El ex presidente Lacalle recibió un doctorado honoris causa en Tel Aviv

07/May/2018

Montevideo Portal- por Ana Jerozolimski

El ex presidente Lacalle recibió un doctorado honoris causa en Tel Aviv

El jueves último al anochecer, la
Universidad de Tel Aviv en Israel se vistió de fiesta en la ceremonia anual en
la que fueron conferidos siete títulos honorarios a distintas figuras israelíes
y del exterior, entre ellas el ex Presidente de la República Dr. Luis Alberto Lacalle.
Se trata siempre de un acto de alto nivel, que este año fue de la mano del
singular simbolismo de haber sido llevado a cabo justamente cuando Israel
celebra 70 años de vida independiente.
Los otros distinguidos con el Honoris
Causa, fueron la periodista de investigación israelí Ilana Dayan, la actual
Gobernadora del Banco Central de Israel Karnit Flug, el fundador y Presidente
del enorme conglomerado empresarial chino Alibaba Ma Yun,más conocido como Jack
Ma,  el matemático húngaro Laszlo Lovász,
el físico alemán Profesor Knut W. Urban y el Dr. Dmitry B Zimin de Rusia,
profesor de ingeniería, especializado en ciencias técnicas y gran filántropo.
Un corto rato antes de entrar a la enorme
sala repleta de público en que se llevó a cabo la ceremonia, el Dr. Lacalle
aceptó conversar con nosotros , confesándose emocionado y al mismo tiempo
preguntándose , en tono de broma, cómo 
podría maniobrar exitosamente entre el calor de Tel Aviv y el atuendo
tradicional que impone el protocolo del acto.
P: Después de tantos años de especial
cercanía con Israel ¿qué le significa ser uno de los receptores del título
Doctor Honoris Causa de una universidad israelí, en este caso la de Tel Aviv,
justo cuando Israel está celebrando su 70° aniversario?
R: Primero que nada, esto me inspira un
claro sentimiento de agradecimiento a quienes lo promovieron. Es un acto de
generosidad. Cuando uno es Presidente de la República se tiene que acostumbrar
a una serie de cosas un poco superficiales, pero agradables como condecoraciones,
ciudadano ilustre, llave de la ciudad, todo ese tipo de honores. Algunas son
simplemente porque uno es Presidente. Y otras, tienen algún fundamento. En este
caso de la Universidad de Tel Aviv, cuando ya no soy Presidente, quiero creer
que es un poco reconocer lo que he hecho por el Estado de Israel, por el
judaísmo, por la cultura judeo-cristiana, unas cuantas cosas. Tu padre fue el
que escribió el prólogo de la recolección de todo eso, «El guardián de mi
hermano», así que lo conoces bien.
P: Lo recuerdo muy bien y lo tengo por
cierto en mi biblioteca.
R: Y bueno…te diré que siento que quizás
entonces en parte al menos, no totalmente, me lo merezco.
P: Hay sentimientos que uno lleva consigo
siempre, pero que se ven detonados por un hecho determinado, que en ciertas
circunstancias salen hacia afuera. ¿Usted puede decir que recuerda cómo fue en
este caso, qué despertó este sentimiento especial que usted tiene por Israel y
el pueblo judío?
R: Claramente. Me acuerdo que cuando yo
llegué por primera vez de visita a Israel, invitado como Senado- era en el 86 ó
87, algo así- me recibió una persona encantadora y me llevó hasta el hotel King
David de Jerusalem. Era la hora de la puesta del sol. Abrió la ventana, me
mostró el paisaje, me dijo «aquella es la tumba de Absalom, ese es el
valle de Josafat, para allí es Belén…»y me dejó. Yo estaba solo-no hay
cosa peor que viajar solo porque uno no tiene con quién compartir emociones e
impresiones lindas o feas, y esa por cierto era lindísima- y me acuerdo que le escribí
a mi madre una carta que terminaba diciendo: «Todo mi ser cristiano y
occidental se estremece al encontrar su raíz judía y oriental».
Y sigue siendo verdad. Aquel viaje fue un
viaje espiritual. Para mí, fue una transformación, pero como tú bien decís,
vino de adentro. Algo la hizo aparecer.
P: Los cimientos ya estaban.
R: Así es. Es que yo por suerte fui criado
en un catolicismo de mucha lectura de la Biblia. Los padres Jesuitas con
quienes me eduqué siempre hicieron mucho hincapié en el Primer Testamento -no
decían el Antiguo sino el Primero- así que los cimientos estaban. Se ve que
hacía falta ese «empujón».
P: Y ese sentimiento lo acompaña desde
entonces…lo ha compartido con mucha gente.
R: Es cierto. Creo que es lindo compartir
un ejemplo de varios de interlocutores con los que lo compartí: el Cardenal
Lustiger, que como recordamos había nacido judío. Le dije «Eminencia, yo
al revés de San Pablo, me caí del caballo para el otro lado». Le hizo
mucha gracia. Le conté que cuando vine a Israel por primera vez fue el momento
de mi resurgir de raíces, que se ve que eran muy hondas a través de mi
catolicismo y de mi cristianismo, a través de mi relación con Israel.
P: Y muy oportuno que se lo haya comentado
a Lustiger, judío convertido al Cristianismo.
R: Justamente. Antes de morir el Cardenal
