SEÑORA PRESIDENTA.- Tiene la palabra el señor legislador Pedro Bordaberry.
SEÑOR BORDABERRY.- Gracias, señora presidente.
Siento un agradecimiento especial a Dios y a la vida. Seguramente, esta será la última sesión de esta legislatura. No creo que se vuelva a citar a la Comisión Permanente ni al Senado de la República y, después de diez años trabajando en estos ámbitos, pienso que tengo que agradecer esta última posibilidad de expresar mi pensamiento y mis creencias no solo en conmemoración de las víctimas del Holocausto y para hacer memoria sino, sobre todo, como forma de volver a señalar los principios en los que creemos y el rumbo por el que debe continuar nuestro país, que es el que Uruguay sigue desde hace muchísimos años. Nuestro país fue siempre, frente a todas estas barbaries, un faro; siempre balizó el camino. Fue de los primeros que señaló en el concierto internacional el rumbo que había que seguir, y lo hizo cuando había oscuridad, cuando muchos tenían miedo o lo criticaban; de ahí mi agradecimiento.
Lo primero que hay que preguntarse es por qué conmemorar el 27 de enero de 1945, cuando entraron las tropas soviéticas a Auschwitz y encontraron a siete mil y pocos sobrevivientes; recordemos que hubo cientos de miles de millones que no pudieron sobrevivir. ¿Por qué recordar, como la resolución de las Naciones Unidas dispone? Quizás por lo mismo que le sucedió al ejército norteamericano liderado por el general Eisenhower, héroe de Normandía, cuando ordenó a las tropas y a los prisioneros desfilar frente a los campos nazis de exterminio: porque según sostenía en aquel momento quizás algún día habría que dar testimonio. Parecía imposible, en aquella situación, que tanto horror, que tanta barbarie fuera no ya negada, sino olvidada, pero los hizo desfilar.
En diciembre de 2006, en Teherán, el IPIS (International Peace Information Service) organizó un congreso sobre el Holocausto; en realidad, lo organizó para hablar sobre la negación del Holocausto. El señor Ahmadineyad anunció en aquel momento la pronta desaparición de Israel y la duda sobre la existencia de la Shoá. Al principio, lo justificaban; hoy lo niegan, lo quieren borrar.
Me permito señalar obviamente, no les voy a enmendar la plana a las Naciones Unidas y menos a la Comisión Permanente que es mejor hablar de Shoá que de Holocausto, como me repite un gran amigo a cada rato. Holocausto es una especie de ofrenda a un dios, quemada en sacrificio, consumida por el fuego; en cambio, Shoá es cataclismo destructivo. Y eso fue el hecho que rememoramos: un cataclismo destructivo.
A la Shoá algunos todavía la niegan; otros todavía matan. Mientras tanto, el terrorismo avanza.
El pueblo judío ha sido perseguido a lo largo de la historia, a veces por su religión, y hay que condenarlo; a veces por sus ideologías políticas, y hay que condenarlo. Lo terrible es que se persiga a alguien por su religión y por sus ideologías políticas. Y quizás lo peor de todo lo peor de todo es que se persiga a alguien por su condición de ser humano.
El término «antisemitismo» señala a los judíos como miembros de un grupo racial único y no como personas que denotan una fe determinada o pertenecen a una nación diferente. Este término fue introducido en el año 1870 y todo lo que vino después ya lo conocemos, pero es bueno recordarlo para que queden grabados a fuego algunos nombres: la Noche de los Cristales Rotos, Varsovia; el gueto judío, Auschwitz; la terrible Conferencia de Wannsee; la cámara de gas; los treinta y siete campos de exterminio, como Sobibor, Dachau, Flossenbürg, Bergen-Belsen, Buchenwald, Treblinka millones de muertos; los trenes de la muerte; el Erntefest; Himmler; Mengele. Debemos recordar lo que Winston Churchill llamó el mayor y más horrendo crimen de la historia de la humanidad.
Parece increíble no ya que no se quiera recordar, sino que se niegue el Holocausto, la Shoá. Por eso el acierto de esta sesión, señora presidente, y el acierto de las Naciones Unidas al establecer esta fecha como el día del recuerdo de la Shoá, que hoy enfrenta ya no los problemas del pasado, de la negación o de la publicidad, sino los nuevos desafíos de la comunicación, de las redes informáticas.
Por suerte, la democracia liberal ha sabido enfrentar, a favor de la libertad del ser humano y de su pensamiento, todas estas manipulaciones, y ha sabido hacerlo con el instrumento más grande que posee: la libertad, la opinión, la comunicación. Por eso hoy quieren negar la Shoá: porque no tienen argumentos para justificar la barbarie que cometieron.
Sin lugar a dudas, el liberalismo político fue el mejor instrumento para enfrentar a los autócratas que intentaron estrangular la libertad desde fuera y que se llevaron millones de vidas. No son ninguna novedad la propaganda y la manipulación: ayer era la repetición, ayer era la publicidad nazi, hoy son otros medios.
