Hace pocas semanas, concretamente el martes 21 de noviembre, Sara Sabah presentó en la Sala Zavala Muniz su nuevo disco «Arvolera», que fue de hecho una iniciativa singular, una co-producción uruguayo-israelí que la llevó a grabar en Israel con amigos y colegas que jamás habían visitado el país, varias canciones sefaradíes. Sobre esto -y más- conversamos con Sara hace pocas semanas,
P: Se me ocurre que quizás haya que comenzar por cómo explicás, si alguien te pregunta, qué es la música sefaradí.
R: Sí, algunos me preguntan. Y yo explico que es música española que se trasladó después de la declaración de los Reyes Católicos sobre la expulsión de los judíos y que se enriquece con los lugares en que se asentaron, los países donde los recibieron. Grecia, Chipre, Turquía, y los Balcanes. Es fascinante, tiene tanta cosa esa música, y tiene esa movilidad increíble que hace que mi abuela la cante de una forma, la tuya de otra y es la misma canción. Y en realidad nadie sabe cómo es la canción.
>UNIENDO MUNDOS
P: ¿Qué significa para vos este disco en el que llevaste a uruguayos no judíos a Israel haciéndolos así parte de tus raíces?
R: La locura de grabarlo afuera, en Israel en este caso, era una cosa muy difícil de realizar. Primero por los tiempos de los músicos israelíes, son gente que trabaja mucho y poder coincidir todos dos semanas en Israel era como un milagro. Después porque tiene un costo, más allá del viaje. Pero pudimos concretar. Esta fue la parte técnica. Fue un proyecto uruguayo-israelí.
Te diré que esa música hace tiempo que me acompaña. Si bien no me dedico a cantar este repertorio tradicional, algunas de esas canciones me acompañan en el repertorio uruguayo. Empezamos a explorar la posibilidad de hacer esto, Rony Iwryn y Yankale Segal, que son los productores y músicos del proyecto. Y se me sumaron músicos amigos que se prendieron con entusiasmo: Federico Righi que es el bajista, con quien componemos juntos y hace mucho tiempo que estamos trabajando juntos porque también hizo la producción del disco «Cerca», y Nicolás Parrillo es muy amigo de Fede, de hace muchos años. Federico es el que dirige la batuta y es el que escribió todos los arreglos para los músicos uruguayos. Es el que hace la dirección en Uruguay.
P: ¿Fueron como músicos o como amigos?
R: Como amigos y músicos, las dos cosas. Al principio no sabíamos cómo iba a ser, porque la carta libre la tenían los israelíes, decidían ellos todo. A nivel estético, a nivel de arreglos, las entrevistas.
P: ¿Así lo acordaron?
R: Así lo pedí yo. Quería que suene a una cosa que no es uruguaya, para traer algo distinto, porque me parecía que había que darle un lugar a esa música con sus instrumentos especiales, distintos de los que estamos acostumbrados en Uruguay. Creo que hay una sonoridad especial, porque los instrumentos que se utilizaron en el proyecto no existen acá. Seguramente hay algún músico armenio o gente que toque esos instrumentos, pero no es lo más común.
P: Es cierto… reconozco que la primera vez que escuché el disco-te cuento que lo tengo en mi coche y me acompaña a menudo-no me percaté de todos los detalles y simplemente disfruté de tu voz. Pero luego presté más atención y sí, es notorio que hay un estilo diferente del promedio conocido en Uruguay.
R: También hay un tema de la sonoridad de cómo son las escalas. Son los modos, y nosotros acá lo armonizamos de una forma que allá no se armonizan. Se supone que en ese período de España -recordemos que estamos hablando de música sefaradí-no se armonizaba con la armonía occidental. La sonoridad del disco suena distinto y era lo que yo buscaba, poder traer ese sonido acá y poder desde algún lugar, rehacerlo. Yo cuando vi que venía un proyecto con tanta instrumentación, con tantos músicos invitados a tocar, israelíes-, dije: «¿Cómo hago para que esto suene en Uruguay?». Es impresionante, son muy talentosos.
P: Si hay alguien que escucha eso y no se percata de estos detalles que estás diciendo, ¿te decepciona o si disfruta el disco ya alcanza?
