La emancipación del pueblo judío, y su
culminación en la recuperación parcial de su tierra, Eretz Israel, provoca el
miedo teológico del Islam al ver el incumplimiento de las profecías musulmanas
recopiladas en el Corán y los hadices sobre el pueblo judío: “La Hora no vendrá
hasta que los musulmanes combatan con los judíos y los maten. Los judíos se
esconderán detrás de rocas y árboles, y estas rocas y árboles dirán: ¡‘Oh,
Musulmán, Oh, siervo de Alá! ¡Hay un judío detrás mío, venid y matadlo!’ (Todos
los árboles dirán esto con excepción de gharqad (lycium), ya que es un árbol de
los judíos)”. Los hadices profetizan en los Últimos Días que todos los judíos y
cristianos que no se conviertan al Islam serán exterminados y toda la tierra
será musulmana.
Las profecías del Islam, recogidas del
Corán y de los hadices anuncian que en Dabiq, pequeña ciudad del norte de
Siria, ocurrirá la Batalla Final antes del Fin de la Hora, del Fin del mundo,
un Armagedón musulmán, en la que se enfrentarán las fuerzas del Islam
capitaneadas por Isa Ibn Maryam (Jesús, hijo de María. El Hijo de Dios, para la
cristiandad) contra las tropas cristianas comandadas por el Papa de Roma. En
esta batalla se resolverá al final el conflicto del Islam contra los infieles
(judíos y cristianos). Las tropas musulmanas, comandadas por Isa Ibn Maryam
(Jesús de Nazaret), vencerán a los 12 ejércitos cristianos y obligarán a judíos
y cristianos a convertirse al Islam, destruirán sinagogas e iglesias y cruces;
y aquellos judíos y cristianos que no se conviertan al Islam serán pasados por
las armas por el mismo Isa Ibn Maryam (Jesús de Nazaret). Los hadices de Al
Bujari y Muslim dicen textualmente que “Jesús romperá la Cruz y matará él mismo
a los cerdos cristianos”.
Hace más de 9 años Jaled Mechaal, jefe de
la oficina política de Hamás, declaró que “Al-Qods pertenece a los palestinos y
a la comunidad musulmana y solamente los árabes tienen el derecho a gobernar
sobre esta región”, y añadió “Al-Qods es el territorio que conecta la tierra al
cielo y no conviene que este territorio consagrado a un principio de compromiso
se convierta en una oferta de rendición. […] Entendemos por Al-Qods, todo el
territorio, geografía, la historia y la herencia religiosa de la región no solo
algunos nombres otorgados a los distintos puntos de Cisjordania. La región
Abou-Dis no representa a Al-Qods. La cuestión no se limita a un nombre.
Queremos a Al-Qods con toda su historia, su civilización y su herencia”.
Anteriormente Omar Bachij, el Gran Muftí de Croacia afirmó que la cuestión
palestina era el problema de todos los musulmanes del mundo, destacando que
“Irán desempeñó un papel importante en la realización de los derechos legítimos
de los palestinos” añadiendo que “La comunidad musulmana de Croacia contribuye
en la medida de nuestras posibilidades a la resolución de la situación de los
palestinos y proseguiremos nuestros esfuerzos en este sentido”. En esas fechas
el presidente del Parlamento de la República de Islámica de Irán Ali Lariyani
declaró en que “El palestino es el asunto más importante del mundo islámico”
considerando que Al Qods -tal como los árabes y musulmanes denominan a
Jerusalén- es el centro de debate de su Yihad, y el punto de encuentro y de
choque entre el Islam y el mundo no musulmán.
El Pueblo Judío se convirtió en una nación
en el año 1312 antes de la EC, dos mil años antes de que surgiese el Islam, y
Jerusalén se constituyó desde el inicio como su capital, la capital eterna e
indivisible de Israel. Desde la conquista judía, que tuvo lugar en el año 1272
a. de C., los judíos han disfrutado el dominio sobre la tierra durante mil
años, que ha contado con una presencia continuada en la tierra durante los
últimos 3,300 años y durante más de 3,300 años, Jerusalén ha sido la capital
judía, de todos los judíos de todos los tiempos, de los judíos que vivían en
Tierra Santa y de los que vivían en la Diáspora.
