Generación tras generación los niños y adolescentes que estudian en
escuelas palestinas reciben una serie de valores que se caracterizan por un
ferviente islamismo -en el que se llega a presentar el ‘martirio’ como la más
noble aspiración de los jóvenes-, un no menos feroz nacionalismo, tanto
palestino como panarabista, un radical odio a Israel y una demonización de todo
lo que represente Occidente.
Conceptos como la paz, el diálogo e incluso la propia ‘solución de dos
estados’ patrocinada internacionalmente como salida al conflicto
palestino-israelí están fuera de los currículos oficiales aprobados por la
Autoridad Palestina y mandatorios en las escuelas bajo su responsabilidad y, en
un porcentaje significativo, administradas por la UNRWA.
Unas notas sobre la escuela palestina.
Las autoridades palestinas controlan su sistema educativo desde los
Acuerdos de Oslo en 1994, a raíz de los cuales se pusieron en marcha varios
ministerios, uno de los cuales era el de Educación.
En el año 2000 llegó a las aulas la primer edición de libros elaborados
por la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y que, por cierto, fueron financiados
por varios países europeos. A principios del curso 2017-18 llegaron a las
escuelas una nueva versión de todos los libros de texto, siendo esta la primera
ocasión en la que se realizaba una modificación global de este currículo.
La escuela palestina está dividida en varias etapas: a unos años de
educación preescolar les sigue una “fase preparatoria” que va desde el primer
hasta el cuarto curso y en la que no hay calificaciones. Los niños entran en
esta parte del sistema con 6 años.
A partir de los once años segunda etapa completa la educación primaria y
obligatoria desde el quinto hasta el décimo curso. Por último, la educación
secundaria se compondría de otros dos cursos -11º y 12º- tras los que se
entraría en la universidad.
Según los últimos datos disponibles de hace unos años aproximadamente dos
tercios de los estudiantes estudian en escuelas de la ANP, un poco más de un
cuarto en las de la UNRWA y el resto -algo más de un 5%- en centros privados.
Unos libros más radicales
El Instituto para la Supervisión de la Paz y la Tolerancia Cultural en los
Sistemas Educativos (IMPACT-se, por sus siglas en inglés) es una organización
que se dedica a estudiar los sistemas educativos y la enseñanza que por
distintos métodos y canales se ofrece a los niños en diferentes países,
especialmente de Oriente Medio.
IMPACT-se produce análisis en los que se evalúa distintos aspectos
educativos de acuerdo con los estándares internacionales de tolerancia y
educación para la paz a partir de declaraciones y resoluciones de la UNESCO.
Entre sus métodos de trabajo más habituales está el análisis del material
educativo y los libros de texto, y en octubre de 2017 publicó el resultado de
un exhaustivo análisis de los libros de texto de la ANP desde el 5º hasta el
11º, que después se ampliaría a los cursos restantes.
Las conclusiones básicas de este estudio fueron que la radicalidad inunda
estos libros de texto de una forma mucho mayor que en el anterior currículo
palestino, presionando a los jóvenes para que se conviertan en ‘mártires’, es
decir, terroristas suicidas; llamando a la yihad y, por supuesto, demonizando a
Israel. Vamos a analizar alguno de estos aspectos más detalladamente.
La yihad y el martirio
Los niños palestinos aprenden a través de sus libros de texto que forman
parte de una larga tradición de ‘martirio’, una muerte violenta que se les
presenta como ideal de futuro de forma insistente y desde varios puntos de
vista.
Obviamente, esta sublimación de la violencia está fuertemente ligada a la
religión, por lo que se una de las formas en las que se trata de convencer a
los niños es ofreciéndoles una visión dramática del infierno que espera a los
infieles así como de los placeres -incluso sexuales– con los que en el paraíso
se premiará a los creyentes. Así, en el libro de Educación Islámica de sexto
curso (estudiantes de 12 años) se explica que en el edén “el creyente se casa
con mujeres castas que no se han casado antes. Y Alá hizo a estas mujeres
comparables a zafiros y corales en la intensidad de su belleza”.
Los libros inciden en que los ‘mártires’ son un grupo selecto a los ojos
de Alá, que reciben diversos beneficios tras su ‘martirio’, entre ellos casar
con “72 esposas elegidas entre las huríes”, tal y como promete un libro de
Educación Islámica de noveno curso, es decir, destinado a adolescentes de 15
años.
Las niñas palestinas también son animadas a sacrificar sus vidas, aunque
en su caso no se le prometen vírgenes en el paraíso sí se las recuerda que “las
mujeres en el islam son hermanas de los hombres en el sacrificio y el
altruismo” y se les presenta como ejemplos a seguir a destacadas terroristas
como Dalal Mughrabi, que participó en la llamada masacre de la carretera
costera, un atentado que tuvo lugar en 1978 y en el que se asesinó a 38
civiles, 13 de ellos niños, aunque no es así como lo cuenta el libro de
Estudios Sociales de 9º curso (para niñas de 15 años): “Encabezó la operación
de Deir Yassin en la costa palestina en 1978, cuyo resultado fue la muerte de
más de 30 soldados israelíes”.
