Gaza y Jerusalén

16/May/2018

El País, Colombia- por Marcos Peckel

Gaza y Jerusalén

Las imágenes son pavorosas pero no muestran el
contexto. Es como si uno llega a una casa y encuentra a un tipo sangrando en el
piso, al que le dieron una soberana paliza. La primera reacción es compadecerse
del hombre y preguntarse quién fue el desalmado que hizo esto. Minutos después
uno se entera que el susodicho había abusado de la niña residente en el
inmueble y que la paliza se la propinó el padre de la criatura. El contexto
todo lo cambia.
Algo similar ocurre en Gaza desde hace años.
Las fotos son truculentas, pero no se pueden entender sin conocer el contexto,
muy simple además. En 2005 Israel se retiró completamente de la franja y
entregó su control a la Autoridad Palestina en cabeza de Mahmud Abbas. Dos años
después el movimiento islamista Hamás expulsó por la fuerza al gobierno
legítimo y asumió el control de Gaza en una operación relámpago que dejó un
saldo de dos centeneras de miembros de las fuerzas de seguridad palestinas
muertos y centenares expulsados a Cisjordania. Se iniciaba de esta manera el
reino del terror en Gaza bajo una organización cuya ideología radical no
difiere de la de otras similares como Al Qaeda, Isis y Hezbollah. No en vano
Hamás ha sido declarada ‘organización terrorista’ por Egipto, Arabia Saudita,
los Emiratos y la mayoría de países occidentales.
Años antes tras la firma de los acuerdos de
Oslo en 1993, la administración de Gaza fue entregada a la Autoridad Palestina
presidida por Yaser Arafat, la cual recibió millones en ayudas foráneas que sin
embargo no redundaron en mejora alguna para la población de Gaza sino
engrosaron las cuentas de los líderes de Fatah en paraísos fiscales.
La retirada de Israel ofrecía la oportunidad a
los palestinos de comenzar a construir su sueño nacional, su Estado propio,
primero en Gaza para continuar posteriormente en Cisjordania. Sin embargo, tras
el golpe de Hamás la situación de Gaza empeoró sustancialmente. La ayuda
externa fue desviada hacia la construcción de infraestructura bélica, cohetes,
túneles y búnkeres en colegios y hospitales. El sueño se tornó en pesadilla
tanto para la atribulada población de Gaza como para el Estado Judío.
Hamás ha provocado tres guerras con Israel
pues esa es su razón de ser. Cada muerto es un trofeo de guerra, entre más mejor,
así demuestra su vigencia a pesar del fracaso que ha sido su gobierno en el
franja. Entre peor la situación de la población más justifica su discurso de
odio e incitación. Antes de 2006 no existía el bloqueo que Israel y Egipto
impusieron a la franja para prevenir la importación de material bélico.
Este es el contexto, lo que ocurre en Gaza, lo
que no se ve, lo que no muestran; una población rehén de los designios de Hamás
y usada como carne de cañón por esta organización cuyo objetivo ha sido y sigue
siendo la destrucción del Estado Judío.
¿Qué tiene que ver Jerusalén con lo que ocurre
en Gaza? Pues nada, solo que esta vez sirvió de excusa para más de lo mismo.
Mañana habrá otras y así la población de Gaza seguirá sufriendo, mientras esté
gobernada por terroristas. Cuánto le ha costado al pueblo palestino la mera
existencia de Hamás.
Y como siempre, aparece la jauría que huele la
‘sangre de la chiva’ que proporciona cualquier tema que implique a Israel y con
la sola foto saca conclusiones, profiere condenas y acusaciones derrama
adjetivos y se da golpes de pecho. El contexto es convenientemente ignorado.