La opción más difícil

03/Sep/2010

El Observador

La opción más difícil

LOS LÍDERES DE ISRAEL Y LA AUTORIDAD NACIONAL PALESTINA HICIERON UN LLAMAMIENTO SIN PRECEDENTES A HACER SACRIFICIOS PARA LOGRAR LA PAZ
La opción más difícil
Netanyahu y Abbas acordaron iniciar un proceso de conversaciones de paz. Tendrán un año como plazo, durante el cual deberán luchar contra varios obstáculos internos
Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP) acordaron ayer en Washington lanzar un camino de negociación, buscando llegar a la paz que buscan hace 20 años. Lo hicieron tras dos días de reuniones, el primero cada uno por separado con el presidente de EEUU Barack Obama, y el segundo con una reunión de más de tres horas, cara a cara. ¿El resultado? Una próxima reunión en 15 días en Medio Oriente (posiblemente en Egipto), donde buscarán llegar a un acuerdo marco de paz, y el compromiso de reunirse cada 15 días para afinar los puntos concretos del proyecto.
¿El plazo? Un año. ¿Los obstáculos? Muchísimos, casi los mismos de toda la vida. ¿Las expectativas? Tan subjetivas como las opiniones de cada parte.
Pero en el medio del conflicto más complejo de la historia política internacional, Netanyahu y Abbas dieron ayer señales simbólicas, pero sustantivas. Ambos movieron la mira, y sin olvidar sus perennes exigencias (Israel hablando de seguridad, los palestinos exigiendo su propio estado y que el vecino detenga su expansión), se detuvieron varias oportunidades en la necesidad de paz. Como nunca antes, ambos hablaron de hacer “sacrificios”, y tomar “decisiones difíciles”.
El primer ministro israelí se mostró dispuesto a “un compromiso histórico” para la paz con Abbas, “un socio para la paz”. “Una paz verdadera y duradera se conseguirá sólo con concesiones mutuas y dolorosas”, señaló. Por su parte, Abbas reiteró su deseo de iniciar una nueva era “que traiga paz, justicia, seguridad y prosperidad para todos”, pero reiteró su petición para que cese “toda actividad” en los asentamientos judíos.
Entretelones. Acto seguido, pasaron a reunirse junto a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, durante 80 minutos, y luego a solas, sin siquiera traductores ni secretarios. Los detalles no trascendieron, precisamente con el objetivo de que el plan de paz en el que se han embarcado no sea arruinado por los demonios internos con los que ambos luchan dentro de fronteras, y que significan los mayores peligros para que la paz fracase.
El único que habló fue el enviado de EEUU para Medio Oriente, George Mitchell, quien aseguró que “la próxima etapa sería trabajar en un acuerdo-marco con vistas a un estatuto permanente, que buscará establecer los compromisos que permitan dar forma a un tratado global que ponga fin al conflicto”. “Nuestro objetivo es resolver todos los temas de desacuerdo en un año”, recordó.
Asentamientos. ¿Qué estuvo sobre la mesa? Ni más ni menos que los temas de toda la vida. Por un lado, los asentamientos israelíes, el nudo del conflicto político en Israel, y la llave que puede destrabar todo el embrollo.
Luego de decidir una moratoria en la construcción a principios de año, la fecha vence el 26 de setiembre, lo que significa un alerta roja en el calendario. EEUU presiona para que la moratoria se prolongue, mientras que los sectores más a la derecha del espectro político israelí sostienen que “se ha cedido demasiado sin resultados”, y que es hora de volver a construir.
Se trata del gran miedo palestino: que Israel mantenga el statu quo, que en este caso significa construir, y lleve la situación a tal extremo que, cuando se quiera dar marcha atrás, la idea de un estado palestino esté profundamente comprometida por el terreno (político y literal) que el vecino ya haya ganado. De ahí la prédica insistente de Abbas acerca de suspender las construcciones como condición sine qua non para la paz, único nubarrón en una jornada en la que ambos se tiraron con flores.
Jerusalén Este. Es otro de los temas sensibles. El gobierno israelí mantiene su postura de la “capital única e indivisible”, pero desde propias fuerzas de la coalición gobernante se han visto grietas. Por ejemplo, las declaraciones del ex primer ministro y actual titular de defensa, Ehud Barak, quien el miércoles reconoció la posibilidad de acceder al pedido de que los palestinos tuviesen su capital en Jerusalén Este. Parte de la coalición gobernante salió enseguida a contradecirlo, pero lo único que quedó en claro es que, en esta nueva estrategia, Israel está dispuesto a poner el tema sobre la mesa, lo cual es un enorme avance.