En la Torá/Tanaj –las Sagradas Escrituras
del judaísmo (Antiguo Testamento) Jerusalén está nombrada más de 800 veces. En
los textos neotestamentarios unas 200 veces. En el Corán ni se la cita, ni se
la espera. Jerusalén no ha sido nunca la capital de ninguna entidad árabe ni
musulmana. Incluso en la época en que los jordanos ocuparon Jerusalén, nunca
los árabes –que posteriormente se autodenominaron palestinos- pretendieron
convertirla en su capital y los dirigentes árabes no acudieron nunca a
Jerusalén para visitarla. Los refugiados árabes en Israel comenzaron a
identificarse a sí mismos como el pueblo palestino en el año 1967, dos décadas
después del establecimiento del moderno Estado de Israel. Nunca antes se
consideraron como “palestinos”. Eran árabes de Bilad as-Sham (la Gran Siria)
que vivían en tierras del pueblo judío. El único dominio árabe desde la
conquista del año 635 de la E.C. duró tan solo 22 años. El Rey David fundó la
ciudad de Jerusalén como capital de Israel.
Mahoma no fue nunca a Jerusalén. Los judíos
rezan orientándose hacia Jerusalén; mientras que los musulmanes lo hacen
dándole la espalda y los glúteos a Jerusalén. El breve control árabe de
Jerusalén significó destrucción y atraso en la Ciudad Santa. Los árabes
tuvieron abandonada la ciudad, como pasó con el resto del país. Bajo el
gobierno jordano, los lugares sagrados judíos fueron profanados y a los judíos
se les negó el acceso a los lugares de adoración. Bajo el gobierno israelí,
todos los emplazamientos musulmanes y cristianos han sido conservados y hechos
accesibles a las gentes de todas las creencias. Las Naciones Unidas
permanecieron silenciosas cuando los jordanos destruyeron 58 sinagogas en
Jerusalén. Las Naciones Unidas persistieron en desviar la mirada cuando los
jordanos profanaron sistemáticamente el antiguo cementerio judío en el Monte de
los Olivos. Las Naciones Unidas permanecieron mudas cuando los jordanos
impusieron una política, de tipo apartheid, -prohibiendo a los judíos el acceso
a sus lugares santos- con el fin de impedir que los judíos visitasen el Monte
del Templo y el Muro Occidental. Únicamente los judíos han vivido
interrumpidamente en Israel durante los últimos 3,700 años.
¿Dónde estaban los árabes-palestinos en
tiempo de Jesús? Los ocupantes musulmanes, árabes y turcos, respectivamente,
nunca dejaron volver a los judíos que vivían en la Diáspora. Desde 1840 en la
era moderna, Jerusalén ha tenido una mayoría judía.
Los colonos árabes procedentes de Jordania,
Irak y Egipto se transmutaron súbitamente en “palestinos” en 1967. Nunca
buscaron independizarse de esos tres países, pues se consideraban a ellos
mismos como árabes de Bilad al-Sham (la Gran Siria). Israel concedió
nacionalidad a todos los árabes que vivían en su territorio, después del 1948.
El árabe es idioma oficial, juntamente con el hebreo, en Israel. Israel
permanece siendo el único de los países de la zona donde los árabes pueden
votar libremente (lo cual es una rareza en el área), al tiempo que es el único
país de Oriente Medio donde las mujeres pueden votar.
De hecho, esta es una de las razones
principales por las que Israel choca tan fuertemente con los valores de los
árabes musulmanes que viven en su territorio. El reino de los Califatos
contradice abiertamente las libertades que en Occidente nos parecen tan
normales.