R: La verdad, lo que yo pretendo de la música, y es mi visión, es que la música es un regalo universal, yo siempre digo que la música es la reina; no importa si lo entienden o no lo entienden. No tengo muchas pretensiones; si les gusta, divino.
P: Sara, a mí me parece que más allá del tema musical propiamente dicho, esto es también una fusión cultural, ¿verdad?
R: Sí, un poco pasó eso.
P: Recordemos por si hay algún distraído que no lo sepa-y que no haya leído la entrevista que hicimos hace unos dos años: naciste en Israel, llegaste a Uruguay de chica, de padres uruguayos, tu mamá conversa, un hogar sefaradí, y vos muy metida en la música uruguaya, no necesariamente en la música judía…salvo las canciones sefaradíes.
R: Así es. A mí me costó un poco entender que esa mezcla era lo que yo hacía, lo que yo era. Lo que más me costó entender cuando decidí cantar sola, es qué hacía. Ahora lo que me pasa es que todo el tiempo me vienen ideas, no me cuestiono si debería hacer o no un repertorio, voy y lo hago.
P: No tenés que etiquetarte.
R: Claro que no. Yo estudié canto, desde la parte más académica, fue canto popular. Escuché músicas israelíes de niña pero en mi casa se escuchaba Zitarrosa. Estudié un instrumento de viento que me encantaba pero cantaba, me sirvió para mucho. Viví años en la Ciudad Vieja y escuchaba murga porque tengo un tío al que le gusta mucho la murga. Ahora estoy un poco más empapada, tengo otras fuentes y estoy todo el tiempo ávida de escuchar música de otros lados, me da mucha curiosidad. También enriquece y da mucha felicidad poder usar todos estos elementos.
LA CONEXIÓN A TRAVÉS DE LA MÚSICA
P: Me contaste la otra vez que con tus compañeros no judíos en los ensayos y reuniones para tocar, la comida de tu mamá jugaba un papel central.
R: Eso sigue igual. Pero ahora, el hummus se viene con todo. Pero más allá de eso, hubo aquí vivencias muy especiales… los siete varones del grupo cantan una canción de boda, sefaradí… y ninguno de ellos es judío. Es muy fuerte todo lo que vivimos.
P: Con esa vivencia judía que por supuesto no pasa necesariamente por la religión, a pesar de que tus padres se hayan acercado a la fe, ¿qué felicidad te inspira ver amigos y colegas no judíos viviendo eso?
R: Te diré que más allá que tenemos una divina relación, eso es la música, eso es el poder de la música. Si yo tengo que ir a una ceremonia de los indígenas amazónicos y tengo que celebrar con ellos celebraría. Pero claro que a tu pregunta, claro que me da mucha felicidad. Yo soy parte de sus mundos y ellos del mío, de eso se trata la comunicación y la hermandad. Y la música sin eso no se consigue, se atraviesa el punto de «eso no lo canto porque es de tal religión», que para mí no existe. Lo entiendo, porque hay gente que lo vive así, y también es respetable. Yo estoy muy agradecida porque ellos reciben estas músicas desde un lugar que es absolutamente abierto, con mucha libertad. Y aprecian los arreglos. Es una forma tan divina de vincularse con otro ser humano, trayendo música de otro lado y que se pueda hacer y reinterpretar, que me emociona mucho. Estas canciones tuvieron un camino tan largo en el que te diré que yo no inventé nada. Pero poder transmitir y poder rehacerlas y reinterpretarlas, es algo muy especial. Te cuento por ejemplo que mi papá fue hoy fue al ensayo, porque canta una canción antes de la Arvolera y cuando empezó a sonar el estribillo la alegría de mi papá era algo fuera de serie. Y yo veía a los chiquilines que disfrutaban también de verlo a mi padre con esa felicidad. Porque todo el mundo tiene tradición, todos tienen algo que le mueve del pasado, o de la madre, o de sus vivencias en la infancia. Y eso es muy valorable. Ver la felicidad de otro a través de alguien que está conmovido por una música.
HOGAR Y TRADICIÓN
P: ¿Qué escenas de recuerdos de tu vida, en el seno de una familia sefaradí, te venían a la mente mientras grababas?