No nos olvidemos cómo empezó Hitler. En 1919, entró a un local y dio un discurso al que nadie prestó atención. Gritaba, pero no lo escuchaban, hasta que de pronto habló contra los judíos y vio que algunos se iban y otros se quedaban. Al captar el interés, sucedió todo lo que vino después: al comienzo eran unos poquitos; después, todos sabemos lo que pasó.
Señora presidente, el otro día leía que Israel destinará varias decenas de millones de euros para combatir la violencia de género. Mucho hablamos en el Uruguay sobre la violencia de género sin lugar a dudas, porque es un problema serio que tenemos. Israel está rodeado de varios países en los cuales se lapida a los homosexuales y está permitido golpear a las mujeres, matarlas, lapidarlas e imponerles determinadas restricciones, como la de no poder ni siquiera manejar un auto. Le exigimos a ese país determinado nivel de respeto de derechos y nos olvidamos de lo que pasa a su alrededor.
Hace no mucho, un soldado israelí se extralimitó y fue sometido al tribunal correspondiente, y condenado.
¡Qué diferencia! Qué diferencia hay en la forma en que un Estado de derecho, democrático, combate a los que no lo son, porque Israel es la frontera, la trinchera de esos valores, principios y derechos en los que todos creemos en la civilización occidental. Israel es eso. Quizás a veces no nos damos cuenta, pero está ahí: es un Estado de derecho combatiendo contra aquellos que no respetan el derecho. Representa nuestros valores, los de la civilización occidental forjada en las tradiciones: en la tradición judía de la igualdad de las Tablas de la Ley; en la tradición cristiana de la piedad; en la tradición griega de la racionalidad y en la tradición romana de la organización para la supervivencia. Israel combina todo eso y da un hándicap porque enfrenta a los fundamentalismos, a los terrorismos, siendo un Estado de derecho, siendo una democracia. Y está ahí, en esa frontera, representándonos a todos.
Por eso es bueno que cuarenta líderes mundiales se hayan reunido en Jerusalén; por eso es bueno que se defiendan esos principios, que se señale la coincidencia con ellos. Y si defendemos aquí, en el Uruguay como hay que hacerlo, los derechos de la mujer, el derecho a no ser discriminados, los derechos de los homosexuales no podemos mirar para otro lado cuando en otros países se lapida, se persigue y se mata de la forma en que se hace. No puede ser que por alianzas ideológicas o políticas nada se diga de estas barbaridades.
Uruguay e Israel son dos países que profesan la misma filosofía; pese a eso, la amenaza está. Aquí cerca, cruzando el río, mataron a un fiscal que se animó a investigar lo que pasó con el memorándum famoso, que tendía a ocultar la verdad sobre lo que había sucedido en los terribles atentados contra la comunidad judía en Buenos Aires. Se reconoció que había sido un homicidio, ahora se vuelve a negar y la verdad es que no se avanza.
¡Vaya si hay que insistir! Asesinaron a un ciudadano judío en Paysandú y algunos dicen que fue obra de un demente que en las semanas previas había estado gritando que iba a matar a los judíos. No; no es un demente. Tampoco Hitler era un demente.
Uruguay, señora presidente, por suerte, siempre ha tenido una posición clara, y es esa posición clara la que debemos destacar y mantener. Siempre, desde el primer momento, fuimos el faro que iluminó el camino, mucho antes de que lo hicieran otros países.
En 1920, el entonces canciller Alberto Guani apoyó la Declaración Balfour, que reclamaba un hogar para el pueblo judío. Alberto Guani fue embajador y también ministro de Relaciones Exteriores durante la Primera Guerra Mundial. Hay un recordado libro que analiza su relación con Millington-Drake, el embajador británico, y con Spielmann y Voulminot, en aquellos tiempos en que se daban los primeros pasos de la guerra mundial. Ya en el año 1920, Uruguay apoyaba la causa del pueblo judío.
En 1944, en el Ateneo de Uruguay, se instaló el primer Comité pro Palestina Judía, con hombres señeros de nuestra vida política y de la academia, como Augusto Turenne que lo presidía, Celedonio Nin y Silva, Carlos Sabat Ercasty, Óscar Secco Ellauri, Juan Grompone, Justino Jiménez de Aréchaga y Hugo Fernández.
En 1945, en la Conferencia de San Francisco, el ingeniero José Serrato, que era ministro de Relaciones Exteriores había sido presidente de la República , propone a los cancilleres latinoamericanos que reclamen a Inglaterra, que estaba dominando Palestina, que la declaren independiente y le den el espacio al Estado judío. ¡Fíjense lo que pasaba en aquel momento! Algunos países se enojaron con Uruguay, acusaron a nuestro país y a Serrato de que hacer un planteo inoportuno. Puede parecer muy sencillo lo que se hizo, pero ¡vaya si hay que tener en cuenta lo que significó hacerlo en aquel momento, cuando había que señalar el camino! No obstante, fue criticado.