Los historiadores y la Biblia coinciden en
que el término “Palestina” se deriva de Filistim, Filisteo -palabra del antiguo
hebreo-, que significa invasor: personas egeas quienes en el Siglo XII antes de
la E.C. que se asentaron a lo largo de las costas planas del Mar Mediterráneo,
y que fueron expulsados posteriormente por el Rey David.
En el año 135 después de la EC los romanos
aplastaron la última gran revuelta judía. El emperador Adriano cambió el nombre
de Jerusalén por Aelia Capitolina y a la provincia judaica por Palestina, para
borrar toda memoria judía de la región y en recuerdo de los invasores,
procedentes del mar Egeo, que en hebreo eran nombrados “plishtim” –invasores.
Los filisteos constituyeron una confederación de pueblos no-semíticos
provenientes de Creta, las islas del Egeo y Asia Menor, conocidos también como
“Pueblos del Mar”. Los ingleses nombraron Palestina a Tierra Santa, y los
ocupantes e invasores árabes han recuperado el nombre de Palestina, cuando
hasta hace unas décadas ignoraban la existencia de los nombres: Palestina y
palestinos.
Nunca ha existido una tierra llamada
“Palestina” gobernada por “palestinos” ni la nación palestina. Los palestinos
son árabes, procedentes de Siria, de Jordania, Líbano, Irak.
Mientras los antisemitas europeos
increpaban y decían a los judíos, “iros a vuestro país, iros a Israel”, sin
querer recordar que fueron las deportaciones romanas las que llevaron a los
judíos por Europa. Cuando muchos judíos han podido volver a su tierra, Israel,
ahora el antisemitismo europeo injuria a los judíos negando a éstos el derecho
de decidir y vivir en su propia tierra, Israel. Estos mismos antisemitas europeos
nunca han dicho a los árabes-palestinos: “árabes, palestinos, iros a vuestra
casa, a Arabia o a Jordania, o a la Gran Siria”.
Cisjordania –Judea y Samaria- no fue nunca
parte legal de Jordania. Bajo el Plan de Partición de las Naciones Unidas de
1947, el cual los Judíos aceptaron y los árabes rechazaron, Cisjordania se
suponía fuera parte de un estado árabe independiente en el oeste de “Palestina”
(¡el Israel histórico¡). Pero los jordanos invadieron y ocuparon el área
durante la guerra de 1948. En 1950, Jordania anexó los Bancos del Oeste a su
territorio, razón por la cual esta región es conocida bajo el nombre de
Cisjordania.
Si usted busca el nombre “Cisjordania” en
algún diccionario editado antes de 1948 verá que no existe. ¿Por qué?
Porque es un término reciente inventado
para designar los Bancos del Oeste una vez fueron anexados a Jordania. En
inglés el término usado es “West Bank”. Solamente los ingleses y Pakistán
reconocieron la ocupación jordana.
El resto del mundo nunca lo reconocieron.
Durante el período entre 1950 y 1967 Jordania permitió a terroristas
panarabistas e islamistas que lanzaran ataques contra Israel.
Es una mentira repetida mil veces que ha
devenido “verdad” en occidente de que Jerusalén es la tercera ciudad santa del
Islam. Los musulmanes intentan conectar a Jerusalén con el Islam usando un
pasaje vago del Corán, contenido en la sura 17, titulado “El Viaje Nocturno” En
el mismo se relata que en un sueño o en una visión Mahoma fue llevado de noche
desde “el templo sagrado al templo que es más remoto, cuyo recinto hemos
verdecido, para que podamos mostrarle nuestras señales. …” Muy posteriormente
al nacimiento del Islam, algunos musulmanes identificaron estos dos templos
mencionados en este verso como el de Meca y el de Jerusalén. Y esta es la
evidencia más contundente que tiene el Islamismo para reclamar a Jerusalén como
ciudad santa.
Sin embargo, los judíos pueden mostrar
miles de años de morar y habitar en esta tierra, de construir Templos –el
Primero y el Segundo-, de adorar a Dios, de vivir y luchar por esta tierra,
como evidencia histórica para reclamar a Jerusalem, desde los tiempos de
Abraham – ¡hace miles de años!