Mughrabi, que durante la citada masacre arrebató de brazos de su madre a
un niño y lo arrojó vivo al fuego, es uno de varios “héroes” que se presentan
como ejemplos a seguir en su vida a los jóvenes palestinos, incluso de sólo 11
años: “Estos héroes son las joyas de la corona de su nación (…), lo mejor de
entre los generosos (…). Su determinación nunca se debilitó y ellos nunca se
cansaron ni se rindieron. Algunos alcanzaron su destino como mártires, otros
murieron en su empeño como héroes orgullosos”.
Las menciones a la violencia y la muerte son directas y los consejos se
dan sin ningún rodeo, incluso a niños de sólo 11 años, como en este fragmento
del libro de árabe de 5º curso: “Entregar tu propia vida, sacrificarte, luchar,
el esfuerzo y la yihad son lo más importante en esta vida, especialmente para
gente que sufre el azote de la ocupación”.
Las imágenes de jóvenes en situaciones violentas aparecen en los entornos
más insospechados. Por ejemplo, los libros de ciencias de 7º y 11º utilizan los
tirachinas con los que los jóvenes palestinos atacaban a soldados israelíes
como ejemplo en sus problemas o explicaciones, haciendo uso de dibujos o
incluso de fotografías y no sólo normalizando estas situaciones de violencia
sino proponiéndolas como paradigma de comportamiento para los estudiantes.
Otras imágenes tienen un contenido aparentemente menos cruento, pero son
de una violencia simbólica descomunal: en un libro de Estudios Sociales de 5º
curso, (es decir, para niños de sólo once años), aparece un aula en la que hay
tres asientos vacíos, supuestamente de ‘mártires’.
Un islam radical.
Esta presentación del ‘martirio’ y la yihad como metas en la vida se
enmarca tanto desde el punto de vista nacionalista como desde el religioso, con
una visión radical del islam que incluye aspectos como que la nación islámica,
la Umma, debe regir “sobre las otras naciones”.
A los alumnos se les enseña que las otras religiones tienen básicamente
dos formas de relacionarse con el islam que son la subyugación o la
destrucción: “Alá ordenó a los creyentes que hagan la yihad contra ellos [los
infieles] y los traten con dureza hasta que sean subyugados, debilitados y
vencidos”.
La relación del islam con la guerra queda acreditada en numerosas
ocasiones, presentando la religión como un repositorio de sabiduría militar.
Mahoma es entre otras cosas un héroe de guerra y las antiguas batallas de los
primeros musulmanes o sus relaciones con otras religiones durante la vida del
profeta aparecen como lecciones a tener en cuenta en el presente. Un ejemplo
interesante de esto es la derrota de los judíos en Medina, que “no respetaron
los acuerdos y fueron traicioneros y agresivos, así que a los musulmanes no les
quedó más remedio que combatirlos”.
Incluso en los libros destinados a niños de once años el significado de la
religión parece pasar por la violencia y el sacrificio, como en un manual de
Educación Islámica de 5º que dice que “el musulmán ofrece su alma en defensa de
su religión, patria y santuarios, y los principales de ellos son Palestina y la
mezquita de Al-Aqsa”.
Esta visión de la religión no deja de lado ningún aspecto por delicado que
este nos pueda parecer desde el punto de vista occidental, por ejemplo en un
manual de 8º curso se presenta como “permisible” para los musulmanes “disfrutar
de esposas y de esclavas, que poseen como siervas”. El texto aclara que la
esclavitud no está permitida hoy en día, pero este permiso concedido a los
creyentes volvería a estar en vigor “si por alguna razón volviese la
esclavitud”.
Por último, hay que señalar que estos libros en los que la fe musulmana
está presente de forma constante y con un peso desproporcionado no tienen un
espacio para las minorías de otras religiones dentro de la población
palestinas, no muy numerosas -entre un 2 y un 3% en Cisjordania- y que cada día
se sienten más perseguidas, algo que este currículo no ayudará a cambiar.
Israel “será aniquilado”.
Un aspecto especialmente interesante es la visión de Israel que se ofrece
en los libros. Por supuesto, en ningún caso se da la mínima legitimidad al
Estado judío, de hecho en la mayor parte de las ocasiones ni siquiera se le
cita por su nombre, en su lugar se habla de “Ocupación”, “Ocupación sionista”,
“Sionistas” o “Entidad sionista”.
En los más de sesenta libros analizados en el estudio de IMPACT-se sólo se
menciona la solución de dos estados en una ocasión, en una nota sobre una
resolución de ONU. Esta nota es también el único momento en todos los libros en
el que aparece la palabra “paz” en el contexto de las relaciones entre
palestinos e israelíes.