En el año 1946, en Montevideo, se hace el primer acto callejero pro Palestina, en 18 de julio y Agraciada hoy Libertador Lavalleja, en el Entrevero, y habla Luis Batlle Berres.
En 1947, Inglaterra acepta someter el tema de Palestina a las Naciones Unidas, y Uruguay propone apoyar el fin del mandato británico y crear un Estado judío. Lo propone Uruguay en Naciones Unidas. Se forma un comité especial en Naciones Unidas y Uruguay lo integra desde el nacimiento del Estado de Israel; la representación estuvo a cargo del profesor Enrique Rodríguez Fabregat en aquel entonces colorado y, luego, uno de los fundadores del Frente Amplio, Óscar Secco Ellauri y el ingeniero Edmundo Sisto, que es el que viaja a Israel a participar en la comisión de límites. ¡Vaya si Uruguay tenía una actitud activa en el concierto de las naciones del mundo, señalando cuál era el camino que había que seguir!
En 1948, llega el primer diplomático israelita a Uruguay, Moisés Toff, subsecretario de Relaciones Exteriores.
El senador Baráibar me alcanzó un proyecto de ley en el que se declara la jornada de hoy como día de recordación de las víctimas del Holocausto del pueblo judío y, a su vez, se dispone que la Administración Nacional de Educación Pública implemente la incorporación del Programa de Divulgación de las Naciones Unidas sobre el Holocausto.
Muchas gracias, señor senador.
(Aplausos en la sala y en la barra).
——Hablar es muy lindo y que lo aplaudan al senador Baráibar y a uno también lo es, pero lo más importante es actuar; lo más importante es señalar las cosas claramente. Hoy tenemos que volver a ser claros, debemos continuar siendo claros; debemos decir fuertemente de qué lado estamos: que condenamos la discriminación, el genocidio y la persecución.
Como señalaba Zygmunt Bauman, la Shoá no fue un episodio exclusivo del pueblo israelita. La Shoá no debe agotar su significado en un conjunto de patologías y taras sufridas por sus ejecutores. En este caso no hay locuras, sino una opción política e ideológica muy elaborada. La explicación de que hubo un conjunto de locos gobernando al mundo minimiza el sufrimiento de las personas y también nuestra inteligencia. Además, no nos permite elaborar el «nunca más», reduciéndolo meramente a un eslogan. Esa postura implica un reduccionismo histórico que no podemos permitirnos. Por más duro que parezca y aunque sea irreconocible para nuestra esencia humana, es un tema ideológico y no psiquiátrico. Lo digo porque ante algún atentado o asesinato que hubo en nuestro país alguien esbozó la teoría psiquiátrica. No; lo que hubo fue un atentado contra el pueblo israelita, y también un atentado contra la humanidad entera.
Estar del lado adecuado es conmemorar -sí-, hablar -sí-, como lo hacemos, pero también es actuar. No se puede equiparar una respuesta al ataque de un grupo terrorista, como si fuera un genocidio, como livianamente se hizo hace algunos años, en nuestro país. No se puede sostener que el asesinato de ese ciudadano fue la obra de un loco.
Lo más importante: seguir el camino de Guani, de Serrato, de Batlle Berres, de Secco Ellauri, de Rodríguez Fabregat, de Sisto. Eso es hacer algo más, es hacer algo más también por el reconocimiento del Estado de Israel. Uruguay fue el primer país en Latinoamérica en reconocerlo y el cuarto en el mundo. ¡Vaya si nuestros mayores, que nos legaron ese camino, señalaron al mundo entero por dónde había que seguir! Hoy el camino es trasladar la Embajada uruguaya a Jerusalén; de eso no hay ninguna duda.
(Aplausos en la sala y en la barra).
——Se puede hacer eso; se la puede trasladar. Ahí está el gobierno, ahí están los ministerios, ahí está el trabajo.
Cuando se habla de trasladarla, se dice: «No; eso puede generar violencia», «No; eso no se tiene que hacer». Son los mismos que en 1947 le decían a Guani y a Serrato que eso no se podía hacer.
Hoy Uruguay tiene que volver a ser ese faro de defensa de esa democracia, el faro de defensa de ese país, de ese Estado de derecho. Tenemos que volver a ese camino y ayudar a que en el mundo entero crezcan la democracia y la libertad, y se protejan los derechos civiles y los derechos de las personas. De esa manera -sí-, estaremos honrando a las víctimas de la Shoá.
Gracias, señora presidente.
(Aplausos en la sala y en la barra).
Senador Bordaberry: “No hay locuras, sino una opción política e ideológica muy elaborada.”
29/Ene/2020