Ola revolucionaria hace crecer al Islam

04/Abr/2011

El País

Ola revolucionaria hace crecer al Islam

3-4-2011 El mundo árabe en llamas. Grupos extremistas buscan beneficiarse de la sublevación Temen que asciendan movimientos antidemocráticos que defiendan la jihad (guerra santa) y maltratan a mujeres | El mundo árabe en llamas. Hermandad Musulmana de Egipto cuenta con la simpatía de movimientos como Hamas OTAN alertó la presencia de miembros de Al Qaeda y Hezbolá entre los rebeldes libios
THE ECONOMIST
La imagen de viejos y corruptos tiranos árabes derrocados a instancias de una nueva generación de jóvenes idealistas, inspirados por la democracia y unidos por Facebook, ha emocionado a los observadores en todas partes.
Esas revoluciones todavía están en pleno desarrollo, aunque en diferentes puntos del ciclo. En Túnez y Egipto se encaminan en la dirección correcta al prevalecer un espíritu nuevo con elecciones libres en perspectiva. Los dictadores de Libia, Siria y Yemen se aferran al poder, con variados grados de éxito. Y, las monarquías del Golfo Pérsico luchan para frenar las demandas para que haya democracia, con generosidad financiada por el petróleo con el agregado de concesiones políticas renuentes.
Hasta ahora, estas revueltas han aparentado tener características, en gran medida, seculares. Los occidentales se han sentido aliviados en privado por ello. No es que estén contra la religión. Muchos -los estadounidenses en particular- son devotos. Pero, en general, prefieren su propia variedad a la de otros y, desde el 11 de septiembre de 2001, han estado especialmente nerviosos por el Islam.
Sin embargo, ahora, hay signos de que el Islam es una fuerza creciente en las revoluciones árabes. Eso provoca mareos a las personas con pensamiento secular y liberal, tanto árabes como occidentales. Temen que el despertar árabe pueda ser secuestrado por el tipo de islamistas que rechazan la versión pluralista de la democracia, oprimen a las mujeres y enarbolan la bandera de la jihad (guerra santa islamista) contra los cristianos y los judíos. Les preocupa que una militancia asesina que ha matado a más de 30.000 personas en los últimos cuatro años en Pakistán, también pueda surgir en el mundo árabe.
En Libia, el Consejo Nacional de transición va ganando lentamente el reconocimiento como un gobierno en vías de asumir. Y es una mezcla de liberales seculares e islamistas. Hay veteranos jihadistas de Irak y Afganistán entre los rebeldes, aunque no en gran número. Un general estadounidense detectó destellos de Al Qaeda entre los enemigos del coronel que son ayudados por Occidente, lo que suscita recuerdos incómodos de la alianza de Estados Unidos contra los rusos con los mujaidines de Afganistán, antes de que se convirtieran en Al Qaeda y el Talibán.
La Hermandad Musulmana, que tiene ramas a lo largo de la región, es el movimiento de oposición mejor dirigido en Libia y Egipto. El referéndum realizado hace dos semanas en Egipto tuvo el resultado que quería la Hermandad. Sus miembros sufrieron durante años a manos de los regímenes respaldados por Occidente, como fue el caso del de Hosni Mubarak, y de los seculares antioccidentales, como el de Bashar al Asad, ahora bajo presión extrema en Siria. En Túnez, los islamistas, que anteriormente estaban vedados, parecen bien ubicados. En conjunto, estas hermandades han hecho el máximo esfuerzo para dar seguridad a Occidente que, en la actualidad, rechazan la violencia en la búsqueda de sus objetivos, creen en la democracia multipartidaria, auspician los derechos de las mujeres y se abstendrían de imponer en pleno la ley de la sharia, para el caso de que formaran un gobierno en alguno de los países donde están resurgiendo como partidos legales.
De cualquier manera, la Hermandad pone nerviosa a mucha gente. En un extremo del amplio panorama ideológico que cubren, no están muy alejados de los jihadistas, muchos de los cuales comenzaron en filas de la Hermandad. Hamas, el principal grupo extremista palestino, un producto de la Hermandad, se ha deleitado con la caída de Mubarak. En el pasado, ha realizado acciones con comandos suicidas en Israel y se niega a reconocer al Estado judío. Algunos liberales dicen que los islamistas más extremistas aprovechan el impulso moderado de la Hermandad. En el torrente de liberación de prisioneros, salieron cientos, o miles, de jihadistas egipcios.
