar en la ciudad y verla con mis propios ojos», explicó un árabe. Intenté encontrar una calle sin tener que pasar por encima de los cadáveres. Pero eso era imposible».
Otro hecho histórico se refiere a las atrocidades cometidas durante la invasión de la ciudad griega bizantina de Constantinopla por los turcos otomanos en el siglo XV. Las mujeres griegas, se decía, «preferían a los otomanos». La ciudad en realidad cayó después de varias semanas de resistencia griega. El historiador Mark Cartwright escribe que «los bizantinos fueron superados en número de hombres, barcos y armas».
Cuando Constantinopla fue invadida el 29 de mayo de 1453, agrega Cartwright, «comenzó la violación, el saqueo y la destrucción».
«Muchos de los habitantes de la ciudad se suicidaron para evitar ser sometidos a los horrores de la captura y la esclavitud. Unos 4.000 fueron asesinados y más de 50.000 fueron enviados como esclavos. Muchos buscaron refugio en iglesias y se atrincheraron, incluso en el interior de Santa Sofía, pero estos eran objetivos obvios para sus tesoros, por lo que después de ser saqueados por sus gemas y metales preciosos, los edificios y sus invaluables iconos fueron destrozados, y las personas que allí se encontraban fueron masacradas. Se perdieron incontables tesoros artísticos, se quemaron libros y se rompió en pedazos todo lo que tuviera mensajes cristianos, incluso murales y mosaicos.
La caída de Constantinopla puso fin al Imperio Bizantino y llevó a la toma de la región por el imperio otomano. La historia de los turcos otomanos también estuvo marcada en gran medida por la persecución contra los cristianos y otros no musulmanes.
El Imperio Otomano duró unos 600 años (de 1299 a 1923) e incluyó partes de Asia, Europa y África. Los cristianos y los judíos bajo el dominio otomano se convirtieron en dhimmis, súbditos «tolerados» de segunda clase, que tenían que pagar un pesado impuesto de protección jizya para mantenerse vivos. Durante este período, como señala el historiador Vasileios Meichanetsidis, los turcos se dedicaron a prácticas opresivas, entre ellas:
«el sistema ghulam, en el que los no musulmanes eran esclavizados, convertidos y entrenados para convertirse en guerreros y estadistas; el sistema devshirme, el reclutamiento forzoso de jóvenes cristianos arrebatados a sus familias, convertidos al Islam y esclavizados para servir al sultán en su palacio y para unirse a sus janissaries (nuevos cuerpos)»; la islamización obligatoria y voluntaria, esta última resultante de la presión social, religiosa y económica; la esclavitud sexual de mujeres y jóvenes, la deportación y la masacre».
Muchas de las creencias turcas sobre la historia son en realidad todo lo contrario de la verdad histórica. Según el estudio turco de la historia, por ejemplo, lo que ocurrió en la Turquía otomana en 1915 no fue un genocidio contra los armenios. El Instituto de Historia de Turquía produjo un documental en cinco idiomas sobre lo que denomina «La rebelión armenia contra el Estado otomano, el terrorismo y la propaganda». El documental -en consonancia con la forma en que los turcos estudian la historia- afirma falsamente que fueron los armenios quienes intentaron masacrar a los turcos y cometer otros crímenes contra ellos y que los turcos sólo actuaron en defensa propia. Sin embargo, la mayoría de los historiadores concluyen que los acontecimientos de 1915 constituyen un genocidio contra armenios, asirios y griegos.
Este revisionismo en el que participa Turquía no sólo es un insulto a las víctimas de esos crímenes y a los descendientes de las víctimas, sino también una barrera que impide a muchos turcos desarrollar un pensamiento crítico y una comprensión de los hechos empíricos. La creencia en la yihad [guerra santa en nombre del Islam], la conquista en nombre de la doctrina islámica y la deshumanización de los kafires (infieles) parecen desempeñar un papel importante en la mentalidad supremacista turca y en las aspiraciones actuales de sus dirigentes. En 2016, por ejemplo, Numan Kurtulmus, el entonces Viceprimer Ministro de Turquía, anunció en una reunión pública: «La independencia significa poder hacer frente a los kafires (infieles) llamándolos kafires». En 2018, el Presidente del Parlamento de Turquía, İsmail Kahraman, describió la ofensiva militar de Turquía contra el norte de Siria como «yihad». «Sin jihad», añadió, «no habrá progreso». Durante la misma ofensiva, la Dirección de Asuntos Religiosos de Turquía (Diyanet) también llamó a la «jihad» y declaró en un sermón semanal que «la lucha armada es el nivel más alto de la jihad».
Por lo tanto, muchos turcos glorifican las invasiones selyúcidas, otomanas y turcas y trivializan o niegan totalmente los crímenes cometidos. La invasión de Chipre por Turquía en 1974, por ejemplo, estuvo acompañada de muchos delitos como asesinatos, violaciones, torturas, incautación y saqueo de propiedades y desapariciones forzadas de grecochipriotas. No obstante, el Gobierno turco llama oficialmente a la invasión una «Operación de Paz de Chipre» y todos los años la conmemora con orgullo.
Los discursos de odio también están muy difundidos en los medios de comunicación turcos. Según un informe de la Fundación Hrant Dink, los armenios fueron el grupo más atacado por discursos de odio en los medios de comunicación turcos en 2019, seguidos por los refugiados sirios, los griegos y los judíos.
Cuando las masacres y otras atrocidades son consideradas como «acontecimientos gloriosos» y las continuas violaciones de los derechos humanos -como el encarcelamiento por Erdogan de los presos políticos- se convierten en incidentes socialmente normalizados, no puede sorprendernos que los turcos no protesten contra las graves violaciones de los derechos humanos en su país o por la ocupación del norte de Chipre o de Siria, por parte de Turquía.
Uzay Bulut, a Turkish journalist, is a Distinguished Senior Fellow at the Gatestone Institute.
Turquía glorifica sus históricos crímenes
04/Nov/2020
por Uzay Bulut (Gatestone Institute). Traducido por CCIU.