El área de los Establos de Salomón se puede
datar a la fecha aproximada cuando Salomón construyó el Templo para el Eterno.
De acuerdo con el historiador Flavio Josefo (Siglo I de la E.C.), este lugar
existía en esta montaña hacía siglos y era usado por los judíos para refugiarse
cuando Tito conquistó a Jerusalén en el año 68 después de la Era Común. El
mismo Corán – el libro sagrado del Islam – describe la construcción del Primer
Templo de Salomón (Sura 34:13) y la destrucción del Primer y Segundo Templo de
Salomón (17:7). La conexión de los Judíos con la Montaña del Templo puede
datarse hasta ,.000 años en el pasado, y está basada en datos históricos,
evidencias arqueológicas y tradiciones escritas y orales. Cuando Abraham ató a
su hijo Isaac en el altar para sacrificarlo a Dios, lo hizo en la cima de esta
montaña, llamada Monte Moriá, donde recientemente los musulmanes construyeron
un templo, con la intención de borrar la asociación de los judíos con el Monte
Moriá. Posteriormente a la Guerra de los Seis Días en 1967 Israel recuperó
Jerusalén Este y la Ciudad Vieja y abolió todas las leyes discriminatorias
promulgadas por Jordania y adoptó su propio sistema de leyes para garantizar el
acceso a todos los fieles a sus templos religiosos. Los jordanos habían
prohibido e impedido a los judíos el acceso a los lugares santos.
La ley israelí estipula lo siguiente:
“Cualquiera que haga algo que pueda poner en peligro la libertad de acceso a
los miembros de los varios grupos religiosos a sus lugares sagrados será
castigado con prisión por un término de cinco años.” Israel también confió la
administración de los lugares sagrados a sus respectivas autoridades
religiosas, por ejemplo, el Waqf Musulmán tiene la responsabilidad de las
mezquitas de la Montaña del Templo.
Yáser Arafat dijo: “Nuestro objetivo es
simplemente la liberación del suelo palestino y el establecimiento de un estado.
Por lo tanto, los judíos (israelitas) deben ser expulsados, e Israel debe ser
aniquilado. No podemos aceptar ni más ni menos que la completa aniquilación de
todos los judíos”. Los continuadores del terrorismo, Hamás –que actualmente
gobiernan a los árabes palestinos-no sólo no quiere reconocer parte del
territorio de Israel, sino que en su carta constitucional se pide la
destrucción de Israel.
Jerusalén es la capital de Israel no sólo
tiene carácter religioso, también es nacional y estatal.
La sociedad árabe en general quedaría
definida por las coordenadas del eje de la abscisa nacionalista y del eje de la
ordenada religiosa. La abscisa cartesiana abarcaría desde el nacionalismo
monárquico feudal y estatal -Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos,
Jordania, Kuwait, -al estatista panarabista nacional-socialista -Egipto, Siria,
Irak .ahora en stand by debido al conflicto religioso intramusulmán-. La
ordenada cartesiana, tendría teóricamente que desplazarse desde el islamismo
-Arabia Saudita- al ateísmo, pasando por laicismo. Pero la ordenada cartesiana
en el mundo musulmán y árabe se desplaza sólo por el islamismo, pero no alcanza
al laicismo, y mucho menos al ateísmo.