INQUIETANTE. Los combatientes islamistas de Darna, una ciudad costera de Libia, situada al noroeste de Bengasi, que se formaron a mediados de los años `90 y que durante cinco años libraron una guerra de guerrillas, ahora son parte integral de la ola de protesta y revuelta que se ha extendido a lo largo del mundo árabe. Movimientos que comenzaron logrando su fuerza y adherentes, a partir de demandas seculares -por dignidad personal y libertad política-, con el tiempo han adoptado un tinte más religioso y sectario. Así como las protestas han dado poder a la clase media, también han liberado el potencial del islamismo, una corriente multifacética, de amplio espectro, que fluye en profundidad a lo largo de la región, aunque durante décadas fue reprimida y manipulada por la mayoría de los regímenes árabes. Algunas de sus manifestaciones, como en Darna, resultan sorprendentes. La liberación de miles de presos políticos islamistas ha cerrado un capítulo lóbrego de los derechos humanos en Túnez y Egipto. Bandas como el Grupo Combatiente Islámico Libio y Jamaat Islamiya, de Egipto, que en ambos casos libraron campañas de terror en las década de los `90, y estaban en el extremo radical, ahora han descubierto un nuevo interés por la política pacífica y explican que en el pasado la violencia era la única respuesta a la represión. El Grupo y su politburó de 12 miembros han jurado fidelidad al Consejo Nacional, en Bengasi.
Islamistas más apacibles, incluyendo la poderosa Hermandad Musulmana y asociados de similar pensamiento en otros países, ahora consideran que las mayores libertades son estimulantes, pero también desafiantes. Al haber perdido el confort de posar como opositores nobles de regímenes odiados, ahora deben incursionar en política, proponer planes concretos y aceptar la diversidad en sus propias filas.
Pero también hay expresiones más preocupantes del ascenso islamista. Basta preguntarle a Anwar Mitri, un administrador de escuelas, de 45 años, en la provincia egipcia de Quena. El 20 marzo, autodesignados vigilantes en su poblado lo arrestaron, lo «juzgaron» y le cortaron la oreja derecha. Dijeron que era el castigo por haber alquilado un apartamento a una mujer que, según ellos, era una prostituta, y porque supuestamente tuvo relaciones sexuales con ella. Mitri dijo que sus agresores le dijeron que «nazarenos» como él, que es integrante de la minoría de 8% a 10% de coptos en Egipto, ya no eran protegidos por la Dirección de Investigaciones de Seguridad del Estado, una temida rama de la policía que ha sido neutralizada, en gran medida, desde la caída de Mubarak.
Ataques similares en otras zonas rurales de Egipto tuvieron como blanco comercios que venden bebidas alcohólicas, supuestos prostíbulos y en un caso mortal, a un agricultor musulmán acusado de apostasía.
REPRESIÓN. Los matices sectarios fueron explotados por los religiosos radicales, así como por los gobiernos, en Bahréin, Siria y Arabia Saudita. La familia sunita gobernante de Bahréin, durante años, de manera reservada, ha alimentados los temores sunitas de que la mayoría chiíta del 70 % en el reino, es manipulada por agentes de una «superpotencia» chiíta, Irán. Las protestas a favor de la democracia fueron aplastadas, comenzaron con planteos seculares de reforma, aunque bajo la presión de una violenta represión, resultó inevitable que tomaran un giro más sectario.
De manera similar, las manifestaciones en la ciudad siria de Deraa estallaron para protestar contra el encarcelamiento de menores que habían pintados grafitis. Esto amplió un ciclo de represión violenta y nuevas manifestaciones, con decenas de personas muertas por el fuego policial, lo que hizo extender la ira entre los sunitas. Forman dos tercios de la población de Siria y tradicionalmente se han irritado ante el dominio, durante los 40 años de régimen de la familia Al Asad, de los alawitas, un producto del Islam chiíta, cuyos adherentes son el 6% de los sirios.
La oposición más amplia, que sufre por el legado de dura represión del Estado y de divisiones internas en facciones, ha luchado por contener los impulsos sectarios. Pero, el régimen de Bashar Al Assad ha sido rápido en explotar el nerviosismo por las diferencias religiosas, para asegurar la anuencia a la continuación de su régimen. Al haber sido testigos de la sangre derramada en los vecinos Irak y Líbano, hasta muchos de los detractores de Al Assad todavía parecen dispuestas a aceptar libertades limitadas a cambio de paz social.
Los extremistas islamistas no solo parecen envalentonados en los países proclives al sectarismo. La última edición de Inspirar, una revista online jihadista que declara ser el vocero en inglés de Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP), la franquicia con base en Yemen del grupo global de Osama bin Laden, proclama el fervor revolucionario árabe como una oportunidad de oro. «Las revoluciones que estremecen los tronos de los dictadores son buenas para los musulmanes, buenas para los mujaidines y malas para los imperialistas y sus verdugos en el mundo musulmán», declaró el editorial principal, el 29 de marzo.
Ese entusiasmo todavía no se reflejó en un ascenso de la influencia de los grupos de combatientes de la jihad, que haya podido ser detectado. De cualquier manera, la creciente anarquía en Yemen, donde la oposición al régimen de Ali Abdullah Saleh reúne a una pesada y amplia alianza, redujo de manera aguda la presión de las fuerzas de seguridad sobre AQAP. (Su audaz asalto a una fábrica de municiones en la provincia sureña de Abyan, promovió una explosión subsiguiente, el 28 de marzo, que mató a 150 personas). Pero, preocupa a las potencias que intervienen en Libia. La zona oriental, que es un baluarte de los rebeldes contrarios a Gadafi, es un punto de ebullición de la militancia islamista desde hace años.