A lo largo de los diferentes textos se deslegitima la presencia de
israelíes en la zona incluso en el caso de asentamientos judíos durante el
imperio otomano, décadas anteriores a la aparición del sionismo como ideología
y proyecto judío en la mente de Theodor Herzl.
Diversas asignaturas y diversas temáticas en ellas se usan para minimizar
o directamente borrar la historia judía en el actual Israel, que por supuesto
no aparece en ningún mapa como tal sino siempre como “Palestina”.
Allí donde se menciona Israel es para situarlo como potencia colonial o
para propagar auténticos libelos de sangre, como en un ejercicio de un libro de
9º curso en el que se pide a los alumnos, de 15 años, hacer un “artículo
periodístico sobre la violencia israelí contra los niños palestinos” en el que
deben comentar aspectos como “el ‘martirio’ de los niños” o como se les priva
de educación y juegos.
Otra acusación llamativa es que Israel ha convertido “grandes áreas de
Cisjordania y Gaza en un basurero tóxico y han contaminado el medioambiente
palestino con materiales químicos y radiactivos”. En este sentido en varios momentos
se acusa a Israel de estar provocando enfermedades graves, “especialmente
cáncer”. Lo más grotesco es cuando se dice que Israel suelta “piaras de cerdos
que causan estragos entre la población y sus cultivos”.
Por supuesto, el tratamiento es lo más duro posible respecto a las
consecuencias de la Guerra de Independencia de Israel y, especialmente,
respecto a los exiliados palestinos y su mal llamado derecho de retorno. Se
omite el contexto de todo lo ocurrido (por ejemplo, que la guerra empezó por la
invasión simultánea de cinco países árabes) y se presenta a los israelíes como
malvados e inhumanos. No es necesario decir que en ningún momento se expone la
necesidad de reconciliación y o se pide mirar al futuro, al contrario, se busca
provocar sentimientos de humillación y venganza.
Por último pero no menos importante, la aniquilación se presenta como el
destino de Israel con claridad meridiana: “La corrupción de los hijos de Israel
en esta tierra fue y será la causa de su aniquilación”.
Conclusiones.
En líneas generales el estudio de IMPACT-se concluye que el currículo
aprobado por la ANP está aún más lejos que el anterior de los estándares
demandados por la UNESCO. Conceptos como el respeto al otro y la tolerancia han
desaparecido por completo y hasta la consideración del otro (los israelíes o
los occidentales o los cristianos) como seres humanos individuales es
inexistente.
En ningún momento se estimulan las relaciones con otros que no sean los
propios palestinos o los musulmanes ni, por supuesto, se busca generar visiones
positivas para un acuerdo de paz con Israel, de hecho la única posible solución
al conflicto es la victoria, la ‘Gran Palestina’ desde el Jordán hasta el mar y
la aniquilación del enemigo.
Finalmente, la información y los hechos que se enseñan son ofrecidos de
forma parcial cuando no directamente falsa y los estudiantes son adoctrinados
para entender el mundo de una forma maniquea, dividido entre buenos y malos y
sin ninguna complejidad, sin tratar de hacerles entender las verdaderas razones
del desarrollo histórico.
No sólo durante el curso.
Este adoctrinamiento para la guerra de los más jóvenes no se limita al
curso normal en las escuelas, sino que en Gaza se prolonga también durante el
verano en campamentos que son en realidad unidades de entrenamiento militar en
las que participan niños desde los 15 años.
Durante este campamento de dos semanas de duración los jóvenes aprenden
habilidades que van desde la escalada de edificios hasta el lanzamiento de
misiles. La organización terrorista no ocultan el verdadero propósito de su
iniciativa ni su naturaleza: “El objetivo de estos campamentos de entrenamiento
militar es formar espiritual, intelectual y físicamente a la vanguardia de la
liberación, para que estén listos para desempeñar su papel en el momento
adecuado”, aseguraban en un comunicado las Brigadas Izz ad-Din al-Qassam de
Hamás.
Por último, conviene no olvidar que este sistema educativo pensado para
educar en el fanatismo y el odio se sufraga en parte con dinero de nuestros
impuestos gracias a las múltiples subvenciones que se entregan a las
autoridades palestinas sin ningún control sobre el uso que finalmente se les
da. Entidades locales, comunidades autónomas o la Agencia Española de
Cooperación han donado millones a la ANP en proyectos que pasan por ser
educativos, pero en realidad vemos cómo ese dinero se destina al
adoctrinamiento ideológico y la promoción del terrorismo yihadista, todo en un
sistema educativo cuyo funcionamiento nadie se ha molestado en supervisar.
Esto es especialmente lamentable en el caso de AECID, que en su propia
página web asegura que la ayuda a Palestina tiene como uno de sus fines últimos
“consolidar los procesos democráticos y el estado de derecho” y que se supone
que también busca “la consecución de una solución negociada y justa al
conflicto”, dos objetivos que este sistema educativo está, directamente,
boicoteando.
Así educan en el fanatismo y el odio las escuelas palestinas
06/Sep/2018
ACOM, España