1. La abscisa nacionalista. El eje
cartesiano del nacionalismo
Acabada la Segunda Guerra Mundial se inició
el proceso de descolonización del Magreb, el Poniente del mundo árabe, incluye
Marruecos, Túnez, Argelia, Mauritania, Sahara Occidental y Libia-, y de la
mayoría de los países árabes. Una vez expulsados los colonizadores europeos, a
veces tras cruentas guerras de liberación contra la metrópoli, en algunos
países se impondrá un nacionalismo feudal, como Marruecos; en otros un
presidencialismo socialista, como Argelia acabando en el socialismo
nacionalista; y en otros se instaurarán regímenes nacional
panarabista-socialistas -de inspiración nacional-socialista- como Egipto, Siria
e Irak, tras golpes de estado anti-monárquicos. La Liga árabe afirma que “árabe
es una persona cuyo idioma es el árabe, vive en un país de lengua árabe y simpatiza
con las aspiraciones de los araboparlantes”. Este planteamiento ha marcado el
devenir político y social del mudo árabe, a pesar de la diversidad de dialectos
del árabe, desde mediados del siglo XIX con el nacimiento de los nacionalismos
modernos. A imagen y semejanza del nacionalismo europeo, el nacionalismo árabe
proclamará que todos los pueblos árabes comparten una historia, una cultura y
una lengua comunes. Se forjará una ideología política arabista aletargada
durante los doce siglos anteriores debido a la adhesión de la mayoría de los
árabes a la Uma islámica, colectivo que acentúa la unidad dentro del Islam de
poblaciones y países que supera las fronteras lingüísticas y étnicas del mundo
árabe.
Tres años después de finalizada la Segunda
Guerra Mundial, los judíos consiguen su estado en 1948, liberado de la
ocupación británica, y anteriormente otomana, Israel, el estado judío, consigue
su independencia, reconocida por las Naciones Unidas el 14 de mayo de 1948, en
una porción de su tierra ancestral, aunque la mayor parte de la tierra judía
permanecerá ocupada por los árabes. El mundo árabe considerará un deshonor y
una afrenta a su orgullo que el dhimmi y sometido pueblo judío pueda librarse
del yugo árabe y/o musulmán. Israel es atacado al cabo de pocas horas de
proclamar su independencia por los ejércitos de cinco países árabes
–Transjordania (Jordania), Egipto, Siria, Líbano e Irak- y la Legión Árabe que
cruzan la frontera e inician la invasión del estado judío, dando así comienzo a
la primera guerra árabe-israelí. Azzam Pashá, Secretario General de la Liga
Árabe, que pensaba destruir Israel y exterminar a los judíos, declaraba el 15
de mayo de 1948: “Esta será una guerra de exterminio y una masacre
trascendental de la cual se hablará como de las masacres mongoles y de las
cruzadas”. A partir de la nacionalización del Canal de Suez en 1956, Gamal
Abdel Nasser se convertirá en el referente principal del nacional-socialismo
panarabista. El objetivo principal del Rais [Caudillo] Nasser será destruir Israel
para poder acaudillar el mundo árabe. El 14 de octubre de 1956, Náser
declaraba: “No estoy luchando solamente contra Israel mismo. Mi tarea es librar
al mundo árabe de la destrucción a través de las maquinaciones de Israel, que
tienen sus raíces afuera. Nuestro odio es muy fuerte. No tiene ningún sentido
hablar de paz con Israel. No existe ni el más mínimo lugar para las
negociaciones.”
En la Guerra de los Seis Días (junio de
1967) el ejército egipcio, coordinado con los de Siria y Jordania -conformaban
la Coalición Arábica-, sufrirá una estrepitosa derrota ante Israel, siendo el
principio del declive del aura de Náser y, en general, del nacionalismo árabe.
En agosto de 1967 los líderes árabes reunidos en Jartún adoptaron la fórmula de
tres noes: “no paz con Israel, no negociaciones con Israel, no reconocimiento
de Israel”[4]. Al morir Nasser en 1970, Anuar al Sadat se impuso a sus rivales
en el partido y heredó el poder, así como el proyecto de nacionalismo árabe que
representaba Náser. Sadat desencadenó un nuevo ataque, junto con Siria, con el
objetivo de destruir Israel, el 6 de octubre de 1973 que sorprendió a Israel y
en el que estuvo a punto de triunfar, pero Egipto y Siria perderán la Guerra de
Yom Kipur
Egipto, acaudillado por Anwar al Sadat, e Israel
firmarán el Tratado de Paz en Washington el 26 de marzo de 1979, lo que marcará
el término de treinta años de hostilidades y cinco guerras, y permitirá un
mayor desarrollo económico en el país del Nilo. El 6 de octubre de 1981 Anuar
el-Sadat será asesinado por militares pertenecientes a la Hermandad Musulmana
que consideraban este tratado de paz una traición al Islam y al mundo árabe. El
Reino hachemita de Jordania e Israel firmarán el Tratado de Paz el 26 de
octubre de 1994, lo que también será considerado árabe por los islamistas como
una traición al Islam y al mundo árabe.
