Históricamente ha sido así, todas las formas de racismo se basan en estereotipos basados en mentiras. En el caso del antisemitismo, desde el fondo de la historia del cristianismo, pasando por los Protocolos de los Sabios de Sión rusos -que fueron a su vez recogidos por Hitler en Mi Lucha-, hasta la prédica cotidiana que han practicado por décadas los árabes, están plagados de mentiras. Cuando la mentira trata de tejer una historia, alternativa de la verdadera, Michel Foucault la llama contrahistoria, y la coloca dentro de lo que define como genealogía del racismo. Eso es a lo que se han dedicado los árabes todos, principalmente los palestinos, desde que los judíos mostraron la voluntad de refundar su Estado soberano. La idea consiste en inventar una historia que legitime unas pretensiones ilegítimas al tiempo que deslegitima al oponente, cuya historia sí es legítima. Se trata de la generación –invención- de un discurso histórico-político que sirve como instrumento de una concepción de “la política como la guerra seguida por otros medios”. ¿Qué implica esto? Cuando la vía armada fracasa –en este caso reiteradamente-, se busca el camino de la guerra diplomática, para la cual se necesita una propaganda política potente y constante, con incitación al odio incluida. En esta campaña, se requiere inventar una historia que no se tiene, para legitimar un reclamo para el cual no se tenía legitimidad, y, al mismo tiempo, poner en tela de juicio la historia del otro, que basa su legitimidad en ella. Es lo que Foucault llama, hacer de la historia un campo de batalla.
Empecemos por el estereotipo de “Potencia Ocupante” utilizado en la declaración del FA.
Israel no es Potencia ni es Ocupante.
Israel tiene el tamaño de Tacuarembó ¿qué potencia puede ser esa? Ni por tamaño, ni por demografía, ni por tenencia de recursos naturales. Bien al contrario, el Estado de Israel siempre ha estado fuertemente influido por los imperialismos varios que se disputan la hegemonía en el Medio Oriente. Todas las guerras que ganó le fueron impuestas –si hubiera perdido sólo una ya no existiría, ni el Estado ni sus habitantes, ya que tal era la intención declarada de los países árabes-. Pero nunca pudo traducir victoria militar en victoria política, porque las verdaderas potencias que tienen influencia en este mundo nunca se lo permitieron.
Tampoco es ocupante. Nunca existió en la historia un Estado Palestino. Pudo haber nacido en 1948, pero los árabes rechazaron la resolución de la ONU. Ah! Esta es la madre de todas las violaciones a las resoluciones de la ONU. Masivamente todos los países árabes anunciaron su rechazo y así lo comunicaron oficialmente a la propia ONU, declarando a continuación una guerra de exterminio. Pero, ¿quién ocupó el territorio destinado a ese proyecto de Estado Palestino? ¿Israel? NO, el que ocupó ese territorio fue el Reino de Transjordania –actual Jordania-. Eso fue así durante diecinueve años, durante los cuales, nadie, absolutamente nadie, reclamó nada a los jordanos. No hubo resoluciones de ningún estamento de la ONU ni de ningún otro organismo internacional o algún país, protestando por esa situación. Cuando los árabes vuelven a declarar una guerra de exterminio contra Israel, Israel logra expulsar a los jordanos, momento a partir del cual esos territorios pasan a ser “territorios en disputa”. ¿En disputa con quién? Con Jordania que se los había apropiado de hecho. No con un Estado Palestino que nunca llegó a existir. Cuando el proceso de Oslo empezó a avanzar, y Jordania firma la paz con Israel -1994-, Jordania se desentiende de esos territorios. A la propuesta de Israel de negociar la tenencia de los mismos, Jordania se desmarca. La gran oportunidad para los palestinos llegó en el año 2000, en Camp David, con una propuesta verdaderamente seria de devolución de territorios a cambio de paz. Pero su negativa marcó el principio del fin del proceso de Oslo. Quedó claro que su prioridad nunca fue el establecimiento de su Estado, sino la destrucción de Israel. Hubo otra oportunidad en tiempos del PM Olmert -2006-, pero los palestinos volvieron a reafirmar lo mismo.
No hay territorios ocupados sino territorios en disputa. Pero no hay con quien hablar. Y aquí llego a otra de las mentiras de la declaración del FA: la actual propuesta de EEUU consideró, desde antes de su presentación y en todo momento, una mesa de negociación. Los palestinos rechazaron cualquier negociación desde antes que la propuesta fuera presentada. Y es mentira que la propuesta excluye la posibilidad de un Estado Palestino. De hecho, lo que quedó del proceso de Oslo y sigue vigente, es que el 70% del territorio en disputa, que alberga al 95% de la población palestina, están totalmente bajo gobierno de la Autoridad Palestina y del Hamas. No es cierto que haya una negación a la futura existencia de un Estado Palestino.
La declaración del FA incluye otra serie de disparates que ni vale la pena discutir. Toda esta información ha estado a disposición de los dirigentes frentistas. Pero han elegido sistemáticamente creer la contrahistoria árabe, abrevar en las fake news fabricadas en el mundo árabe, posiblemente porque encajan con el discurso de odio contra Israel que construyó la Unión Soviética una vez que definió que sus intereses imperiales estaban del lado árabe. Pero que quede claro, discurso antiisraelí es lo mismo que discurso antisemita, porque Israel es un Estado judío, el único Estado judío.
Marcos Israel
El racismo y el antisemitismo se amasan con mentiras: acerca de la declaración del Frente Amplio
25/Jun/2020
Por Marcos Israel, ex Presidente del CCIU