DIVERGENCIAS. El comandante supremo aliado de OTAN para Europa, almirante James Stavridis, dijo a senadores estadounidenses, en fecha reciente, que «destellos» de información de inteligencia sugieren la presencia de Al Qaeda y Hezbolá, el grupo guerrillero chiíta libanés, entre la oposición libia. Pero, también dijo que su liderazgo parece estar compuesto de «hombres y mujeres responsables». Los observadores no están impresionados porque la oposición sea competente, aunque coinciden en que los elementos radicales parecen ser una pequeña minoría. Por ahora, su ira parece dirigida contra Gadafi y su régimen y su meta declarada es crear un estado pluralista y democrático.
Los temores, expresados a viva voz en columnas de opinión en Israel, que tuvieron eco en los conservadores más hacia Occidente, de que la democratización árabe podría ser un Caballo de Troya del Islam radical, muchas veces no toman en cuenta otro factor. Si bien el destino de un futuro Estado palestino todavía une a los islamistas de todos los colores, en cambio, parecen divididos sobre casi todo lo demás. Por ejemplo, algunos continúan denunciando la intervención occidental en Libia como una cruzada imperialista, pese al hecho de que fue seguida de invitaciones de la Liga Árabe y la Organización de la Conferencia Islamista, el principal cuerpo panislamista del mundo.
Los jóvenes conectados con el mundo resisten la teocracia
El Islam está destinado a jugar un papel mayor en los gobierno del mundo árabe que en otras partes. La mayoría de los musulmanes no cree en la separación de la religión y el Estado, como ocurre en Estados Unidos, Francia y otros países, y no han perdido su entusiasmo por la religión, contrariamente a lo que ocurre con muchos cristianodemócratas en Europa. Las democracias musulmanas como Turquía, Malasia e Indonesia, tienen grandes partidos islámicos.
Pero, islámico no significa islamista. La red terrorista del hombre más buscado del mundo, Osama Bin Laden, Al Qaeda, ha perdido terreno en el corazón y mente de los árabes en los últimos años.
Los jihadistas son una pequeña minoría, ampliamente odiada por otros más apacibles compañeros de religión, no en menor medida porque han dado al Islam una mala imagen a lo largo del mundo. Las batallas ideológicas entre los moderados y extremistas dentro del Islam son tan fieras como la animosidad que enfrenta a los fundamentalistas musulmanes, cristianos y judíos entre sí.
Los árabes más jóvenes, en gran medida responsables de las sublevaciones, están mejor conectados y en sintonía con el resto del mundo moderno, que lo estuvieron sus antecesores conservadores.
Algunos países musulmanes están en camino a la democracia o ya llegaron allí. A algunos les va bien. Entre los países árabes, Líbano, con su profusión de religiones y sectas, tiene un tipo de democracia desde hace tiempo, aunque renguea debido a las cuotas sectarias y una milicia armada, Hezbolá. Al menos, Irak ha elegido un parlamento multipartidario genuino.
Fuera del mundo árabe, en Turquía, Malasia e Indonesia, el Islam y la democracia cohabitan de manera bastante confortable. Muchos musulmanes devotos entre los manifestantes árabes, incluyendo a miembros de la Hermandad Musulmana, mencionan a Turquía como un modelo. Su apacible gobierno islámico, muestra signos preocupantes de autoritarismo en estos días, pero sirve a su pueblo mucho mejor que lo hicieron los generales en tiempos pasados.
Irán, que en otros tiempos tuvo tanta influencia, no es mencionado como un modelo: la teocracia no resulta atractiva a los más jóvenes en las calles árabes. Y la beligerancia del presidente Mahmud Ahmadinejad, acompañado de su programa nuclear que él asegura es con fines pacíficos, causa temor en Occidente.
De cualquier manera, los países musulmanes pueden hacer opciones, ante las cuales Occidente no se sienta a gusto. Pero, quienes son proclives a preocuparse, deben recordar que ninguna alternativa servirá a sus intereses, menos aún los de los árabes, a la larga. Los viejos autócratas privaron a sus pueblos de libertad y oportunidades, en tanto la estabilidad que prometieron, ahora resulta claro que no podía perdurar. La guerra civil de Argelia, en los `90, permanece como una advertencia respecto de privar a los islamistas del poder que ganaron con todo derecho.
El Islam nunca encontrará un lugar en el mundo moderno y democrático hasta que los musulmanes puedan asumir la responsabilidad por sus propias vidas. Muchos millones más tienen la oportunidad de hacerlo. Es un motivo más de celebración que de preocupación. The Economist