Senador Martínez Huelmo: “El Dr. Raphael Lemkin debería estar en el nomenclátor de Montevideo”

20/Mar/2019

Senador Martínez Huelmo: “El Dr. Raphael Lemkin debería estar en el nomenclátor de Montevideo”

El Senador Ruben Martínez Huelmo hizo uso de la palabra en la media hora previa de la sesión del 12 de marzo pasado y aprovechó la ocasión para referirse al Dr. Raphael Lemkin, jurista judío polaco que acuñara el término “genocidio”, para referirse a las grandes matanzas colectivas. En el transcurso de su oratoria, el Senador Martínez Huelmo sugirió que Montevideo debería incluir en su nomenclátor, ya sea en una calle o espacio público, el nombre del Dr. Lemkin. A continuación, transcribimos las palabras del Senador Ruben Martínez Huelmo.
Señora presidenta: el doctor Raphael Lemkin fue un jurista polaco de familia judía, que nació el 24 de junio de 1900 al este de Polonia, en aquel momento parte del Imperio ruso. A lo largo de su vida, logró acuñar el término «genocidio», impulsándolo de tal modo, que finalmente la comunidad internacional lo reconoció como un delito del derecho internacional.
Su obsesión, señora presidenta, su preocupación por la suerte de diversos grupos humanos, y la maldad e impunidad con la que obraban los represores, lo llevó a examinar el tema con mucho detenimiento. Tal como lo expresó en 1987 Jean Paul Sartre, es frecuente atribuir erróneamente la genealogía de la idea de genocidio al holocausto judío o a la repentina necesidad –terminada la Segunda Guerra Mundial– de encontrar alguna forma de definir los diversos actos de asesinatos masivos y sistemáticos perpetrados por el nazismo.
Sin embargo, tanto el concepto como la palabra «genocidio» se deben a la labor filosófica, moral y jurídica de Raphael Lemkin, provocada por la deportación y el asesinato en masa de armenios a manos de los turcos durante la Primera Guerra Mundial, así como la matanza de los asirios cristianos a manos de los iraquíes, a principios de los años treinta del siglo XX.
Lemkin reconoció la continuidad histórica de esos hechos con otras matanzas colectivas de la historia, dedicando gran parte de su vida a profundizar su estudio con el objetivo de impedirlas.
A los veintiún años estudiaba Lingüística en la Universidad de Lvov y allí leyó, en un diario local, la noticia sobre el asesinato del gran visir Talat Pashá, principal planificador y organizador de las deportaciones masivas y masacre de armenios en 1915, a manos de Soghomon Tehlirian, un armenio que había sobrevivido a la matanza de su familia.
Ese acto despertó aún más su curiosidad sobre el tema y, en su opinión, resultaba incongruente y desproporcionado que se considerara delito matar a un hombre y que, en cambio, no se considerara como tal el hecho de organizar la aniquilación de un pueblo entero.
Allá por 1928 participa en la Asociación Penal Internacional, que intentaba encontrar algún camino a efectos de vertebrar el principio de jurisdicción universal, como normas del derecho internacional, definiendo los crímenes de guerra y los delitos contra la paz.
Durante la V Conferencia para la Unificación del Derecho Penal Internacional, realizada en Madrid en 1933, organizada por la mencionada asociación y bajo el auspicio de la Liga de las Naciones, presentó un informe titulado Los actos que representan un peligro general (interestatal) considerados como delitos contra el derecho de gentes. Allí propuso proscribir, a través de un convenio internacional, las acciones de exterminio contra grupos étnicos, confesionales o sociales, y las acciones de destrucción de su patrimonio cultural y artístico, descritas como actos de barbarie y vandalismo que infringían los principios humanitarios. Fue la primera vez en la historia que se intentó tipificar como delitos el exterminio y la persecución de cualquier grupo o colectividad con una identidad distintiva y considerar como punibles los crímenes cometidos con tal impronta.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, y con la confirmación de los terribles crímenes del nazismo sobre el pueblo judío y otros, Lemkin prosigue en su esfuerzo por buscar el reconocimiento del delito de genocidio, buscando estigmatizar una práctica reiterada por la humanidad a través de la historia, designándola como crimen en virtud del derecho internacional.
Finalmente y luego de arduas negociaciones, en diciembre de 1948 los Estados representados en la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobaron la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, de la cual Uruguay es parte.
El mundo siguió avanzando en esta materia, señora presidenta, y en 1946 surgió el Tribunal Internacional de Justicia, máxima autoridad judicial de las Naciones Unidas. Cuando uno analiza la vida del doctor Lemkin, puede ver que trabajó arduamente y, al mismo tiempo, con muchísimos sinsabores.
El doctor Lemkin perdió cuarenta y nueve miembros de su familia bajo la mano criminal del nazismo. Falleció en 1959 en la ciudad de Nueva York, exhausto y en la pobreza, tras una larga lucha por principios fundamentales para toda la humanidad.
Ya desde sus años más jóvenes captó que esa destrucción que llegó hasta el umbral de su vida lo asombraba por la recurrencia del mal, por las enormes pérdidas de vidas y de culturas y por la desesperada imposibilidad de revivir a los muertos o consolar a los huérfanos; y, por encima de todo, por la impunidad en la que fríamente se apoyaban los culpables. Todo esto, señora presidenta, aun bajo la égida de los Juicios de Núremberg.
A mi entender, señora presidenta, Montevideo debería tener en su nomenclátor, al igual que muchas ciudades del mundo, una calle o espacio público denominado «Dr. Raphael Lemkin».
Creemos que los altos servicios a la humanidad del insigne jurista polaco habilitan un homenaje de esa naturaleza, precisamente porque Uruguay siempre ha prestado su más decidida cooperación a la justicia y a la paz internacional.
Solicito que la versión taquigráfica de mis palabras se remita al señor intendente de Montevideo, a la Junta Departamental de Montevideo, al Ministerio de Educación y Cultura y al Ministerio de Relaciones Exteriores.