El judeoespañol tendrá su academia para preservar una lengua en retirada.

04/Ago/2017

La Razón, España

El judeoespañol tendrá su academia para preservar una lengua en retirada.

Es «muy factible» que en 2018 se
sume a las 23 academias de la lengua española que hay en el mundo una
judeoespañola para seguir «preservando» el idioma que hablan los
descendientes de los judíos expulsados de España en 1492, según el director de
la Real Academia Española (RAE), Darío Villanueva.
En 1492, las comunidades judías descendientes
de hebreos fueron expulsadas por los Reyes Católicos y en su diáspora se
llevaron con ellos la forma en la que se hablaba en España. Durante cinco
siglos, el lenguaje arcaico que utilizaban los exiliados, conocidos desde
entonces como sefardíes, ha pasado de generación en generación pero ahora está
en franca retirada.
«La lengua no está viviendo una etapa de
crecimiento sino más bien lo contrario. En la época más boyante había no solo
literatura, traducciones o folclore, sino periódicos y teatro. Ahora las cosas
no van tan bien. Se está perdiendo bastante esa tradición», asegura a EFE
Villanueva.
Su intención al promocionar la creación de la
Academia no es la de «transformar el judeoespañol en el español del siglo
XXI sino preservarlo tal y como ha sido», dotado de «una peculiaridad
histórica muy marcada», subraya.
La RAE nombró a finales de 2015 a diez
académicos correspondientes -distintos de los de número- especialistas en
judeoespañol, también llamado sefardí o ladino, aunque prefiere la primera
denominación porque ladino engloba todas las expresiones romanceadas de otros
idiomas.
Ocho de ellos viven en Israel y otras dos en
Suiza e Italia, a los que se suman una especialista en esa lengua en el CSIC,
«con lo que, de facto, serían once», precisa.
La importancia de que ocho residan en Israel
es que en el siglo XIX la RAE estableció un procedimiento para la creación de
academias correspondientes de la española consistente en que primero la RAE
nombraba correspondientes de un país y cuando se alcanzaba un número podían
solicitar de la RAE el reconocimiento de una Academia.
«Consideramos muy factible la creación de
una vigésimo cuarta Academia porque hay un suficiente número para que se
reúnan, establezcan sus estatutos, la RAE los apruebe y se constituya».
Ya han entrado en contacto con la autoridad
nacional del Ladino en Israel, que han viajado a Madrid para entrevistarse con
él; «están muy interesados en promover la creación de la Academia»,
asegura.
«Estamos avanzando muy ágilmente.
Queremos organizar a principios del año próximo una reunión con ellos más los
representantes del ladino y de ahí podría salir ya un cronograma de los pasos
siguientes. El último paso, una vez constituida la Academia, sería su
integración en la ASALE», es decir, la Asociación de Academias de la
Lengua Española, que preside Villanueva.
El primer país que lo hizo así fue Colombia
(1871) y la última que se ha creado es la de Guinea Ecuatorial (2016).
Con la incorporación de la Academia del
judeoespañol «se cerraría el círculo de todo el espectro de los países
donde se habla español», afirma.
En el caso del judeoespañol, indica, hay
«peculiaridades evidentes»: es el español que se hablaba en el tiempo
de la expulsión de los judíos, es decir un castellano más cerca del modo de
hablar medieval que del español actual porque el idioma sufrió una modificación
muy importante a partir del 1500.
Los judíos expulsados de España, que se
asentaron en distintos lugares de Europa, norte de África y Latinoamérica,
«trufaron» luego su léxico con palabras de los distintos países donde
residieron y residen, es decir, turcas, eslavas, árabe, alemanas…
«En cada lugar donde ser arraigó
mantuvieron la base del castellano, pero fue muy porosa en relación a otros
idiomas», detalla.
Según datos del académico correspondiente
Shmuel Refael, director del Salti Centre para Estudios del Ladino en la
Universidad de Bar-Ilan, alrededor de 400.000 personas en Israel tienen
conocimiento de esa lengua.
«Desde la creación del estado de Israel
hay un gran número de sefardíes que viven allí, pero no tienen un censo de cuántos
hay en el mundo», según Villanueva.
La preservación de la lengua que han hecho las
comunidades sefardíes, que en 1990 recibieron el Premio Príncipe de Asturias de
la Concordia, es un fenómeno «prodigioso» y «muy
emocionante» porque, ha añadido, quien se ha encontrado con un sefardí ha
comprobado que «se puede entender» con él y que ha triunfado sobre el
amargo hecho histórico «un elemento de fraternidad».