El objetivo del panarabismo
nacional-socialista populista de mejorar las condiciones de vida de las masas
árabes, de aniquilar Israel, y de llevar la nación árabe a la cima del prestigio
mundial fracasará rotundamente en todos sus objetivos. En la sociedad árabe
aumentará la endémica y profunda corrupción, la ineficacia de sus políticos,
dirigentes y cuadros. La ausencia de iniciativa y de autocrítica en el mundo
árabe, la persistente y tradicional falta de libertad, el caudillismo [la
obediencia ciega al jefe y caudillo], la escasísima producción cultural e
intelectual, la denigrante situación de la mujer, las enormes diferencias
sociales y económicas, la gran desigualdad económica y la extrema pobreza de
grandes sectores de población, a pesar de los abundantes recursos económicos
procedentes del petróleo y gas en muchos de estos estados no sólo no serán
mejoradas, sino que muchas veces empeorarán, serán justificados por los nacionalistas
panarabistas, como por los islamistas, por el lamento continúo y el constante y
permanente abusivo recurso al chivo expiatorio de Israel, como el causante de
todos los males y fracasos en todos los ámbitos de la vida que acechan a la
sociedad árabe. Las derrotas en los conflictos bélicos contra el estado judío,
Israel, y el profundo retraso de la sociedad árabe han desprestigiado ante la
mayoría de árabes al nacional-socialismo panarabista y sus dictaduras, aliadas
–en diverso grado- del mundo occidental.
2. La ordenada religiosa. El eje cartesiano
del islamismo
En el mundo árabe, la ordenada cartesiana
sólo se desplaza por el islamismo, sin alcanzar el laicismo y mucho menos el
ateísmo. Obviamente exceptuando las minorías religiosas cristiana y la muy
reducida judía, del mundo árabe. Pero ¿por qué no llega se llega al laicismo, y
mucho menos al ateísmo? Friedrich Engels en Sobre los orígenes del cristianismo
escribía: La historia del cristianismo primitivo ofrece curiosos puntos de
contacto con el movimiento obrero moderno. Como éste, el cristianismo era en su
origen el movimiento de los oprimidos: apareció primero como la religión de los
esclavos y los libertos, de los pobres y los hombres privados de derechos, de
los pueblos sometidos o dispersados por Roma. Ambos, el cristianismo y el
socialismo obrero predican una próxima liberación de la servidumbre y la
miseria; el cristianismo traslada esta liberación al más allá, a una vida
después de la muerte, en el cielo; el socialismo la sitúa en este mundo, en una
transformación de la sociedad. Ambos son perseguidos y acosados, sus seguidores
son proscritos y sometidos a leyes de excepción, unos como enemigos del género
humano, los otros como enemigos del gobierno, la religión, la familia, el orden
social. Y a pesar de todas las persecuciones e incluso directamente favorecidos
por ellas, uno y otro se abren camino victoriosa, irresistiblemente. Tres
siglos después de su aparición, el cristianismo es reconocido como la religión
de Estado del Imperio romano: en menos de sesenta años, el socialismo ha
conquistado una posición tal que su triunfo definitivo está absolutamente
asegurado. El paralelo entre los dos fenómenos históricos atrae nuestra
atención ya desde la Edad Media, en los primeros levantamientos de los
campesinos oprimidos y particularmente de los plebeyos de las ciudades. Estos
levantamientos, como todos los movimientos de masas de la Edad Media, estaban
obligados a llevar la máscara de la religión y aparecieron como la restauración
del cristianismo primitivo para salvarlo de la difusión de la degeneración. Una
peculiar antítesis de esto fueron los levantamientos religiosos del mundo
musulmán, en especial en el África. El Islam es una religión adaptada a los
orientales, en particular a los árabes, es decir, por una parte a los hombres
de las ciudades dedicados al comercio y la industria, por la otra a los
beduinos nómadas. Pero hay en él el embrión de una colisión que reaparece en
forma periódica. Los habitantes de las ciudades se enriquecen, viven en el lujo