Lustiger había dejado por escrito todas sus voluntades. Y fue muy interesante
que cuando murió, cuando el cortejo llegó a Notre Dame, antes de entrar,
pusieron el ataúd en el piso, se dijo el «Kadish», la oración por los
muertos en el judaísmo, y recién después se abrieron las puertas para aquella
fantástica ceremonia en honor al «Príncipe de la Iglesia». A mí
siempre fue una figura que me causó mucha impresión.
P: ¿Por qué, en primera instancia, fue a
verlo? Por su propio sentimiento ¿le atraía la combinación que él representaba?
R: Justamente. Te diré que él justamente
pensó que yo iba por algo protocolar, pero no era así, a mí me parecía
interesantísimo el personaje. La peripecia impresionante de haber tenido esa
familia, ser nieto de un rabino, estar circuncidado y ser «príncipe de la
Iglesia». Me parecía una síntesis impresionante. Me acuerdo que le pedí
una bendición. Y él tuvo el buen sentido de no bendecirme con la cruz, sino que
me puso la mano en la frente y me dio la bendición de Aarón, que es
hermosísima: «Que El Señor te bendiga
y te guarde; el Señor te mire con agrado y te extienda su amor; el Señor te muestre
su favor y te conceda la paz». Tuvo la prudencia de no introducir la cruz
en esa conversación. Y me puso en el libro que me firmó, un concepto que es
bien del Antiguo Testamento, «Dieu est fidel», Dios es fiel, una idea
que se repite mucho en la Biblia: la fidelidad de Dios con su pueblo. Así que
realmente fue un momento muy lindo de mi vida.
P: Desde aquella primera visita suya hace
aproximadamente 30 años, ha estado muchas veces y también ha defendido en forma
activa la causa de Israel. Recuerdo que en el 2014, en la guerra contra Hamas
en Gaza, usted se tomó la molestia de filmar un corto video explicando qué es
lo que ocurría en el terreno, por qué había estallado la guerra. ¿Cómo analiza
entonces la situación actual cuando observa con qué lidia Israel?
R: Yo siempre contesto a este tipo de
preguntas, que por supuesto son inevitables, diciendo que yo pongo una sola
condición para analizar este tema desde un punto de vista de justicia: que los
países y las entidades que niegan la existencia de Israel, lo reconozcan y lo
respeten. Después se puede hablar de los detalles. Si alguien le niega al
Estado de Israel el derecho de existencia, no respetar a ese interlocutor ni
escuchar lo que dice. Primero que diga que Israel es un hecho, un derecho, una
historia, respeto y después se puede hablar de las condiciones.
P: Por lo duro de los temas pendientes, hay
discrepancias, que son legítimas. Y por otro, hay demonización. ¿Cómo
explicaría el fenómeno?
R:Creo que todo este asunto terrible de la
desligitimación es inaceptable, la horrible
posición de la UNESCO y de otros organismos internacionales. Yo estoy en
la «Friends of Israel initiative» y lo hago con mucho gusto. Y es
realmente difícil luchar contra toda la conspiración que hay para desligitimar.
La decisión de la UNESCO sobre los Lugares Santos, que no reconocía el derecho
de Israel en el Muro de los Lamentos, es tan aberrante que le quita autoridad a
la Unesco para siempre. Eso es reconocer un hecho, no es opinar.
P: En la evolución de Israel a lo largo de
los años, que usted ha seguido ¿ve también elementos negativos?
R: Creo que en la medida que la
prosperidad, el avance en ciertos campos se produjo, las pasiones humanas
aparecen. Las buenas y también las malas. Tampoco se le puede pedir al sistema
parlamentario que por definición es inestable, tenga la solidez de otros
sistemas de gobierno. Si tú dependés de los votos de una aritmética
parlamentaria, uno solo te puede hacer la vida imposible, pidiéndote y
exigiéndote. Para llegar al número mágico en la asamblea, es necesaria cierta
cantidad de votos. Y eso a veces al gobernante lo hace tributario de mantener
la mayoría a pesar de que las grandes políticas quizás no se lleven a cabo. Hay
que ponerse en los zapatos de Netanyahu y de todos los Primer Ministros
anteriores, porque todos vivieron eso.
P: ¿Cuál es la gran deuda pendiente de
Israel en sus 70?
R: Yo creo que más de lo que se ha dicho y
ofrecido para obtener la paz, es difícil. Creo que hay que mantener esa
sensación de que efectivamente dos Estados son posibles pero con las
condiciones que ya mencioné: Israel es una realidad que nadie puede negar. Y el
que la niegue, no puede ni hablar.
P: ¿Qué le hace pensar el ver el grado de
desarrollo logrado por Israel a tantos niveles?
R: Yo creo que es la
lección de Israel hacia un país chico como el nuestro. A veces pienso que tendríamos
que cargar un avión con toda la dirigencia política, de todos los partidos,
traerlos a Israel a quedarse 10 días. Sería una inversión muy buena. Después
decir «vamos a hacer la mitad, el 20% de lo que hizo Israel», y con
eso alcanzaría. Tantas veces estamos divididos por cosas que no importan y no
nos juntamos en lo que importa.