R: Yo vinculo mucho estas canciones como que un algún lugar uno está cantando las canciones de los abuelos. Mi abuela era una gran cocinera, la mejor, mi abuela sefaradí. Pero el sabor de las canciones creo que lo heredé más de mi papá. Yo estaba muy emocionada, canté con el nudo en la garganta todo el tiempo. No sé si el recurso mío es ir a buscar imágenes de mi infancia, porque en la infancia tampoco estaba lo sefaradí. Yo vivía en un kibutz, descalza y adentro de una piscina. Estaba como bastante desconectada del universo del hogar judío. Por lo menos en ese momento la tradición no estaba en mi infancia en Israel. Y te diré que esas canciones, siento que las reevalúo después de aprender un poco sobre la música en general.
P: ¿Qué aprendiste que vale la pena contar?
R: Hay un paralelismo muy grande en las temáticas y en el lenguaje simbólico de los textos. La vida trágica de las mujeres. Y a pesar de eso el lenguaje es sumamente picaresco y hay mucha rebeldía en las situaciones amorosas. Hay temáticas que son las de los humanos, vivir en una sociedad, con otros. Amor, desamor, engaño.
UN REENCUENTRO
P: Recordemos que grabar este disco en Israel también tuvo para vos una dimensión de reencuentro, porque allí naciste y creciste de niña. ¿Cómo lo viviste?
R: Me encantó mi reencuentro con Israel. Me encantó estar en Israel y en un plan más grande. Caminar por la calle, porque claro, yo siempre estaba en lo de mis padre de niña. Y pude darme cuenta de que hay un montón de cosas en Israel que no se ven, la capacidad artística de los músicos que nos acompañaron. No nos enteramos en estas latitudes. Porque el proyecto no es sólo música israelí, hay un músico de jazz, de música clásica. Me sorprendió que sea tan natural la música allá. Te diré que este viaje a Israel fue muy conmovedor porque volví después de muchos años, y a hacer música. Hacía muchos años que no iba. Hace cuatro años había ido a ver a mi hermana. Y ahora estaba tan agradecida por poder estar haciendo este proyecto con ellos, estos músicos, que realmente fue maravilloso. Llegamos y nos esperaban en el aeropuerto con cosas para desayunar, y se trabajó como si estuviéramos en nuestra casa. Fue muy enriquecedor, una experiencia. Convivimos Nico, Fede y yo en una casita, una semana y era un cuartito. Después vinieron mis hijos, diez días después que empecé a grabar. Yo estaba grabando, los veía sólo de noche. Mi marido un santo, me los llevó hasta ahí.
RONY IWRYN, UN MÚSICO ESPECIAL
P: Trabajaste con Rony, destacado músico uruguayo-israelí, que ha tocado con los principales cantantes de Israel. Es un músico sumamente reconocido.
R: Sin duda. Roni, una cosa es verlo en un video y otra es verlo grabar. La sensibilidad y la cantidad de texturas que maneja. Es sumamente refinado como percusionista. Fue maravilloso, conectarnos así. Nos conocíamos muy poco. Él vino acá y lo llevé a los tambores, lo llevé a la casa de Nico Arnicho para que conociera. De hecho nos conocimos un día. Yo sabía quién era y él sabe quién soy yo. La verdad que hablamos semanalmente, hacemos facetime, o ya estamos proyectando para tocar en algún momento juntos con el proyecto.
P: En cierta medida, fueron parte de la vida de Rony esos días que estuvieron allá.
R: Sin duda. Rony está casado, tiene 3 hijos, una familia divina que nos recibió todo el tiempo por ejemplo para las cenas de shabat. Fue una fiesta, nunca pensé que fuera a ser tan bueno.
P: ¿Hay algo más que quisieras destacar?
R: Me parece importante destacar la alegría que me da que podamos interactuar más allá del tipo de repertorio, como que estamos todos aprendiendo. Estamos rehaciendo un disco con siete músicos que están súper felices. Y estamos desde junio ensayando. Semanalmente están ahí, aprendiendo. Esto ha sido algo muy especial para todos nosotros.
La cantante Sara Sabah ve concluido un sueño de años: “Arvolera”, disco de canciones sefaradíes.
08/Ene/2018
Semanario Hebreo, Ana Jerozolimski