Dilema Hamas. Ambos condenaron sin amagues los atentados de Hamas en los últimos días, y el gobierno de Al Fatah anunció la detención de miembros del grupo, acusados de los atentados en los que murieron siete personas en Hebrón, lo que va en sintonía con una política de seguridad del movimiento que gobierna Cisjordania que ha reducido los episodios de violencia. Sin embargo, la seguridad es otra gran interrogante. Hamas no solo no participa del proceso, sino que ha dado todas las muestras para boicotearlo. Gobierna Gaza desde 2007, cuando luego de elecciones desplazó a Al Fatah, lo que a su vez llevó al bloqueo israelí y a la insostenible situación humanitaria en la franja. Fatah no tiene autoridad sobre Hamas, y por ende sobre la franja. Por eso, la estrategia de ambos será avanzar sustancialmente por su cuenta, lo que serviría para quitarle argumentos a los islamistas.
La llave de todo parece estar en los asentamientos, y en una solución intermedia para avanzar. Consiste en calmar el fuego interno del gobierno israelí, al no extender la moratoria de la construcción de asentamientos. Sin embargo, esas construcciones no se harían en las regiones más sensibles (Jerusalén Este), sino en zonas pasibles de ser incluidas en un intercambio de territorios si se llegara a una solución final de paz. El plan fue manejado en las últimas semanas en forma secreta por el gobierno israelí en conversaciones con EEUU, pero no demoró en saltar a la opinión pública, lo que algunos especialistas de Medio Oriente lo interpretaron como una estrategia nacida de los sectores más conservadores del gobierno para hacer fracasar la iniciativa.
De ahí el pacto de silencio de ayer. En ese plano, que Abbas haya aceptado comenzar el diálogo puede ser un sí tácito. Quedará mucho camino por hacer, pero al menos ayer decidieron tomar el camino largo de sentarse en una mes a hablar cara cara sobre la paz. El más difícil, pero el único posible.
Barack Obama
Presidente de EEUU
«Esta oportunidad quizás no vuelva a presentarse pronto. No pueden dejarla escapar»
Benjamin Netanyahu
Primer Ministro de Israel
«La gente de Israel, y yo soy el primer ministro, está preparada para andar en esta ruta»
Mahmoud Abbas
Presidente de la Autoridad Palestina
«Debemos iniciar una era que traiga paz, seguridad y prosperidad a todos»
Las dos lecturas sobre el plan de paz en Medio Oriente
Positivo
El ex embajador de EEUU en Israel, Martin Yndik, expuso ayer algunos puntos interesantes para defender la tesis de que esta vez la paz es posible.
Veinte años de discusiones han dejado un panorama claro de los puntos a discutir. Ahora depende de la voluntad política de uno y otro decidir si lo aceptan.
La violencia en la frontera ha disminuido por dos razones: una es el bloqueo israelí a Gaza (con la contracara de la condena internacional por las difíciles condiciones de vida en la franja); la otra es la acción de la Autoridad Nacional Palestina en Cisjordania.
La construcción de colonias también se ha reducido, lo que asfalta el terreno para sentarse a negociar. De todos modos, queda la gran interrogante del fin de la moratoria de construcción, el 26 de setiembre.
Dentro de los sectores moderados de ambos bandos hay un convencimiento de que la solución de los dos estados es necesaria.
Negativo
Hamas es un problema insoluble. No reconoce a Israel y apela a la violencia para boicotear las negociaciones. Para peor, el bloqueo israelí a Gaza ha generado la radicalización de su población y el apoyo a este movimiento islamista.
La posición de Irán, que también desconoce la existencia del estado de Israel y apoya la lucha de Hamas.
Varios sectores políticos de Israel –incluso dentro del gobierno– se oponen a ceder y quieren continuar construyendo, lo cual derrumbaría la política de paz. En esa hipótesis Netanyahu quedaría forzado a de bajar sus pretensiones o renunciar.
La historia indica que en un equilibrio tan delicado, un mínimo movimiento alcanza para desequilibrar todo. En 1995 la muerte de Yzak Rabin derrumbó el acuerdo de Oslo. Camp David cayó porque Israel no reconoció el derecho palestino de retornar a los territorios de donde fueron expulsados en 1948. La Hoja de Ruta de 2003 fracasó porque cambió el clima político. Por ello, los puntos anteriores son obstáculos suficientes para pensar que esta vez la paz los podrá vencer.
La gran jugada de Obama
Luego de un año y medio de gobierno, el presidente de EEUU decidió lanzar su plan de paz para Medio Oriente, uno de los motivos por los cuales recibió el Premio Nobel de la paz en 2009. El panorama no es fácil, pero Obama no tenía más remedio que lanzar la estategia ahora, antes de que las elecciones de noviembre puedan cambiarle el rumbo. Sin embargo, del éxito del plan de paz depende la chance de seguir siendo un actor clave en la región, capaz de auspiciar un acuerdo que beneficie a ambos.