y no se esmeran en la observancia de la “ley”. Los beduinos, pobres y por lo
tanto de estricta moralidad, contemplan con envidia y codicia estas riquezas y
placeres. Luego se unen bajo un profeta, un mehedi, para castigar a los
apóstatas y restablecer la observancia del ritual y de la fe verdadera, y para
apropiarse, en recompensa, de los tesoros de los renegados. Al cabo de cien
años, como es natural, se encuentran en la misma posición de los renegados de
antes: surge la necesidad de una nueva purificación de la fe, aparece un nuevo
mehedi y el juego recomienza otra vez. Esto fue lo que sucedió desde las
campañas de conquista de los almorávides africanos y los almohades de España
hasta el último mehedi de Jartún, que con tanto éxito contuvo a los ingleses.
Lo mismo, o algo similar, sucedió con los levantamientos en Persia y otros
países musulmanes. Todos estos movimientos estaban revestidos del ropaje de la
religión, pero tenían su fuente en causas económicas. Pero cuando triunfan
permiten que las antiguas condiciones económicas se mantengan intactas. De
manera que la situación anterior se conserva inmutable y la colisión se repite
en forma periódica. En los levantamientos populares del Occidente cristiano, el
disfraz religioso es sólo una bandera y una máscara para los ataques contra un
orden económico que se torna anticuado. Este es finalmente derribado, surge uno
nuevo y el mundo progresa.
No es por casualidad que no exista ni un
solo país árabe democrático. El substrato ideológico que subyace en la sociedad
árabe es el Islam, y este no permite la separación entre religión y política.
El Islam no diferencia entre Religión y Estado. Religión y política en el Islam
es un todo continuo, un mismo corpus.
La represión llevada por las diversas
dictaduras árabes contra las escasas fuerzas democráticas ha eliminado
cualquier disidencia que no sea la religiosa, ya que es el substrato que
cohesiona la sociedad y cementa toda relación humana. La consecuencia,
comprobada desde la Revolución Francesa, y aún más desde la Revolución Rusa, es
que en situaciones pre-revolucionarias o de caos, los más organizados y
sanguinarios [Robespierre, Stalin] se imponen finalmente, y el islamismo es la
única estructura política organizada en el mundo árabe fuera del aparato militar-estatal.
Demográficamente la mayoría de la población
de los países del norte de África y de los países musulmanes en conflicto
religioso (Siría, Irak, Afganistán, etc) son jóvenes menores de 30 años. El
futuro de todo país es de los jóvenes y está en manos de la juventud. La
generación joven no está contrarrestada por una de mayor edad. La abundante
riqueza generada por el petróleo y gas de la zona no ha revertido en beneficio
de la mayoría de la población, sino que ha ido a parar a manos de las “elites”
del poder, parásitas e incompetentes, que repiten hasta el hastío discursos
nacionalistas y panarabistas. Muchísimos sueñan con emigrar a una Europa,
admirada y odiada simultáneamente, una Europa “infiel” que hasta hace pocas
décadas fue colonizadora del mundo árabe, y que es percibida como un nuevo
paraíso. El discurso islamista presenta a los gobernantes de las diversas
dictaduras árabes como instrumentos del “neocolonialismo” cristiano europeo, y
promete repartir el botín de la riqueza de Europa a sus fieles. Corán 4:94: Alá
ofrece abundantes ocasiones de obtener botín. Corán 48:15: Cuando os pongáis en
marcha para apoderaros de botín,… Corán 48:18-20: Alá ha estado satisfecho de
los creyentes cuando éstos te han jurado fidelidad al pie del árbol Él sabía lo
que sus corazones encerraban e hizo descender sobre ellos la sakina,
prometiéndoles, como recompensa, un éxito cercano y mucho botín, del que se
apoderarán. Alá es poderoso, sabio. Alá os ha prometido mucho botín, del que os
apoderaréis. Os ha acelerado éste y ha retirado de vosotros las manos de la
gente, a fin de que sea signo para los creyentes y de dirigiros por una vía
recta.
El nacionalismo, -desde el feudal hasta el
panarabismo- está caduco, y el irredentismo panislamista gana gradualmente más adeptos
por prometer en esta tierra el reparto del saqueo de las riquezas de las clases
dirigentes árabes y de los infieles occidentales, considerados culpables,
juntamente con Israel, de todos los males de la sociedad árabe. Exhausto
ideológicamente el nacionalismo árabe, el islamismo es percibido por grandes
sectores de las masas árabes y musulmanas, como el único capaz de cambiar la
situación. Los jóvenes islamistas creen con absoluto convencimiento y fe que no
tienen nada que perder en el combate, ya que si pierden la vida aquí por Alá,
gozarán en el más allá abundante y desmesuradamente de los placeres que les han
sido vetados aquí por los “infieles” que “se han aliado con los dictadores
árabes”.
Las organizaciones islamistas, como la
Hermandad Musulmana, tienen una sección solidaria y benefactora con los más
necesitados, que contrasta con la actitud de los gobernantes panarabistas
nacional-socialistas. La consideración mayoritaria del mundo árabe es que los
islamistas son menos corruptos y más solidarios que los líderes actuales. Así
como el comunismo se presentaba ante “la masa de proletarios y desheredados de
la tierra” como un acelerador de procesos históricos, económicos y sociales,
tanto individuales como colectivos, que permitiría avanzar velozmente a
sociedades pobres, atrasadas y con enormes desigualdades hacia una mejoría de
las condiciones de vida, igualdad y solidaridad; el islamismo es percibido por
una población acrítica que idealiza y reinventa un pasado imperial
islámico-árabe de esplendor y hegemonía mundial como el factor desencadenante
de la supremacía final del mundo árabe-musulmán sobre el resto de la humanidad.
El irredentismo islámico, la pretensión de
anexionarse los territorios que fueron en un tiempo ocupados por el Islam, como
Israel o España, atrae y fascina a grandes sectores musulmanes, que ven la
bandera de la yihad como la única oportunidad de superar su situación personal
y colectiva. Los islamistas levantan obsesivamente la bandera anti Israel, como
factor aglutinador de la sociedad árabe-musulmana, y prometen romper relaciones
con Israel; y son conscientes de que en situación de conflicto permanente, las
masas árabes se unirán más a sus dirigentes islamistas.
El rechazo a reconocer a Jerusalén como
capital de Israel, la nación judía, es percibido por el nacionalismo
panarabista y el islamismo como parte importantísima de la guerra contra Israel
y Occidente. A ellos se suman los antisemitas europeos, nostálgicos de las
persecuciones contra los judíos, muchos de ellos con ropaje extrema
izquierdista, otros de “progresista” y otros de defensores de los débiles, se
unen a los salafistas y yihadistas en su guerra contra Israel, desde el BDS
(Boicot, Desinversiones y Sanciones) al apoyo económico e ideológico de Hamás y
Al-Fatah.
A todos ellos les une el antisionismo,
versión moderna del antisemitismo, el odio a la alteridad y a la diferencia y
son totalmente indiferentes a los crímenes que las organizaciones y países
islamistas cometen contra sus propias poblaciones y también contra los mismos
árabes mal llamados “palestinos”.
Por qué los panarabistas y los islamistas rechazan Jerusalén como capital de Israel.
12/Dic/2017
Religión en Libertad, Por Eduard Yitzhak